En los últimos tiempos, las bodegas argentinas fueron agregando su propia versión de espumante a su portfolio de vinos.
Entre sus razones se encuentran las siguientes:
-Es sencillo elaborarlo una vez producido el vino de base.
-La desestacionalización de la bebida, adquirida en los últimos años.
-La necesidad de no quedarse detrás de los competidores.
En cuanto a la desestacionalización, las marcas trabajaron para lograr que el espumante sea consumido no sólo en eventos especiales o en las fiestas de fin de año. Para ello, se instaló la coctelería con esta bebida. “Ya hay varios bartenders que los incluyen como base para sus cócteles”, señaló Fernando Gouiran, director de Comunicaciones de Moett Hennessy, bodega que comercializa Chandon en la Argentina. Y agregó que “hace diez años, 80% del volumen se consumía en las fiestas de fin de año, mientras que ahora es más repartido en todos los meses”; esto es debido a la gran inversión en marketing que se hace durante todo el año.
Federico Ruiz, embajador de la marca Nieto Senetiner, explicó: “Hay mucha capacidad instalada, porque algunas empresas de marcas no conocidas vieron una veta de negocio e instalaron plantas aptas. Hay firmas que le hacen la fermentación y el envasado a 15 bodegas distintas. Además, el proceso de la elaboración es relativamente sencillo, y después les sirve como complemento de su portfolio”.