Por Agroempresario.com
La actual campaña agrícola en la región núcleo comenzó con buenas reservas hídricas, gracias a lluvias oportunas en septiembre. Sin embargo, la disminución de precipitaciones desde diciembre está afectando significativamente el rendimiento de los cultivos, en especial del maíz temprano.
Según la doctora María Elena Otegui, investigadora del CONICET en el INTA Pergamino, "los maíces tempranos ya presentan signos de estrés severo, con una caída del 30% en los rindes y en algunos casos, pérdidas aún mayores". Esta situación complica la planificación productiva de los agricultores, quienes habían priorizado la siembra temprana para evitar problemas fitosanitarios como el ataque de la "chicharrita".

El maíz tardío se perfila como una alternativa más resiliente, ya que su período crítico de desarrollo coincide con las lluvias de mediados de verano. Sin embargo, su adopción es limitada por factores logísticos y económicos, como la postergación de la cosecha hasta agosto y el riesgo de deterioro del grano.
En el corredor Pergamino-Ramallo, la siembra tardía históricamente ha demostrado ser más estable, con menores pérdidas interanuales. La planificación y la adaptación a las condiciones climáticas serán claves para mitigar los efectos de la sequía en esta campaña.
