Por Agroempresario.com
Al recorrer el interior del país, cada vez es más común observar molinos eólicos en los campos. Estas imponentes estructuras, que pueden alcanzar los 120 metros de altura, forman parte de una revolución energética que transforma el paisaje y la economía rural. Para los productores, representa una oportunidad única de obtener ingresos pasivos sin necesidad de inversiones ni gestión adicional.
En distintas regiones del país, las condiciones climáticas favorecen la generación de energía eólica. Tal es el caso de la zona serrana entre Azul y Tandil, donde Fernando Rojas Panelo, ingeniero agrónomo y productor agropecuario, ha incorporado aerogeneradores en su establecimiento.
"Tengo 400 hectáreas propias y 450 hectáreas en sociedad con mi hermana y mi cuñado. La topografía del terreno impide una explotación agrícola total, pero el viento constante lo hace ideal para la energía eólica", explica Rojas Panelo.
El productor combina la ganadería con la agricultura en las zonas más aptas, con cultivos de trigo, cebada, maíz, girasol y soja. Sin embargo, el potencial eólico despertó su interés y lo llevó a considerar una alternativa innovadora.
El proceso de instalación de un parque eólico es extenso y riguroso. Empresas especializadas identifican las zonas con mejores vientos, cercanas a líneas de alta tensión y con disponibilidad de mano de obra para la construcción y mantenimiento.
"En nuestro caso, una firma uruguaya realizó los estudios de viento durante dos años. Una vez confirmado el potencial, vendieron el proyecto a una empresa que financió la instalación", comenta el productor.
Los molinos eólicos operan en rangos de viento de entre 12 y 80 km/h, con un rendimiento óptimo alrededor de los 40-45 km/h. La electricidad generada se inyecta directamente a la red de alta tensión, sin interferir en el consumo del productor.
Cada aerogenerador ocupa una hectárea de terreno, aunque no requiere alambrados y permite el pastoreo del ganado. La distancia entre molinos varía según las condiciones del viento, con un mínimo de 300 metros y un máximo de 1000.
"El ingreso generado es equivalente a un arrendamiento agrícola un 30% a 50% superior, sin gastos ni atención de nuestra parte. Es un negocio estable a 30 años, con la seguridad de un contrato firmado", asegura Rojas Panelo.
En caso de venta del campo, el nuevo dueño debe respetar el contrato vigente. Si la empresa decide retirar los molinos, el propietario recibe un resarcimiento económico.
Los contratos para la instalación de aerogeneradores suelen basarse en la figura del usufructo del terreno ocupado. Según el Código Civil y Comercial, esto permite el uso del suelo sin alterar su sustancia. También se emplea el derecho de superficie, que otorga la posibilidad de construir y explotar la infraestructura instalada.
"Es fundamental que el productor consulte con un abogado antes de firmar. Son contratos a largo plazo y deben contemplar todas las condiciones", advierte el especialista en derecho energético Héctor Pozo Gowland.
A diferencia de las torres de alta tensión, cuya instalación es obligatoria por ley, los parques eólicos dependen de la voluntad del productor. Este puede aceptar o rechazar la propuesta sin consecuencias legales.
El desarrollo de la energía eólica en Argentina ofrece oportunidades económicas y ambientales. Para el productor agropecuario, representa una fuente de ingresos pasiva y segura, sin riesgos ni inversión propia.
Si bien el impacto visual y sonoro pueden ser factores a considerar, los beneficios económicos suelen pesar más en la decisión final. "El ruido es similar al de un mar en movimiento o un avión a lo lejos, dependiendo del viento", explica Pozo Gowland.
En definitiva, los molinos eólicos son una alternativa sustentable y rentable, con contratos a largo plazo que garantizan estabilidad financiera para los productores. Con el crecimiento del sector energético renovable, su presencia en el paisaje rural argentino seguirá en aumento.