Por Agroempresario.com
La icónica cadena de moda rápida, Forever 21, ha solicitado la bancarrota por segunda vez en menos de una década, esta vez debido a la feroz competencia de marcas extranjeras y a la disminución del tráfico en centros comerciales. A pesar de la solicitud de protección bajo el Capítulo 11, la empresa mantendrá su sitio web y algunas operaciones en Estados Unidos mientras explora la posibilidad de vender sus activos. Sin embargo, sus tiendas físicas comenzarán a liquidar inventarios de manera inminente.
El declive de Forever 21 no es algo nuevo. En 2019, la compañía ya había pasado por un proceso similar, cerrando más de 100 tiendas en Estados Unidos y en otros países, lo que marcó el comienzo de una serie de intentos por recuperar su rentabilidad. A pesar de un intento de revitalización con la compra de la marca por parte de Authentic Brands Group y Simon Property Group en 2020, el resurgimiento de la empresa nunca fue el esperado. A lo largo de los años, la marca se vio atrapada en una estrategia anticuada que ya no satisfacía las nuevas demandas del mercado de consumo.
Según los documentos judiciales presentados ante el Tribunal de Quiebras del Distrito de Delaware, la competencia de plataformas como Shein y Temu, que venden ropa directamente desde fábricas en Asia y aprovechan la exención fiscal de minimis, fue un factor crucial que contribuyó a la crisis de la marca. Este beneficio impositivo ha permitido que los minoristas extranjeros ofrezcan productos a precios más bajos que Forever 21, cuyos costos operativos son mucho mayores debido a los impuestos y aranceles sobre los productos almacenados en el país.
Brad Sell, director financiero de F21 OpCo, señaló que las empresas extranjeras han logrado reducir los precios de manera significativa gracias a estas ventajas fiscales, lo que ha puesto a la marca estadounidense en una posición vulnerable. "Las empresas extranjeras han utilizado esta exención para socavar nuestros precios y márgenes", expresó Sell, quien también mencionó la creciente inflación y los costos operativos como factores adicionales que han complicado la recuperación de la marca.

La situación de Forever 21 también se ha visto afectada por la caída de los centros comerciales, un fenómeno que comenzó a gestarse a principios de la década de 2010 y que se aceleró durante la pandemia de COVID-19. El modelo de negocio de la empresa dependía en gran medida de las tiendas físicas en centros comerciales, pero el auge del comercio electrónico y el cambio en los hábitos de consumo de los clientes llevaron a una disminución drástica en el tráfico de estos lugares.
De hecho, el auge de las compras en línea permitió que otras marcas, como H&M y Zara, pudieran adaptarse más rápidamente al entorno digital, mientras que Forever 21 se quedó atrás al no invertir en el desarrollo de una sólida estrategia de ventas online. A medida que la preferencia de los consumidores por las compras a través de internet creció, las tiendas físicas de Forever 21 se fueron convirtiendo en una carga económica, un problema que la empresa nunca logró resolver de manera eficaz.
Neil Saunders, analista de GlobalData, afirmó que “Forever 21 fue siempre un minorista viviendo con el tiempo en su contra”. La marca llegó a tener más de 800 tiendas en todo el mundo, pero gran parte de esa expansión ocurrió en una era donde los consumidores comenzaban a alejarse de los centros comerciales y a buscar productos a través de canales digitales.
Una de las principales amenazas que enfrentó Forever 21 fue el ascenso meteórico de plataformas de moda rápida como Shein y Temu, que han logrado captar una enorme cuota de mercado gracias a sus precios bajos y su capacidad de adaptarse rápidamente a las tendencias. Estas plataformas han logrado sortear las barreras impositivas que enfrentan los minoristas con presencia física en Estados Unidos, lo que les ha permitido mantener márgenes de ganancia mucho más altos y ofrecer precios sumamente competitivos.
Por su parte, Forever 21 no pudo competir con la agilidad de estas plataformas. La marca no solo tuvo que lidiar con el reto de mantener sus precios competitivos en un entorno inflacionario, sino que además se vio afectada por los costos adicionales de la logística, el almacenamiento y la distribución de sus productos en territorio estadounidense.

Aunque la quiebra es un golpe importante para la marca, Forever 21 aún no ha dicho su última palabra. La empresa está llevando a cabo una liquidación de inventarios en sus tiendas físicas mientras evalúa las opciones de venta de sus activos. Dependiendo del resultado de estas negociaciones, la compañía podría continuar operando, posiblemente en un formato exclusivamente digital, similar a otros minoristas que han abandonado las tiendas físicas en favor de los canales en línea.
Una buena noticia para los seguidores de Forever 21 es que las operaciones de la marca fuera de Estados Unidos no se verán afectadas por la bancarrota. Las tiendas internacionales de la marca son operadas por licenciatarios independientes, lo que significa que la marca seguirá existiendo en mercados fuera de América del Norte. Sin embargo, la situación en el mercado estadounidense sigue siendo incierta, y los expertos no descartan que el cierre definitivo de la presencia física en el país sea una posibilidad real.
A pesar de los desafíos que enfrenta, Forever 21 sigue siendo una marca conocida por millones de personas en todo el mundo. Su futuro en Estados Unidos está en juego, pero la posibilidad de una transición hacia un modelo de negocio más digitalizado podría permitirle sobrevivir, aunque de una manera muy diferente a la que conocemos.
Con la industria de la moda rápida en un estado de constante cambio y adaptabilidad, el futuro de Forever 21 dependerá de su capacidad para reinventarse en un mercado cada vez más centrado en el comercio electrónico. A medida que los consumidores sigan buscando opciones más rápidas, asequibles y cómodas, la marca tendrá que replantearse su estrategia o, de lo contrario, podría quedar definitivamente atrás en la historia de la moda.
