Por Agroempresario.com
La industria vitivinícola argentina atraviesa un momento crítico, especialmente en la región de Cuyo, donde la baja rentabilidad, el aumento de costos y la competencia desleal amenazan la continuidad de muchas bodegas. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el consumo de vino en el país cayó un 1,9% en los primeros nueve meses de 2024, reduciéndose a apenas 12 litros per cápita.
Las perspectivas para 2025 no son alentadoras. La inflación sigue impactando el poder adquisitivo de los consumidores, lo que agrava la baja demanda de vinos nacionales. A esto se suman los crecientes costos de producción, dolarizados en gran medida, y una presión fiscal que afecta con mayor crudeza a las pequeñas y medianas empresas del sector. Para muchas bodegas familiares, este escenario pone en riesgo su supervivencia.
Uno de los factores que más preocupan a los productores es la competencia desleal de los vinos importados, principalmente de Chile. “La presión tributaria nos está dejando sin margen de maniobra”, expresó un viñatero del Valle de Uco, quien aseguró que los costos internos hacen que sea cada vez más difícil competir con los precios de los vinos extranjeros.
Esta situación ha obligado a muchos productores a replantear su continuidad en la actividad, e incluso algunos han optado por abandonar sus viñedos. La falta de medidas de protección por parte del gobierno provincial y nacional incrementa la incertidumbre en un sector clave para la economía regional.
Desde la oposición en Mendoza han manifestado su preocupación por la falta de medidas concretas para proteger a los productores locales. Señalan que la derogación de normativas que aseguraban precios de referencia y plazos de pago dejó al sector en una situación de vulnerabilidad extrema.
“Es urgente recuperar herramientas que protejan a las bodegas y productores más pequeños, porque si no, muchos van a desaparecer”, advirtió un legislador provincial.
El temor es que, sin regulaciones que equilibren el mercado y sin incentivos para fomentar el consumo interno, la vitivinicultura argentina enfrente una crisis sin retorno, poniendo en jaque una de las industrias más emblemáticas del país.