En un feedlot situado a 5 km de Chañar Ladeado, en el sur de Santa Fe, los animales poseen 300 metros cuadrados de espacio por cabeza, mientras que en un engorde a corral convencional sólo disponen de diez.
El productor Marcos Blúa expresó que es “un feedlot ecológico y móvil, porque vamos rotando los animales por las distintas hectáreas del campo con dos grandes ventajas: una muy buena conversión de los granos y el balanceado en carne, y un ahorro considerable en fertilizantes”.
Blúa observó este modelo de manejo hace más de una década en parcelas gestionadas por Juan Sebastián Vittone, veterinario e investigador del INTA Concepción del Uruguay, en Entre Ríos. En ese entonces, el productor ya se encontraba trabajando con técnicos del INTA Venado Tuerto en cría bovina intensiva. “Cuando lo probamos anduvo muy bien. Mejoró la conversión, la sanidad del rodeo y toda la gestión ambiental del establecimiento”, afirmó.
Ese incremento en el bienestar animal impacta directamente en la rentabilidad del feedlot. “Lo que dejamos de ganar por no hacer agricultura en esas hectáreas, lo multiplicamos por cuatro por la mejora en la eficiencia de la conversión del balanceado en carne”, aseguró. Asimismo, Blúa explicó que también logran un ahorro en fertilizantes gracias a la utilización de bosta, ya que ésta proporciona materia orgánica y fósforo.
Según el productor, en un feedlot convencional se requieren siete kilos de balanceado para obtener un kilo de carne, mientras que él lo consigue con 5,4 kilos. Actualmente, Blúa maneja un rodeo de 1.000 cabezas en 584 hectáreas. Cabe aclarar que esto lo realiza en el 20% de la superficie del campo, ya que el 80% restante está dedicado a la agricultura.
En cuanto a la alimentación, señaló que se empieza con una ración diaria de maíz en comederos lineales y que, cuando se llega al consumo máximo de ración –por lectura de comedero–, se instalan los comederos tolva de autoconsumo con la ración que se suministrará a lo largo del período de engorde.
Vittone remarcó que en Entre Ríos cuando se encierra a los animales por 100 o 120 días, el porcentaje de fósforo aumenta en veinte partes por millón en los primeros veinte centímetros del suelo.
De acuerdo al veterinario, el sistema “transforma un problema ambiental, las deyecciones de los animales, en un modelo de fertilización. Al no haber hacinamiento del rodeo, se reducen las enfermedades, y no se pega el barro y la bosta al cuero de los animales, un tema que genera riesgos sanitarios”.