El ajo negro dejó de ser una curiosidad gourmet para convertirse en un ingrediente cada vez más presente en dietas que priorizan la salud. Según una publicación de TN, este alimento se obtiene a partir del ajo común, pero con un proceso que modifica por completo su perfil sensorial y nutricional.
A simple vista, su color oscuro y su textura blanda llaman la atención. Sin embargo, no se trata de una especie distinta ni de un producto artificial, sino del mismo ajo blanco sometido a condiciones controladas de temperatura y humedad durante varias semanas.
La elaboración del ajo negro consiste en una maduración lenta, similar a una fermentación, que desencadena reacciones químicas naturales. Como resultado, los dientes adquieren un tono negro intenso, se vuelven más suaves y desarrollan un sabor dulce, con notas que recuerdan al caramelo o a la fruta seca.
Este cambio no es solo gastronómico. Durante el proceso también se modifica su composición interna, lo que explica por qué el ajo negro suele ser mejor tolerado por el organismo.
De acuerdo con la especialista Vidhi Chawla, citada por TN, el ajo fresco contiene alicina, responsable de su aroma penetrante y de muchas de sus propiedades antimicrobianas. El inconveniente es que este compuesto es inestable y puede generar molestias digestivas en algunas personas.
En el ajo negro, gran parte de la alicina se transforma en S-alil cisteína (SAC), un antioxidante más estable y de fácil absorción. “El SAC es un antioxidante más estable y de fácil absorción en comparación con los que se encuentran en el ajo crudo”, explicó Chawla al medio.

Uno de los motivos de su creciente popularidad es su mejor tolerancia digestiva. Personas con acidez, reflujo o digestiones sensibles suelen encontrar en el ajo negro una alternativa menos agresiva.
Según la nutricionista Karthigai Selvi A., también citada por TN, este alimento “es menos probable que agrave la acidez”, aunque aclara que debe consumirse con moderación, como cualquier otro ingrediente.
Diversos especialistas destacan que el ajo negro puede aportar beneficios cuando se integra a una alimentación equilibrada. Entre los más mencionados se encuentran:
efecto antioxidante, gracias al contenido de S-alil cisteína
acción antiinflamatoria
apoyo a la salud cardiovascular
fortalecimiento del sistema inmunológico
protección hepática
La nutricionista Lovneet Batra señaló en TN que su aporte está vinculado a la reducción del estrés oxidativo y al cuidado del corazón y del hígado.
Algunas investigaciones analizan además un posible efecto anticancerígeno, aunque el gastroenterólogo Sudeep Khanna remarcó que la evidencia aún no permite conclusiones definitivas y que no debe considerarse un tratamiento médico.
El consumo habitual recomendado suele ser de uno o dos dientes por día. Puede comerse solo, untado en tostadas, incorporarse a salsas, purés o platos salados. Su perfil dulce y suave lo vuelve versátil tanto en la cocina hogareña como en la gastronómica.
No obstante, quienes toman anticoagulantes o presentan problemas digestivos severos deberían consultar con un profesional antes de incorporarlo de forma regular.
Los expertos coinciden en que el ajo negro no es un “superalimento” capaz de curar enfermedades. “Aporta nutrientes, pero no desintoxica el cuerpo ni reemplaza tratamientos médicos”, advirtió Vidhi Chawla en declaraciones a TN.
El consenso es claro: su valor está en el consumo moderado y sostenido, dentro de un estilo de vida saludable que incluya una dieta equilibrada, actividad física y descanso adecuado.