La expansión de especies invasoras está afectando de forma directa a la producción de arroz y cangrejo de río en el sur de Estados Unidos, donde productores de Louisiana y Texas reportan desde fines de 2025 pérdidas económicas significativas, mayores costos operativos y cambios forzados en sus prácticas agrícolas. El fenómeno, que involucra al caracol manzana y al delphácido del arroz, es relevante porque impacta en dos mercados alimentarios clave para el país y para las exportaciones, según informó Infobae, a partir de reportes de Associated Press.
De acuerdo con datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y del LSU AgCenter, el avance de estas especies en campos inundados obliga a los productores a modificar esquemas de siembra, intensificar tareas manuales y asumir mayores gastos en mano de obra, en un contexto donde las opciones de control químico son limitadas. El impacto ya se extiende sobre más de 200 kilómetros cuadrados en Louisiana y amenaza la estabilidad productiva de una de las regiones agroalimentarias más relevantes del país.

La producción de arroz en Estados Unidos genera entre 6.000 y 7.000 millones de dólares anuales, con un fuerte peso exportador: alrededor del 45% del volumen se destina a mercados externos. Louisiana y Texas concentran una porción sustancial de ese negocio y, además, Louisiana explica más del 90% de la producción nacional de cangrejo de río, un alimento emblemático para la economía regional. La coexistencia de ambos sistemas productivos, basada en la rotación entre arroz y cangrejo en campos inundados, es precisamente uno de los factores que amplifica los efectos de las plagas.
Entre las especies invasoras identificadas, el caracol manzana (Pomacea canaliculata) se destaca por su rápida reproducción y su capacidad para consumir plantas jóvenes de arroz, lo que reduce la densidad del cultivo desde las primeras etapas. Además, el molusco obstruye las trampas utilizadas para la captura de cangrejo de río, disminuyendo la eficiencia de la cosecha y obligando a realizar tareas adicionales de limpieza. Según los reportes citados por Associated Press, en algunos establecimientos los productores encuentran más caracoles que cangrejos en las trampas, un indicador del nivel de infestación alcanzado.
El segundo organismo en cuestión es el delphácido del arroz (Tagosodes orizicolus), un insecto que extrae la savia de las plantas y transmite virus que afectan el desarrollo del cultivo. El LSU AgCenter confirmó que la especie volvió a detectarse en Louisiana después de más de 70 años, con una rápida expansión por los campos arroceros. En Texas, algunos agricultores reportaron pérdidas de hasta el 50% en la segunda cosecha anual, un golpe directo a la rentabilidad de las explotaciones.

Las consecuencias económicas se reflejan tanto en la reducción de rendimientos como en el aumento de costos. El uso de pesticidas, una herramienta habitual para el control de plagas, está severamente restringido por el riesgo de afectar a los cangrejos de río, lo que deja a los productores con opciones limitadas. En la práctica, esto se traduce en más horas de trabajo manual, inversiones en redes y trampas específicas y la adopción de estrategias agronómicas alternativas, con resultados dispares.
Desde el ámbito técnico, las autoridades reforzaron los programas de monitoreo y capacitación. Una de las recomendaciones centrales es sembrar arroz en seco y postergar la inundación de los campos, de modo de permitir que las plantas alcancen mayor vigor antes de quedar expuestas a los organismos invasores. También se promueve el manejo integrado de plagas, combinando prácticas culturales, monitoreo temprano y métodos mecánicos de control.
“No creo que exista una solución rápida que elimine el problema. Es casi imposible erradicar una especie invasora una vez que se ha establecido en la región”, advirtió Blake Wilson, entomólogo del LSU AgCenter, en declaraciones citadas por Associated Press. En la misma línea, Hannah Burrack, directora del Departamento de Entomología de la Michigan State University, señaló que cuando una plaga se vuelve incontrolable, “los productores dejan de poder sembrar lo que desean en la misma zona”, una restricción que altera decisiones productivas de largo plazo.
El cambio climático aparece como un factor que facilita la expansión de estas especies. Inviernos más templados y eventos meteorológicos extremos, como lluvias intensas, generan condiciones favorables para la reproducción y dispersión tanto del caracol manzana como del delphácido del arroz. Según Associated Press, la persistencia de estos patrones podría ampliar el área afectada y aumentar la frecuencia de los brotes, elevando el riesgo para la producción futura.

El impacto no se limita a los productores. El aumento de costos y la caída de la oferta pueden trasladarse, con el tiempo, a variaciones en los precios para los consumidores, especialmente en mercados regionales donde el cangrejo de río es un producto central. Ante este escenario, el USDA y el LSU AgCenter mantienen activos los programas de asistencia técnica, mientras avanzan en investigaciones sobre métodos alternativos de control y estrategias de adaptación de los sistemas productivos.
Las acciones en curso incluyen la detección temprana, el fortalecimiento de la coordinación entre estados, la capacitación continua y el desarrollo de guías de manejo integrado. Las autoridades coinciden en que la erradicación total es improbable y que la respuesta deberá enfocarse en la gestión a largo plazo, con el objetivo de mitigar el impacto económico y social de las especies invasoras.
Hacia adelante, el avance de estas plagas seguirá representando un desafío estructural para Louisiana y Texas. Los productores deberán ajustar estrategias, absorber nuevos costos y convivir con un riesgo productivo mayor, mientras los organismos públicos evalúan soluciones para contener la expansión y sostener la estabilidad de un mercado alimentario clave para Estados Unidos.