Una pequeña huerta en Bariloche fue el punto de partida de una empresa alimenticia que, a fines de 2025, cuenta con 59 productos en el mercado, presencia en todo el país y antecedentes de exportación a Estados Unidos. El proyecto es liderado por Francisco y Carolina, una pareja de emprendedores que decidió apostar al valor agregado, la calidad y la reinversión permanente para sostenerse y crecer en un contexto económico cambiante. La historia, reconstruida a partir de información publicada por un medio nacional, refleja cómo una pyme patagónica logró consolidarse en el segmento gourmet.
El emprendimiento nació a fines de la década de 1990 bajo la marca Valleverde, cuando Francisco, ingeniero agrónomo formado en La Plata, se instaló en Bariloche convencido de que ese sería su lugar de vida y trabajo. El primer intento productivo estuvo ligado a la horticultura: cultivaba verduras en una chacra alquilada para luego refrigerarlas y congelarlas. Las condiciones climáticas de la región, sin embargo, limitaron el desarrollo del proyecto y obligaron a un primer giro estratégico.
Ante ese escenario, Francisco comenzó a comprar frutas y verduras a productores de la región para procesarlas y comercializarlas congeladas. Esa reconversión dio origen formal a Valleverde y marcó el inicio de una lógica que se repetiría con los años: adaptarse para seguir adelante. En pleno contexto de la convertibilidad, la competencia con productos importados de bajo precio volvió a poner presión sobre el negocio y derivó en un nuevo cambio.

El siguiente paso fue la producción de verduras frescas listas para consumir, conocidas como productos de cuarta gama, conservadas mediante atmósfera modificada. El modelo funcionó: la empresa llegó a abastecer supermercados desde Esquel hasta San Martín de los Andes, incluso con heladeras propias en puntos de venta. Pero la crisis de 2001 golpeó de lleno al consumo y expuso nuevamente la fragilidad del esquema.
Lejos de abandonar, Francisco vio en ese contexto la oportunidad de dar un salto decisivo. El objetivo era extender la vida útil de los alimentos y reducir la vulnerabilidad del negocio. Así surgió la producción de conservas vegetales, un punto de inflexión que redefinió el rumbo de la empresa. Según explicó el propio emprendedor en la nota original, la idea fue aprovechar la infraestructura y la red de proveedores y clientes ya existente, pero con otro tipo de producto.
La nueva etapa comenzó con apenas tres elaboraciones: tomates en aceite de oliva, berenjenas en escabeche y berenjenas con morrón. El cambio fue determinante. “Pasamos de tener cinco días de vida útil a tener dos años en la góndola”, explicó Carolina en declaraciones reproducidas por el medio. Esa transformación permitió estabilizar la producción y sentar las bases del crecimiento posterior.
Con el tiempo, y a pedido de los clientes, Valleverde amplió su oferta e incorporó pastas vegetales, dips y productos ahumados, entre ellos una pasta de hongos que se mantiene como uno de los más vendidos. La empresa fue consolidando un perfil claramente gourmet, con fuerte identidad patagónica y un estándar de calidad sostenido.
En 2011, una nueva crisis puso a prueba al emprendimiento. La erupción del volcán Puyehue cubrió de cenizas a Bariloche y paralizó gran parte de la actividad económica. Una vez más, la respuesta fue reinventarse. En ese contexto nació Don Melitón, la segunda marca de la firma, orientada a dulces, mermeladas y confituras elaboradas con frutas patagónicas.

“Estábamos prácticamente sin trabajo y queríamos ampliar por otro lado”, relató Francisco en la entrevista original. Don Melitón no solo permitió sostener la empresa en un momento crítico, sino que se transformó en un pilar complementario del negocio. Hoy, ambas marcas explican un portafolio de 59 artículos, que incluye conservas, pastas, dips vegetales y dulces.
Uno de los ejes centrales del proyecto es la selección de materias primas. La empresa procesa tomates de Luis Beltrán, frutas de El Bolsón, zanahorias de Trevelin y jugo de manzana de General Roca, entre otros insumos. La búsqueda de proveedores se extiende por distintas regiones del país, aunque con un fuerte anclaje en la Patagonia. Una vez que la mercadería llega a planta, se realiza una segunda selección manual antes de ingresar al proceso productivo.
El modelo de elaboración combina trabajo artesanal y tecnología industrial. El lavado de frutas y verduras se realiza a mano, mientras que el llenado y cerrado de frascos se hace con equipamiento especializado. Los productos no contienen conservantes, colorantes ni espesantes, y la vida útil se garantiza mediante un proceso de esterilización que incluye la pasteurización.
En los últimos años, la empresa introdujo mejoras adicionales. Desde 2023, por ejemplo, las mermeladas de frambuesa se elaboran con fruta fresca y no congelada. “Se cosecha la fruta a la tarde y a la mañana siguiente ya se está procesando”, explicó Francisco, destacando el impacto positivo en sabor, aroma y color. Carolina agregó que, a diferencia de la mayoría de los productos del mercado, las mermeladas tienen más fruta que azúcar, lo que refuerza su perfil diferencial.
Otra innovación fue el cambio de envase en pastas y dips, que pasaron de frascos a latas, una presentación poco habitual en el rubro. Según explicó Carolina, esta decisión mejora la portabilidad y resulta especialmente atractiva para los turistas que visitan la región.

Además del aspecto productivo, la empresa genera cuatro puestos de trabajo directos y aplica criterios de cuidado ambiental, como la reducción del consumo de agua, la eliminación de plásticos y el reciclado de materiales.
El crecimiento también incluyó una etapa de internacionalización. Tras realizar estudios de mercado, Valleverde y Don Melitón lograron exportar a Estados Unidos, donde tuvieron buena recepción productos como las mermeladas de frambuesa, el dulce con espumante, el chimichurri y algunas conservas vegetales. Las ventas externas se interrumpieron en 2023 por el atraso cambiario, pero el objetivo es retomarlas. “Enviamos muestras a Estados Unidos, Chile, Costa Rica y Colombia; todo está en evaluación”, señalaron.
De cara a 2026, la empresa proyecta el lanzamiento de nuevos productos y un rediseño de packaging con foco en la sustentabilidad. “Hacer las cosas bien, con ingredientes de primera calidad, no es barato, pero los clientes lo valoran”, afirmó Francisco, sintetizando una filosofía que explica por qué una huerta patagónica terminó convirtiéndose en una pyme gourmet con proyección nacional y regional.
