La emprendedora mendocina Ana Paula Freire logró convertir una pasión nacida en la adolescencia en un proyecto productivo consolidado: hoy dirige Cactus Mendoza, uno de los cinco viveros mayoristas de cactus y suculentas más grandes de Argentina. El emprendimiento funciona en Rodeo del Medio, Mendoza, y se especializa en la producción y comercialización de estas plantas adaptadas a climas secos, cada vez más demandadas por su bajo consumo de agua y valor ornamental.
Freire, que tiene casi 50 años, comenzó su vínculo con estas plantas cuando tenía 16 años, durante una exposición en Buenos Aires donde descubrió un estanque repleto de cactus. Aquella experiencia despertó una fascinación que con el tiempo se transformó en una actividad profesional y empresarial.

“Reconozco que no es habitual tener un vivero exclusivo de cactus y suculentas”, explicó la emprendedora al describir el particular nicho en el que se especializó su negocio. En Argentina existen pocos establecimientos dedicados exclusivamente a esta producción, y en la región de Cuyo el suyo se destaca por su escala y volumen de comercialización.
Freire creció en una familia vinculada al mundo de los viveros. Sus padres se dedicaban a la producción de plantas ornamentales, lo que le permitió familiarizarse desde muy joven con el sector. Más adelante decidió estudiar Floricultura en la Universidad de Buenos Aires (UBA), formación que consolidó su interés por la producción vegetal.
Durante varios años trabajó en el emprendimiento familiar, donde comenzó a producir cactus y suculentas. Sin embargo, el proyecto personal tomó forma recién en 2012, cuando decidió independizarse y crear un vivero especializado junto a su socia Marcela Prado.

“Había estado produciendo dentro de la empresa de mis papás cactus y suculentas, y en el 2012 decidimos abrirnos en el camino de un cultivo exclusivo”, relató.
El inicio no fue sencillo. El predio elegido en Rodeo del Medio requería trabajos de acondicionamiento y las emprendedoras contaban con recursos limitados para poner en marcha la producción.
“El lote donde hoy funciona el vivero estaba lleno de malezas y no teníamos plata para arrancar”, recordó.
Durante los primeros años complementaron el cultivo de cactus con otras producciones, como tomates, aromáticas y plantines florales, mientras las nuevas plantas crecían lentamente hasta alcanzar tamaño comercial.

El cultivo de cactus tiene particularidades que explican por qué existen pocos viveros especializados en este tipo de plantas. El proceso de producción es largo y requiere planificación.
Freire explicó que las plantas se siembran inicialmente en almácigos, donde pueden crecer hasta 300 ejemplares juntos. Durante el primer año permanecen en ese espacio y recién en la temporada siguiente se separan para continuar su desarrollo.

“El primer año los cactus están en almacigueras, todos juntitos. Sembramos unas 300 plantas por almácigo. Al siguiente verano se replican y recién en el tercer año pasan a su primera maceta”, detalló.
El ciclo completo hasta alcanzar el tamaño comercial suele extenderse entre tres y cuatro años, lo que exige paciencia y continuidad en la producción.
“Hay que saber esperarlo al cactus”, resumió Freire al describir la dinámica de un cultivo que se caracteriza por su reproducción celular lenta y su adaptación a ambientes extremos.

En el vivero Cactus Mendoza se cultivan actualmente más de 800 especies de cactus y otras 800 variedades de suculentas, muchas de ellas destinadas al mercado mayorista.
Uno de los aspectos que más sorprende a quienes visitan el vivero es la gran diversidad de especies disponibles. Algunas variedades apenas superan un centímetro de altura, mientras que otras pueden alcanzar hasta 30 metros en condiciones naturales.

Freire también explicó que, aunque muchas personas asocian estas plantas exclusivamente con zonas desérticas, su distribución natural es más amplia.
“Los cactus no solo crecen en desiertos. Se encuentran en Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica, incluso en selvas del continente americano”, señaló.
Existen especies adaptadas al pleno sol y otras que se desarrollan bajo sombra o incluso sobre troncos de árboles como plantas epífitas.

El interés por los cactus y las suculentas aumentó en los últimos años, en parte por su uso en paisajismo sustentable y diseños de jardín con bajo consumo de agua.
En regiones como Mendoza, donde el recurso hídrico es limitado, estas especies representan una alternativa atractiva para jardines urbanos y proyectos de arquitectura paisajística.
“Hay una conciencia muy fuerte por utilizar cactus y suculentas en jardines y diseños de interior. El paisajismo hoy va de la mano con el cuidado del agua”, explicó Freire.
La demanda tuvo un crecimiento particular durante la pandemia, cuando muchas personas comenzaron a desarrollar el hobby de la jardinería en sus hogares.
“La gente desarrolló el hobby de las plantas y hubo una explosión de venta de cactus en el 2020 por el aislamiento”, recordó.
Aunque el mercado luego se estabilizó, el interés por plantas de bajo requerimiento hídrico continúa en expansión.
“Las plantas de bajo requerimiento hídrico están subiendo muchísimo más su venta. Es la suma de un montón de gente que está proyectando un futuro más sustentable”, señaló.
El vivero también incorporó prácticas productivas vinculadas a la economía circular. Uno de los métodos desarrollados consiste en utilizar orujo de uva, un residuo generado por la industria vitivinícola, como parte del sustrato de cultivo.
El material se composta durante dos años antes de ser incorporado a la mezcla utilizada para las plantas.
“Se composta durante dos años y después podemos usarlo como sustituto de tierra; para nosotros es mucho más sustentable”, explicó Freire.

La empresa también amplió su actividad con la apertura de una distribuidora de macetas y productos para viveros y paisajistas, lo que le permite ofrecer un servicio más completo a sus clientes.
Actualmente, el vivero comercializa cactus y suculentas en distintas provincias y cuenta con ejemplares que superan los 15 años de desarrollo, algunos de ellos sembrados por la propia Freire en sus primeros años de trabajo en el vivero familiar.
La emprendedora considera que la paciencia necesaria para cultivar estas plantas fue también clave en la construcción de su empresa.
“Creo que el universo siempre termina alineándose a favor de lo que creemos y de lo que soñamos. Con esfuerzo y convicción uno logra los objetivos que se propone”, afirmó.
Para Freire, la actividad que comenzó como un interés juvenil terminó convirtiéndose en un proyecto de vida.
“La verdad que no pensé nunca en dedicarme a otra cosa”, concluyó.