En Saladillo, provincia de Buenos Aires, una propuesta de agroturismo invita a los visitantes a convertirse en “cosechadores por un día”, recorriendo parrales de kiwi, participando del proceso productivo y recolectando fruta directamente de la planta, en una experiencia guiada por productores locales que combina naturaleza, aprendizaje y consumo directo.
Según publicó La Nación en una nota de Nieves Guerrero Lozano, la iniciativa se desarrolla en un campo con unas 500 parras de kiwi y 300 plantas de cítricos, donde los visitantes no solo recorren el predio sino que también participan activamente de la cosecha. La propuesta es liderada por María de los Ángeles Dellatorre y Oscar de Luca, quienes reciben a los turistas con una introducción sobre la historia del fruto y su producción. “La consigna de este paseo es: ‘Cosechadores por un día’”, explican, en una experiencia que busca acercar al consumidor al origen de los alimentos.
El recorrido incluye un circuito por distintas variedades de kiwi, entre ellas la Summer, que aparece primero en el mercado, y la Hayward, la más difundida en la Argentina. A lo largo del paseo, los visitantes pueden observar las diferencias entre los cultivos y entender los tiempos de cosecha, que en el caso del kiwi se extienden de marzo a mayo. Luego, el trayecto continúa por un espacio con cítricos que completa la propuesta estacional. “Todo el otoño-invierno cubierto con esa vitamina”, destaca María.

Uno de los momentos centrales es la cosecha, donde cada visitante elige, corta y pesa su propia fruta. “La gente se entusiasma mucho con eso de elegir los kiwis, los arrancan, los pesan, y jugamos a quiénes consiguen los más grandes”, cuenta María. La jornada se completa con una instancia de degustación que incluye mermeladas artesanales y preparaciones caseras elaboradas en el lugar.
Además de la experiencia turística, el emprendimiento funciona bajo un modelo de venta directa, donde los productos se comercializan sin intermediarios. “La venta de todo lo que producimos es directa entre el productor y el consumidor, a menor precio de mercado. Logramos posicionar la marca, registrada como Kiwi Saladillo, con certificación agroecológica”, señala.
El proyecto surgió hace tres años, cuando María decidió profesionalizar la propuesta a partir de su formación en turismo. “En algún momento sentí que tenía que dar a conocer el atractivo de estas plantaciones tan beneficiosas para la salud”, explica sobre el origen de la iniciativa, que hoy atrae visitantes interesados en el contacto con la naturaleza y la producción sustentable.

Durante la visita también se explica el proceso completo del cultivo del kiwi, que requiere planificación y conocimiento técnico. Tras la cosecha, se realiza la poda de ramas y el guiado sobre los parrales para evitar que los frutos toquen el suelo. En primavera aparecen los brotes y luego las flores, que requieren polinización, en parte natural y en parte asistida. “Para esta polinización manual compramos polen a un productor; es un insumo costoso, pero nos asegura que la flor cuaje y saque el fruto”, detalla María.
El desarrollo del fruto continúa hasta fines de febrero, cuando alcanza su tamaño final. Uno de los aspectos clave es el momento de la cosecha, determinado por el nivel de dulzor. “La clave para conseguir el mejor kiwi está en cosecharlo en el punto óptimo de dulzor; o sea, cuando llega a seis grados brix”, explica. Y agrega: “Un kiwi arrancado de la planta con menos de ese grado no tiene ni sabor ni dulzor”.
La experiencia tiene un costo de $15.000 por persona y se adapta según la época del año, permitiendo a los visitantes conocer distintas etapas del proceso productivo. La propuesta se consolida como una alternativa de turismo rural en crecimiento, que combina educación, recreación y consumo responsable.
