El norte de la Patagonia argentina sumó en los últimos años un nuevo atractivo natural que, aunque de escala reducida, comenzó a captar la atención de turistas y usuarios de redes sociales por su fuerte impacto visual. Se trata del campo de tulipanes de Huinganco, en la provincia de Neuquén, un proyecto impulsado por el gobierno provincial que florece cada octubre y combina el color de las flores con el paisaje de montañas, lagos y bosques del norte neuquino. La iniciativa resulta relevante no solo por su valor estético, sino también por su aporte al desarrollo turístico y económico local.
El proyecto se puso en marcha durante el primer semestre de 2025, cuando el Vivero Provincial de Huinganco plantó más de 5.000 bulbos de tulipanes con el objetivo de lograr una floración primaveral que embellezca la localidad y refuerce su perfil como destino de naturaleza. La experiencia se inspira en el reconocido campo de tulipanes de Trevelin, en Chubut, que desde hace años convoca a miles de visitantes, aunque en este caso se trata de una propuesta más pequeña y de carácter experimental.
La iniciativa es el resultado de un trabajo conjunto entre el gobierno de Neuquén, el Centro PyME-ADENEU, viveros provinciales e instituciones locales. El objetivo central es diversificar la oferta turística del norte neuquino, una región menos transitada que otros destinos patagónicos, pero con un alto potencial paisajístico y productivo. En este contexto, los tulipanes aparecen como un recurso estratégico para atraer visitantes durante la primavera, una temporada que tradicionalmente tiene menor flujo turístico que el verano o el invierno.

Huinganco se encuentra en el corazón del norte neuquino, rodeado de cerros, bosques y cursos de agua, y se caracteriza por un clima frío que resulta favorable para este tipo de cultivos. Las variedades seleccionadas —Sancerre, Leen van der Mark, Ile de France y Renown— fueron elegidas por su adaptabilidad a bajas temperaturas y por la intensidad de sus colores, que van del rojo profundo al amarillo luminoso y el rosado. Durante el período de floración, el contraste entre los tulipanes y el entorno natural se convirtió en uno de los principales motivos de difusión en redes sociales.
Desde el punto de vista productivo, el cultivo de tulipanes en Huinganco forma parte de una estrategia más amplia de fortalecimiento de viveros provinciales y de promoción de actividades que generen valor agregado en pequeñas localidades. La plantación se realizó en el mes de mayo, aprovechando el ciclo natural de los bulbos, para asegurar una floración plena durante octubre, cuando las temperaturas comienzan a subir y el paisaje patagónico se renueva tras el invierno.
El acceso al campo de tulipanes es otro de los puntos que suma atractivo a la experiencia. La localidad de Huinganco se ubica a unos 540 kilómetros de la ciudad de Neuquén capital. El recorrido se realiza por la Ruta Nacional 22 hasta Zapala, y luego por la Ruta Provincial 43 en dirección a Chos Malal. El trayecto ofrece vistas panorámicas de valles, ríos y montañas, aunque requiere precaución en algunos tramos de ripio, cuyas condiciones pueden variar según la época del año.
También existe la posibilidad de llegar en transporte público, combinando servicios desde Neuquén hasta Chos Malal y luego un traslado local hasta Huinganco. Esta alternativa permite a los visitantes recorrer la región sin necesidad de vehículo propio y facilita el contacto con comunidades rurales del norte provincial, uno de los objetivos que persigue la política turística neuquina.
Más allá del atractivo visual, los tulipanes poseen un fuerte componente simbólico y cultural. Originarios de los Países Bajos, estas flores se convirtieron a lo largo de la historia en un ícono asociado tanto al arte como a la economía, y cada color transmite un significado particular. Los tulipanes rojos suelen vincularse con el amor, los amarillos con la felicidad y la amistad, los blancos con la pureza y la inocencia, y los rosados con el afecto y la admiración. Esta diversidad cromática es uno de los aspectos que más valoran quienes visitan el campo neuquino.
Desde el punto de vista botánico, los tulipanes presentan características que los vuelven especialmente atractivos para el cultivo ornamental. Sus flores, de forma acampanada y estructura casi simétrica, están compuestas por tres pétalos y tres sépalos, lo que les otorga una apariencia compacta y elegante. Además, tienen la particularidad de seguir creciendo incluso después de ser cortados, una curiosidad que los hace muy apreciados para arreglos florales en interiores.
En este sentido, los especialistas recomiendan algunos cuidados básicos para prolongar su vida útil cuando se los lleva al hogar: recortar los tallos en diagonal antes de colocarlos en agua, cambiar el agua con regularidad y mantenerlos alejados de fuentes de calor o corrientes de aire. Estas prácticas simples permiten conservar la frescura de las flores y resaltar su valor ornamental.
El proyecto de Huinganco también busca generar conciencia sobre el uso de especies ornamentales en espacios públicos y privados, como parques, jardines y patios comerciales, siempre en zonas con buen drenaje y adecuada exposición al sol. De este modo, se promueve un paisajismo adaptado a las condiciones locales y con bajo requerimiento de mantenimiento, una variable clave en regiones de clima riguroso.
Si bien el campo de tulipanes neuquino aún no alcanza la magnitud ni la fama del de Trevelin, su crecimiento sostenido y la repercusión en redes sociales indican que se trata de una propuesta con potencial. Para las autoridades provinciales, el desafío a futuro será consolidar la experiencia, ordenar las visitas y evitar impactos negativos sobre el entorno natural, manteniendo el equilibrio entre promoción turística y conservación ambiental.
En un contexto donde el turismo de naturaleza gana protagonismo y los viajeros buscan experiencias auténticas, el campo de tulipanes de Huinganco se perfila como una alternativa distinta dentro del mapa patagónico. Pequeño en escala, pero potente en imagen, el proyecto demuestra que incluso iniciativas acotadas pueden convertirse en motores de identidad local y desarrollo regional cuando se articulan paisaje, producción y planificación.