La automotriz china BYD se convirtió por primera vez en el mayor fabricante mundial de vehículos eléctricos, al superar en 2025 a Tesla, la compañía fundada por Elon Musk, en cantidad de unidades vendidas. El cambio de liderazgo se confirmó a comienzos de enero de 2026, cuando ambas empresas informaron sus resultados anuales y el mercado reaccionó con una fuerte baja en las acciones de la firma estadounidense. El dato es relevante porque marca un punto de inflexión en la industria global de la movilidad eléctrica y consolida el avance de los fabricantes chinos en un segmento estratégico para la transición energética.
Según informó Forbes, Tesla cerró 2025 con 1,63 millones de vehículos entregados, lo que representó una caída interanual superior al 8,5%, mientras que BYD alcanzó 2,26 millones de ventas de autos 100% eléctricos, con un crecimiento del 28% respecto del año anterior. De este modo, la empresa china no solo logró desplazar a Tesla del primer lugar, sino que amplió de manera significativa la diferencia en volumen.
El impacto se reflejó de inmediato en el mercado financiero. Tras la publicación de los datos del cuarto trimestre, las acciones de Tesla profundizaron una racha negativa y acumularon pérdidas superiores al 10% en cinco ruedas consecutivas, en un contexto de creciente presión competitiva y señales de desaceleración en sus principales mercados.

En su reporte correspondiente al cuarto trimestre de 2025, Tesla informó que produjo 434.358 vehículos y entregó 418.227 unidades entre octubre y diciembre, lo que implicó una caída del 16% interanual. El resultado quedó por debajo de las expectativas de Wall Street, que proyectaban alrededor de 426.000 entregas para el período.
Con ese desempeño, la compañía cerró el año con una brecha de aproximadamente 600.000 vehículos frente a su competidor chino. El retroceso marcó la primera vez, desde que se consolidó el mercado de autos eléctricos, que Tesla no lidera el ranking global de fabricantes.
BYD, en cambio, reportó un año récord. Además de sus 2,26 millones de vehículos eléctricos, la compañía alcanzó un total de 4,54 millones de unidades vendidas si se consideran también los híbridos enchufables, un segmento en el que Tesla no participa. En 2025, las ventas de híbridos de BYD descendieron levemente, desde 2,48 millones a 2,28 millones, mientras que los eléctricos casi igualaron ese volumen, reflejando un cambio en la composición de su oferta.
El contraste con 2024 resulta ilustrativo. Ese año, BYD había quedado apenas por debajo de Tesla, con 1,76 millones de entregas, frente a 1,79 millones de la empresa estadounidense. Doce meses después, la relación se invirtió de manera contundente.

El avance de BYD no fue un fenómeno repentino. Durante más de una década, la compañía expandió su presencia en el mercado doméstico chino y luego aceleró su internacionalización, apoyada en una estrategia de integración vertical, control de costos y una amplia gama de modelos en distintos segmentos de precio.
La percepción de Elon Musk sobre la empresa también fue cambiando con el tiempo. En una entrevista televisiva de 2011, el CEO de Tesla se mostró escéptico frente a la automotriz china y minimizó su potencial. “¿Viste sus autos? No creo que tengan un gran producto… la tecnología no es muy fuerte”, afirmó entonces, al ser consultado por la inversión de Warren Buffett en BYD.
Una década más tarde, el tono fue diferente. En 2021, durante el World New Energy Vehicle Congress en Hainan, Musk reconoció el empuje de los fabricantes chinos en el desarrollo de tecnologías de movilidad eléctrica. En una llamada con inversores de enero de 2023, incluso señaló que las empresas de China “trabajan más duro y de manera más inteligente” y que alguna de ellas probablemente se consolidaba como el principal competidor global.
En 2024, su advertencia fue más explícita. Durante otra conferencia, Musk sostuvo que, si no se establecen barreras comerciales, los vehículos eléctricos chinos “prácticamente van a demoler a la mayoría de las otras compañías del mundo”. El cierre de 2025 parece haber confirmado parte de ese diagnóstico.

La pérdida del liderazgo global se dio en un contexto desafiante para Tesla, tanto en lo comercial como en lo político. A lo largo de 2025, la compañía enfrentó una desaceleración de la demanda en algunos mercados clave y una mayor competencia en precio y variedad de modelos, especialmente en Asia y Europa.
A ese escenario se sumaron factores externos vinculados a la figura de Elon Musk. Su apoyo financiero a la campaña presidencial de Donald Trump y su participación en iniciativas de recorte del gasto federal en Estados Unidos generaron un fuerte rechazo en sectores del público consumidor. En varias ciudades, los vehículos de Tesla fueron objeto de protestas, llamados a boicots y actos de vandalismo, lo que afectó la imagen de la marca.
La posterior ruptura pública entre Musk y Trump tampoco contribuyó a despejar el panorama. El proyecto de ley impulsado por el presidente estadounidense, conocido como Big Beautiful Bill, incluyó la eliminación, a partir de septiembre, del crédito fiscal federal de US$ 7.500 para la compra de vehículos eléctricos, un incentivo clave para el mercado norteamericano.
La combinación de estos factores impactó en las entregas y en la cotización bursátil de Tesla, que cerró el año bajo presión y con interrogantes sobre su capacidad de recuperar el ritmo de crecimiento.
El desplazamiento de Tesla por parte de BYD refleja una transformación más amplia del mercado global de autos eléctricos. China no solo lidera la producción y el consumo de este tipo de vehículos, sino que también concentra buena parte de la cadena de suministro, desde baterías hasta componentes clave.
BYD, en particular, se benefició de una estrategia que combina escala, diversificación de productos y una fuerte presencia en su mercado interno, al tiempo que expande sus exportaciones hacia Europa, América Latina y otros mercados emergentes. La capacidad de ofrecer modelos eléctricos e híbridos a precios competitivos amplió su base de consumidores y le permitió ganar participación frente a marcas tradicionales y nuevos competidores.
Tesla, por su parte, continúa siendo un actor central de la industria, con una fuerte presencia tecnológica y una marca globalmente reconocida. Sin embargo, el cierre de 2025 dejó en evidencia que el liderazgo ya no está garantizado y que la competencia se volvió más intensa, especialmente frente a fabricantes asiáticos con respaldo estatal, costos más bajos y ciclos de innovación acelerados.

El nuevo ranking global plantea desafíos estratégicos para Tesla y abre una etapa de mayor competencia en el sector. La empresa de Elon Musk deberá definir si apuesta a recuperar volumen mediante ajustes de precios, lanzamiento de nuevos modelos o expansión en mercados emergentes, mientras enfrenta un entorno regulatorio menos favorable en Estados Unidos.
Para BYD, el liderazgo alcanzado en 2025 representa un hito, pero también una responsabilidad. Sostener el crecimiento implica consolidar su presencia internacional, adaptarse a regulaciones más exigentes y competir en segmentos donde Tesla y otros fabricantes mantienen ventajas tecnológicas.
El resultado del último año confirma que la carrera por el dominio del mercado de autos eléctricos entró en una nueva fase, en la que el centro de gravedad se desplaza cada vez más hacia China, con impacto directo en la industria automotriz global y en las estrategias de transición energética de las principales economías.