En pleno verano, cuando el turismo suele concentrarse en montañas, ríos y bodegas, el sur de Mendoza ofrece una experiencia poco habitual: ingresar al interior de un volcán. Se trata del volcán Malacara, ubicado en el departamento de Malargüe, una formación geológica que puede recorrerse por dentro mediante visitas guiadas y que se consolida como una de las propuestas más singulares del turismo de naturaleza en Argentina. La actividad se realiza durante la temporada estival, es apta para el público general y resulta relevante por su valor científico, educativo y turístico.
Mientras gran parte del imaginario mendocino está asociado a la vitivinicultura y la Cordillera de los Andes, Malargüe construyó en los últimos años una identidad propia vinculada a su patrimonio geológico. En ese contexto, el volcán Malacara se convirtió en uno de sus principales atractivos, al ofrecer la posibilidad —poco frecuente a nivel mundial— de recorrer chimeneas volcánicas, túneles y conductos de lava que permanecieron intactos tras una única erupción.
El Malacara es un volcán monogenético, una característica clave que explica por qué hoy puede visitarse de manera segura. Al haber registrado una sola erupción, sus estructuras internas no colapsaron y forman un sistema de cuevas naturales que permite observar, desde adentro, cómo fue el proceso eruptivo que modeló esta zona del sur mendocino hace miles de años. A nivel internacional, son contados los volcanes que ofrecen este tipo de acceso controlado, lo que posiciona a Malargüe como un destino de interés tanto turístico como científico.

La excursión suele comenzar en la ciudad de Malargüe, donde los visitantes se encuentran con guías habilitados, especializados en geología y turismo aventura. Antes de partir, se realiza una charla introductoria que incluye normas de seguridad, explicación del recorrido y entrega del equipamiento necesario, como casco y linterna. El traslado hasta el volcán se efectúa en vehículos 4x4, atravesando extensos paisajes áridos que anticipan el carácter volcánico del entorno.
Durante el trayecto, los guías contextualizan la experiencia: explican la formación del campo volcánico de Malargüe, el rol específico del Malacara dentro de ese sistema y la manera en que la flora y la fauna locales se adaptaron a un ambiente dominado por la roca, el viento y la amplitud térmica. De este modo, la visita no se limita a la exploración física, sino que incorpora una fuerte dimensión educativa.
Una vez en el lugar, comienza una caminata de aproximación hasta la boca del volcán. El ingreso marca un quiebre total con el paisaje exterior. En el interior, el visitante se encuentra rodeado de paredes de roca solidificada, techos irregulares y formaciones creadas por antiguas corrientes de lava. Las chimeneas, por donde alguna vez ascendió el magma, funcionan hoy como corredores naturales que se recorren a pie, guiados por iluminación artificial y explicaciones técnicas.
El circuito está diseñado para personas sin experiencia previa en trekking o espeleología, aunque requiere una condición física básica y disposición para desplazarse en espacios cerrados. Uno de los aspectos más valorados es que la temperatura interna del volcán se mantiene estable, lo que convierte a la excursión en una alternativa atractiva durante los meses de mayor calor, cuando las temperaturas en superficie pueden resultar extremas.

A lo largo del recorrido, los guías detallan los distintos procesos volcánicos visibles en las paredes y el suelo: capas de lava, texturas, fracturas y formas que permiten reconstruir la dinámica de la erupción original. Cada tramo del circuito ofrece una lectura distinta del pasado geológico de la región y refuerza el carácter didáctico de la experiencia.
Desde el punto de vista turístico, la propuesta contribuye a diversificar la oferta de Mendoza, tradicionalmente concentrada en el enoturismo y la montaña. En Malargüe, donde ya existen atractivos como la Laguna de la Niña Encantada, la Reserva Provincial Payunia y antiguos yacimientos mineros, el volcán Malacara suma un componente diferencial que atrae a visitantes interesados en la ciencia, la aventura y el contacto directo con la naturaleza.

En términos de accesibilidad, el volcán se encuentra a unos 366 kilómetros de la Ciudad de Mendoza. El viaje en automóvil demanda aproximadamente cuatro horas y media, tomando la Ruta Nacional 40 hacia el sur y luego la Ruta Provincial 186. Para quienes prefieren no conducir, existen excursiones organizadas que incluyen traslado, guía y equipamiento.
Durante la temporada de verano, las visitas se realizan hasta fines de febrero, con salidas diarias en distintos horarios, generalmente por la mañana y por la tarde. Esta frecuencia permite planificar la actividad tanto para estadías cortas como para quienes permanecen varios días en la región.
Más allá de su atractivo turístico, el volcán Malacara cumple un rol clave en la divulgación científica. La posibilidad de observar desde adentro las huellas de una erupción convierte a la excursión en una herramienta valiosa para comprender procesos geológicos que, en la mayoría de los casos, solo pueden estudiarse desde el exterior o a través de material académico.

Visitar el Malacara no es solo una salida recreativa: es una inmersión en la historia natural de Mendoza, una forma distinta de experimentar el verano y una oportunidad para conocer un patrimonio poco difundido a nivel nacional. En un contexto donde el turismo de naturaleza gana cada vez más protagonismo, Malargüe consolida su perfil como uno de los destinos más singulares y sorprendentes del país.