Olas de calor y apicultura: el impacto del verano extremo en las colmenas y las claves para evitar pérdidas

Las altas temperaturas ponen en riesgo a las abejas y la producción de miel. Especialistas advierten sobre manejo, agua y sombra para atravesar el verano

Olas de calor y apicultura: el impacto del verano extremo en las colmenas y las claves para evitar pérdidas
viernes 09 de enero de 2026

Las olas de calor que se repiten con mayor frecuencia durante el verano se han convertido en un factor de riesgo creciente para la apicultura argentina, al comprometer la supervivencia de las colmenas y provocar pérdidas significativas en la producción de miel. El problema afecta especialmente a los apiarios ubicados en zonas sin sombra natural o con escaso acceso al agua, donde el exceso de temperatura puede generar desde estrés térmico hasta el colapso total de las colonias, con impacto directo en el rendimiento y la sanidad de las abejas.

El fenómeno se intensifica en los meses más críticos del año, cuando las temperaturas máximas superan ampliamente los valores habituales. En ese contexto, los técnicos del sector advierten que el calor extremo no solo reduce la actividad normal de las abejas, sino que también puede desencadenar daños estructurales dentro de la colmena. “El calor derrite la cera, la miel se derrama y eso termina matando tanto a las abejas adultas como a las crías”, explicó Alberto Cainelli, integrante del área técnica de una cooperativa apícola santafesina, al describir uno de los escenarios más severos que puede enfrentar un apiario durante el verano.

Olas de calor y apicultura: el impacto del verano extremo en las colmenas y las claves para evitar pérdidas

La temperatura ideal dentro de la colmena debe mantenerse cerca de los 35 grados para garantizar el correcto desarrollo de las crías y el normal funcionamiento de la colonia. Cuando ese equilibrio térmico se rompe, las abejas intentan compensarlo ventilando y transportando agua, pero si el estrés se prolonga, el daño puede volverse irreversible. Por este motivo, los especialistas coinciden en que el manejo preventivo es la principal herramienta para reducir riesgos y sostener la productividad durante los períodos de calor extremo.

Uno de los primeros aspectos a considerar es la ubicación de los apiarios. La recomendación general es instalar las colmenas en sectores con monte natural o buena arboleda, evitando la exposición directa al sol durante toda la jornada. La sombra cumple una doble función: reduce la temperatura interna de la colmena y mejora las condiciones de trabajo de las abejas. Además, una correcta circulación de aire resulta clave para disipar el calor acumulado y evitar el sobrecalentamiento.

En este sentido, los árboles de hoja caduca se presentan como una alternativa especialmente eficiente. Durante el verano aportan sombra suficiente para proteger las colmenas, mientras que en invierno permiten una mayor insolación, favoreciendo el desarrollo de la colonia sin generar problemas de humedad. Este tipo de planificación del entorno del apiario se vuelve cada vez más relevante en un escenario climático caracterizado por extremos térmicos más frecuentes.

Olas de calor y apicultura: el impacto del verano extremo en las colmenas y las claves para evitar pérdidas

Otro factor crítico es el acceso al agua, indispensable para que las abejas puedan regular la temperatura interna de la colmena. En los apiarios alejados de cursos naturales, la instalación de bebederos artificiales deja de ser una opción y se convierte en una necesidad. Los técnicos estiman que cada colmena requiere entre dos y cuatro litros diarios de agua limpia, que debe colocarse bajo sombra y a una distancia aproximada de 10 metros del apiario, para evitar desorientar a las abejas y reducir el riesgo de ahogamiento.

El material y el diseño de las colmenas también influyen de manera directa en la capacidad de aislamiento térmico. Se recomienda el uso de techos de madera gruesa, que actúan como barrera frente al calor, y se desaconseja la parafinación con aceites, ya que puede incrementar la temperatura interna. Asimismo, pintar cámaras de cría y alzas melarias con colores que reflejen o refracten los rayos solares puede resultar contraproducente, al favorecer el aumento del calor dentro de la colmena.

Durante esta etapa avanzada de la temporada, el traslado de colmenas con poblaciones altas es una práctica que requiere extrema precaución. Según los especialistas, mover colmenas en pleno verano puede generar un estrés adicional que complique la adaptación de las abejas al nuevo entorno. Por eso, este tipo de decisiones debería planificarse con anticipación, pensando en la próxima temporada productiva y evitando maniobras innecesarias durante los meses de mayor temperatura.

Para los apiarios que ya se encuentran expuestos al sol y no pueden reubicarse de inmediato, existen alternativas de manejo que permiten mejorar el aislamiento térmico. El uso de entretapas o alimentadores de techo puede contribuir a reducir la incidencia directa del calor y brindar un resguardo adicional a la colonia. Estas prácticas, aunque simples, pueden marcar la diferencia entre una colmena que logra atravesar el verano y otra que sufre pérdidas irreversibles.

El impacto de las olas de calor no se limita únicamente a las colmenas en producción. El manejo de la miel cosechada también requiere cuidados especiales durante los meses de altas temperaturas. Los técnicos recomiendan no apoyar los tambores de miel directamente sobre el piso del vehículo, utilizar bandejas aislantes, cubrirlos con entretapas o lonas y evitar dejar los camiones al sol mientras esperan para descargar en la sala de extracción. La exposición prolongada al calor puede afectar la calidad del producto y generar mermas que luego se traducen en pérdidas económicas.

En este punto, la sombra vuelve a aparecer como un factor determinante, tanto para el cuidado de las colmenas como para la conservación de la miel. La correcta planificación de los tiempos de carga, traslado y descarga se vuelve esencial para preservar la calidad del producto final, especialmente en jornadas con temperaturas extremas.

Olas de calor y apicultura: el impacto del verano extremo en las colmenas y las claves para evitar pérdidas

El escenario actual plantea un desafío adicional para la apicultura, una actividad que ya enfrenta múltiples presiones, desde la variabilidad climática hasta la disponibilidad de recursos florales. La intensificación de las olas de calor obliga a los productores a adaptar sus prácticas de manejo y a incorporar criterios de prevención como parte central de la estrategia productiva.

En este contexto, las recomendaciones técnicas apuntan a minimizar el impacto del calor, proteger la sanidad de las colmenas y garantizar una producción de miel de calidad, condición indispensable para la sustentabilidad económica y ambiental de la actividad. La experiencia acumulada en los últimos veranos demuestra que, con planificación y manejo adecuado, es posible reducir los riesgos y atravesar los meses más críticos sin comprometer el futuro de las colmenas.



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