Ecosistemas Agrícolas / Control de Plagas

El maíz con biotecnología enfrenta nuevos desafíos por la presión de plagas y obliga a ajustar el manejo agronómico

Un relevamiento nacional en más de 1,8 millones de hectáreas muestra alta adopción de eventos Bt, pero también mayor presencia de insectos, cambios en malezas y más uso de biológicos

El maíz con biotecnología enfrenta nuevos desafíos por la presión de plagas y obliga a ajustar el manejo agronómico
martes 13 de enero de 2026

La campaña agrícola 2024/25 dejó una señal clara para el sistema productivo argentino: la biotecnología sigue siendo una herramienta central en cultivos como maíz, soja y trigo, pero ya no alcanza por sí sola para sostener niveles de control óptimos frente a la creciente presión de plagas, enfermedades y malezas. Los datos surgen de un relevamiento técnico realizado sobre más de 1,8 millones de hectáreas en distintas regiones del país, que permite dimensionar cómo están manejando estos desafíos los productores.

El informe muestra que, aunque la adopción de eventos Bt continúa en niveles elevados, se detecta una presencia sostenida de insectos que tradicionalmente eran blanco de estas tecnologías. Esto obliga a repensar las estrategias de manejo y a profundizar el enfoque de sistemas integrados, donde la genética, los monitoreos, las aplicaciones químicas y las prácticas agronómicas trabajen de manera coordinada.

El maíz con biotecnología enfrenta nuevos desafíos por la presión de plagas y obliga a ajustar el manejo agronómico

Maíz: alta adopción Bt, pero mayor presión de lepidópteros

En el cultivo de maíz, los híbridos con tecnología Bt siguen dominando el esquema productivo. Durante la última campaña, la versión Vip fue la más utilizada, con una adopción cercana al 68% del área sembrada. Sin embargo, el relevamiento detectó que en el 82% de los casos hubo daños y presencia de especies consideradas objetivo de esta biotecnología, con especial protagonismo de la oruga de la espiga (Helicoverpa zea).

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El dato no implica un fracaso generalizado de la tecnología, pero sí marca un cambio de escenario. En la mayoría de los lotes, esos daños no derivaron en pérdidas económicas ni exigieron controles adicionales. De hecho, solo entre el 3% y el 15% de los materiales Vip y Cry requirieron aplicaciones complementarias de insecticidas. Aun así, los técnicos advierten que la tendencia confirma una presión creciente y la necesidad de proteger la eficacia de los eventos disponibles.

El mensaje técnico es contundente: no alcanza con elegir un híbrido con eventos apilados. La sustentabilidad del sistema depende de sostener refugios, realizar monitoreos frecuentes, ajustar fechas de siembra y evitar decisiones que incrementen la presión de selección sobre las poblaciones de insectos.

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Soja y trigo: cambios en el mapa sanitario

En soja, el panorama también refleja movimientos interesantes. La biotecnología Conkesta mostró un crecimiento significativo en adopción, al pasar de apenas 0,6% a 8,3% entre campañas consecutivas. Sin embargo, sigue muy por detrás de Intacta, que continúa concentrando alrededor del 78% del área.

En cuanto al comportamiento sanitario, la oruga medidora volvió a posicionarse como la principal responsable de las aplicaciones insecticidas, en un contexto donde también se mantiene la presión de arañuelas. Esto obliga a los productores a afinar los umbrales de daño, ajustar los momentos de control y evitar aplicaciones innecesarias que puedan acelerar procesos de resistencia.

El maíz con biotecnología enfrenta nuevos desafíos por la presión de plagas y obliga a ajustar el manejo agronómico

El trigo también mostró señales relevantes. La roya amarilla o estriada (Puccinia striiformis) tuvo una incidencia destacada y motivó aplicaciones fungicidas en más del 60% de los casos relevados. La enfermedad volvió a ocupar un lugar central en las decisiones de manejo, especialmente en zonas donde confluyeron condiciones ambientales favorables y materiales susceptibles.

En contraste, en maíz la roya común (Puccinia sorghi) estuvo presente en numerosos lotes, pero su impacto fue mucho menor desde el punto de vista productivo y casi no requirió intervenciones químicas.

Malezas: una presión estructural que se mantiene

El frente de las malezas continúa siendo uno de los más complejos para la agricultura argentina. La rama negra volvió a ser determinante en los barbechos de primavera, consolidándose como una de las especies más difíciles de manejar. A ella se sumaron el yuyo colorado y el sorgo de Alepo, especialmente problemáticos en los cultivos estivales durante la postemergencia.

Esta presión se refleja directamente en los esquemas de control. En preemergencia, los activos más utilizados fueron los herbicidas HPPD, PPO y ALS, mientras que en postemergencia predominaron glifosato, productos hormonales y graminicidas. En los cultivos de invierno, en cambio, se observó menor nivel de aplicaciones postemergentes, salvo en situaciones donde fue necesario intervenir para controlar crucíferas.

Más allá de los productos utilizados, los técnicos remarcan que el problema de fondo no es solo químico. La falta de rotaciones intensas, la simplificación de los sistemas y la dependencia excesiva de un número reducido de principios activos explican buena parte de la situación actual.

El maíz con biotecnología enfrenta nuevos desafíos por la presión de plagas y obliga a ajustar el manejo agronómico

Más biológicos y manejo integrado

Uno de los datos más alentadores del relevamiento es el crecimiento en el uso de productos biológicos. El 37,7% de los productores declaró haber incorporado algún biológico —además de inoculantes—, lo que representa un aumento de 10 puntos porcentuales respecto del año anterior. Dentro de este grupo, los bioestimulantes fueron los más utilizados, seguidos por otros productos orientados a mejorar la sanidad y la eficiencia del cultivo.

Si bien el control químico continúa siendo la herramienta principal frente a malezas y plagas, el avance de estas alternativas marca un cambio cultural progresivo. Cada vez más productores incorporan también cultivos de servicio, reducen el espaciamiento entre hileras, ajustan densidades de siembra y buscan estrategias que aporten estabilidad al sistema.

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Un cambio de paradigma productivo

El relevamiento técnico deja una conclusión clara: el futuro del manejo agronómico no pasa por apostar a una sola herramienta, sino por integrar múltiples decisiones en un enfoque más sistémico. La biotecnología sigue siendo clave, pero su eficacia depende de cómo se la utilice dentro de un esquema más amplio de manejo integrado.

La creciente presión de insectos sobre eventos Bt, la persistencia de malezas tolerantes y la reaparición de enfermedades obligan a elevar el nivel de planificación. Monitoreo profesional, decisiones basadas en datos, diversificación de herramientas y mayor anticipación aparecen como los ejes centrales para sostener la productividad en un contexto cada vez más exigente.



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