Brasil y México profundizan su alianza estratégica para ganar autonomía frente a las grandes potencias

Ambos gobiernos impulsan acuerdos en comercio, ciencia y biocombustibles para diversificar mercados y reducir dependencia externa

Brasil y México profundizan su alianza estratégica para ganar autonomía frente a las grandes potencias
miércoles 14 de enero de 2026

México y Brasil, las dos economías más grandes de América Latina, avanzan en el fortalecimiento de su relación bilateral con el objetivo de ampliar su margen de autonomía en un escenario global marcado por la disputa entre Estados Unidos y China. La iniciativa, impulsada por los gobiernos de Claudia Sheinbaum Pardo y Luiz Inácio Lula da Silva, se consolidó durante 2025 mediante reuniones diplomáticas, acuerdos sectoriales y memorandos de entendimiento firmados en Ciudad de México, y resulta relevante porque busca diversificar los vínculos comerciales, reducir la vulnerabilidad ante aranceles externos y construir una cooperación regional más sólida.

El acercamiento entre ambos países no implica la creación de un bloque cerrado ni una alianza formal, pero sí una estrategia sostenida para profundizar la cooperación en áreas consideradas clave: comercio, investigación científica, educación, producción de biocombustibles, agricultura y políticas sociales. En un contexto internacional cada vez más fragmentado, México y Brasil apuntan a reforzar su capacidad de negociación frente a actores globales y a disminuir su exposición a decisiones unilaterales de las grandes potencias.

Brasil y México profundizan su alianza estratégica para ganar autonomía frente a las grandes potencias

Durante los últimos meses, los contactos políticos de alto nivel se intensificaron. La sintonía entre Sheinbaum y Lula se tradujo en una agenda común que prioriza el intercambio económico y la cooperación tecnológica. Uno de los hitos fue la visita a México de una delegación brasileña encabezada por el vicepresidente y ministro Geraldo Alckmin, que permitió firmar memorandos de entendimiento en materia de comercio, agricultura y biocombustibles. El objetivo explícito de esos acuerdos es abrir una nueva etapa en la relación bilateral y facilitar proyectos conjuntos con impacto concreto en la producción y el empleo.

La cooperación en biocombustibles, especialmente en torno al etanol, ocupa un lugar central en esta agenda. Brasil es uno de los mayores productores mundiales y cuenta con décadas de experiencia en el desarrollo de esta industria, mientras que México busca fortalecer su transición energética y diversificar su matriz. El intercambio técnico y la posibilidad de articular cadenas productivas aparecen como una oportunidad para ambos países, tanto desde el punto de vista económico como ambiental.

En el plano comercial, la estrategia responde a necesidades concretas de cada parte. México, altamente integrado a la economía estadounidense, explora desde hace tiempo la diversificación de sus socios para reducir su dependencia del mercado del norte. Las tensiones comerciales, los cambios de política arancelaria y la incertidumbre en torno a algunas reglas del intercambio empujaron a su gobierno a buscar nuevos equilibrios. Brasil, por su parte, enfrenta fricciones periódicas con Washington y procura ampliar su red de destinos para las exportaciones, especialmente en sectores industriales y agroalimentarios.

Brasil y México profundizan su alianza estratégica para ganar autonomía frente a las grandes potencias

El acercamiento entre ambos países se apoya también en una visión compartida sobre el rol de América Latina en el escenario global. Tanto Lula como Sheinbaum expresaron en distintas oportunidades la necesidad de que la región deje de actuar de manera fragmentada y construya posiciones comunes en temas estratégicos. La cooperación bilateral aparece, en ese sentido, como un primer paso hacia una articulación más amplia que permita a los países latinoamericanos ganar peso específico en foros internacionales y negociaciones comerciales.

A diferencia de otros procesos de integración, este vínculo no se plantea como un tratado de libre comercio amplio. México optó por no avanzar en un acuerdo integral de ese tipo y priorizó una actualización de los convenios existentes, junto con mecanismos de cooperación regulatoria. Entre los puntos sensibles se encuentran los protocolos sanitarios que protegen ciertos productos agropecuarios, un aspecto que ambos gobiernos decidieron preservar para evitar conflictos internos. Esa decisión marca los límites de la relación, pero no invalida el proceso de acercamiento, que continúa activo y con resultados concretos.

El contexto internacional otorga un marco particular a esta estrategia. La competencia entre Estados Unidos y China atraviesa el comercio, la tecnología, la seguridad y las cadenas de suministro. En ese escenario, los países intermedios enfrentan el riesgo de quedar atrapados en disputas ajenas o de sufrir consecuencias indirectas, como aranceles, restricciones comerciales o presiones diplomáticas. La respuesta de México y Brasil apunta a reducir esa vulnerabilidad mediante una mayor articulación regional y una diversificación de vínculos.

Desde el punto de vista económico, la complementariedad entre ambas economías ofrece oportunidades concretas. Brasil cuenta con un potente sector agroindustrial, una base energética diversificada y capacidad tecnológica en áreas específicas. México, por su parte, posee una industria manufacturera integrada a América del Norte, una ubicación geográfica estratégica y una extensa red de acuerdos comerciales. La combinación de esos perfiles puede generar sinergias en sectores como la automotriz, la energía, la agroindustria y la innovación tecnológica.

Brasil y México profundizan su alianza estratégica para ganar autonomía frente a las grandes potencias

La dimensión política también resulta clave. El acercamiento entre México y Brasil se produce en un momento en que varios países de la región buscan redefinir su inserción internacional. Sin proclamar un enfrentamiento directo con las grandes potencias, ambos gobiernos transmiten una señal clara: América Latina puede y debe construir márgenes propios de decisión. Esa postura no implica aislamiento, sino una estrategia de mayor equilibrio en las relaciones externas.

Los desafíos, sin embargo, son significativos. La distancia geográfica, las diferencias regulatorias, los intereses sectoriales contrapuestos y los cambios políticos internos pueden ralentizar el proceso. Además, la relación bilateral debe demostrar resultados tangibles para sostenerse en el tiempo: aumento del comercio, proyectos conjuntos efectivos, transferencia tecnológica y beneficios concretos para las poblaciones de ambos países. Sin esos avances, el riesgo es que la cooperación quede reducida a gestos diplomáticos sin impacto estructural.

Aun con esas limitaciones, la profundización del vínculo entre Brasil y México marca un hecho político y económico de peso en la región. No se trata de un desafío frontal a Estados Unidos o China, sino de una estrategia más sutil y pragmática: construir capacidades propias, diversificar alianzas y ganar autonomía en un mundo cada vez más competitivo. En esa búsqueda, la cooperación entre las dos mayores economías latinoamericanas aparece como una de las apuestas más relevantes de los últimos años para el futuro de América Latina.



Invertí en periodismo de calidad

En Agroempresario trabajamos para acercarte contenidos que agregan valor.
Quiero suscribirme

Todas las Categorías

¡Envianos tus Contenidos!

Difundí tus Ideas, Conocimientos, Experiencias, Opiniones y Proyectos.


¡Juntos el Campo es más fuerte!



















¡Juntos por la eliminación
de las Retenciones!

Te invitamos a contarle a todos los argentinos por qué es bueno eliminar las Retenciones.

¡Sumá tu Stand!

Publicá tu marca en la plataforma líder del agro y aumentá tus ventas hoy.

Recibí los mejores contenidos

Suscribite a nuestro Newsletter y sigamos agregando valor.

Agroempresrio

¡Contenidos que agregan valor!