La Zona Franca de General Pico cerró 2025 con un balance positivo en términos de actividad, empleo y volumen de operaciones, pese al impacto de la recesión nacional, la caída del consumo interno y la apertura de importaciones sobre el entramado industrial. El desempeño del polo productivo, que depende del Ministerio de la Producción de La Pampa, resulta relevante porque confirma su rol como herramienta estratégica para sostener el desarrollo regional, atraer inversiones y fortalecer la logística y el comercio exterior en el centro del país.
En la actualidad, el predio alberga 25 empresas radicadas como Usuarios Directos y otras 41 firmas bajo la figura de Usuarios Indirectos, lo que configura un ecosistema productivo diverso que abarca sectores como petróleo y minería, maquinaria vial, ferretería y textil, además de servicios tecnológicos. En conjunto, estas actividades generan 560 puestos de trabajo, una cifra que marca un leve pero significativo incremento respecto del cierre de 2024 y que refleja la capacidad del esquema para sostener empleo incluso en un contexto macroeconómico adverso.
Durante los últimos meses, el escenario nacional estuvo marcado por la contracción del consumo, la retracción de la actividad industrial y un cambio en las condiciones de competitividad para numerosos sectores. La Zona Franca no quedó al margen de ese panorama, pero logró sostener niveles de operación a partir de la articulación entre el sector público y el privado y de una estrategia orientada a acompañar a las empresas instaladas en el predio.

El presidente del Comité Ejecutivo de la Zona Franca, Germán Luqui, describió con precisión el impacto del contexto sobre la dinámica interna del espacio productivo. “Ha sido un año donde por un lado, varias firmas se vieron obligadas a reducir su nivel de actividad, suspender operaciones e incluso despedir personal, mientras que por otro, se observó un incremento en el volumen de mercaderías importadas almacenadas, particularmente en rubros petrolero, ferretero y vial, lo que refleja un cambio en la dinámica de uso del predio, aumentando significativamente la cantidad de operaciones y los montos totales en dólares, con mayor peso del almacenamiento frente a la radicación de nuevas industrias”, explicó.
Ese cambio de perfil no implica una pérdida de relevancia del espacio, sino más bien una adaptación a las nuevas condiciones del mercado. El crecimiento del volumen de mercaderías almacenadas y del monto total de las operaciones evidencia que la Zona Franca continúa siendo un nodo logístico atractivo para empresas que buscan optimizar costos y aprovechar los beneficios aduaneros y fiscales que ofrece el régimen.
El objetivo central de la Zona Franca de General Pico (ZFGP), desde su creación, es impulsar el comercio exterior, la logística y las exportaciones desde La Pampa, mediante un esquema que otorga ventajas fiscales y aduaneras, como exenciones impositivas y facilidades operativas, para promover la inversión, la producción y la generación de empleo. En ese marco, su función como hub estratégico adquiere especial importancia en una región con fuerte perfil agroindustrial y creciente diversificación productiva.

Los números de 2025 permiten dimensionar esa contribución. Hasta el 30 de noviembre, se registraron 934 operaciones comerciales por un monto superior a los 65 millones de dólares, una cifra que refleja no solo la intensidad de la actividad, sino también el volumen de negocios que se canaliza a través del predio. A estos datos se suma un indicador clave para evaluar el potencial de crecimiento: actualmente, cuatro empresas están ampliando su infraestructura dentro de la Zona Franca y otras cuatro firmas analizan la viabilidad de radicarse en el espacio, lo que abre una perspectiva de expansión para el corto y mediano plazo.
El desempeño de las empresas instaladas ofrece un panorama heterogéneo, pero con señales de resiliencia y proyección. Santiago Acquaroli, gerente de ACA Pentasilo, realizó un balance del año productivo de la compañía dedicada a la fabricación de silo bolsa. “Nuestro último ciclo productivo que finalizó en julio de 2025 terminó muy bien, fue prácticamente uno de nuestros planes de producción récord. Arrancamos este más lento, pero con buenas proyecciones. Creemos que vamos a estar con un nivel de producción histórico, con precios más reprimidos y una rentabilidad más justa, pero en general con un balance satisfactorio”, señaló. La empresa, que está próxima a cumplir 10 años de presencia en la provincia, cuenta con una planta de 42 empleados y destina la mayor parte de su producción al mercado nacional, con impacto directo en la cadena agroindustrial.
También desde el sector tecnológico surgen señales alentadoras. Martín D’Amico, gerente fundador de TECRO Ingeniería, explicó que la compañía logró cumplir sus objetivos a pesar de las dificultades macroeconómicas. “La empresa cierra un año donde, si bien hicimos un gran esfuerzo y varias adecuaciones, pudimos cumplir con nuestros objetivos. Fue un año donde la situación financiera, que ya venía afectándonos a nivel de los costos por el estancamiento del dólar, impactó aún más. No obstante, a nivel comercial seguimos creciendo, sumando nuevos mercados”, afirmó. TECRO cuenta actualmente con 60 empleados, se dedica a la industria del software y tiene como principal mercado a Estados Unidos, con planes concretos de expansión comercial hacia Latinoamérica durante 2026.
Estos testimonios permiten observar una característica central del ecosistema productivo de la Zona Franca: la coexistencia de sectores tradicionales vinculados a la industria y la logística con actividades intensivas en conocimiento, como el desarrollo de software. Esa diversidad amplía el impacto económico del predio y refuerza su capacidad para adaptarse a distintos ciclos del mercado.

El balance general del año deja en evidencia que 2025 fue un período de grandes desafíos para el sector industrial radicado en la Zona Franca, pero también de esfuerzo sostenido por parte de las empresas y de presencia activa del Estado provincial. Esa combinación permitió amortiguar los efectos de la crisis, sostener niveles de empleo y mantener en funcionamiento un engranaje clave para la economía regional.
De cara a 2026, los indicadores disponibles —ampliaciones en marcha, nuevas empresas interesadas, aumento de operaciones y diversificación sectorial— configuran un escenario de expectativas moderadamente optimistas. En un contexto nacional todavía incierto, la experiencia de la Zona Franca de General Pico muestra que los instrumentos de política productiva, cuando se articulan con el sector privado y cuentan con continuidad institucional, pueden convertirse en plataformas concretas para el desarrollo, más allá de las coyunturas.