La Reserva Natural de San Fernando se convirtió durante el verano en uno de los espacios más elegidos por vecinos y turistas para disfrutar del aire libre en la zona norte del conurbano bonaerense. El predio, de siete hectáreas y acceso gratuito, funciona de jueves a domingos y feriados de 8 a 19 horas, ofrece recorridos seguros y educativos, y permite el contacto directo con la biodiversidad local a pocos metros del casco urbano.
Ubicada entre las vías del Tren de la Costa y la ribera sanfernandina, a orillas del río Luján, la reserva funciona como un verdadero pulmón verde municipal. El ingreso se realiza por la intersección de Almirante Brown y Verminio Servetto, donde los visitantes encuentran cartelería informativa y una propuesta que combina recreación, educación ambiental y conservación.
En los últimos años, el espacio consolidó su perfil como área protegida y de uso público responsable. Familias, grupos de amigos, ciclistas, estudiantes y fotógrafos de naturaleza recorren el predio atraídos por la posibilidad de acceder a un entorno natural cuidado sin costo de entrada, algo cada vez más valorado en el contexto urbano.
Uno de los principales atractivos de la reserva es su red de 12 senderos de baja dificultad, pensados para que personas de todas las edades puedan recorrerlos con comodidad. Los caminos están señalizados y cuentan con paneles explicativos sobre las especies vegetales y animales presentes en el lugar, lo que transforma la visita en una experiencia educativa además de recreativa.
A lo largo del recorrido se pueden observar numerosas especies de flora nativa, entre ellas la anacahuita, la verbena colorada, la santa Lucía y la salvia guaranítica, plantas características del ecosistema ribereño bonaerense. También hay presencia de vegetación exótica, como ligustro, mora y cañas de bambú, introducidas en décadas pasadas desde distintas regiones del mundo y hoy integradas al paisaje.

La fauna es otro de los grandes valores del espacio. La reserva alberga especies típicas del Delta y la ribera del Luján, que circulan en libertad. Entre los animales que pueden avistarse durante los paseos se encuentran carpinchos, comadrejas, tortugas, garzas, churrinches y pavas del monte. La posibilidad de observarlos en su hábitat natural, sin jaulas ni encierro, es uno de los aspectos más destacados por quienes visitan el lugar.
Dentro del predio funciona además un corredor de mariposas, diseñado para favorecer la presencia de distintas especies mediante la incorporación de sus plantas hospederas. En este sector se pueden apreciar al menos 10 especies de las más de 200 registradas en la provincia de Buenos Aires, lo que lo convierte en un punto de interés especial para aficionados a la observación de insectos y fotógrafos de naturaleza.
Entre las mariposas más visibles se encuentran la Cuatro Ojos, asociada a plantas como la Marcela y la Boquita de Campo; la Bandera Argentina, vinculada al Coronillo y el Ingá; y la Monarca, que depende de especies como la Tasi y el Plumerillo Negro. También aparecen la Limoncito y las Espejitos, habituales en los meses de mayor temperatura.
El corredor no solo cumple una función estética, sino también educativa: permite comprender el rol de los insectos polinizadores y la importancia de conservar la flora nativa para sostener los equilibrios ecológicos.
La reserva fue diseñada para que pueda recorrerse también en bicicleta, gracias a senderos específicos que permiten circular de forma segura. En el acceso principal hay bicicleteros, infladores y herramientas básicas disponibles para los visitantes, una infraestructura poco frecuente en espacios públicos de acceso libre.

Los caminos internos bordean un sector de bosque ribereño y conducen hacia una laguna artificial de aproximadamente 60 metros de largo, uno de los puntos más atractivos del predio. Desde allí, el recorrido culmina en la costa del río Luján, donde se construyó una pasarela de madera y un área de descanso equipada con mesas y bancos.
En ese sector está permitido sentarse, utilizar mantas y consumir alimentos y bebidas traídas desde el hogar, lo que convierte al lugar en una opción habitual para picnics familiares. La consigna general, promovida por el municipio, es clara: cada visitante debe llevarse consigo los residuos que genera, con el objetivo de sostener la limpieza y el equilibrio del ecosistema.

Para garantizar la conservación del entorno, la reserva cuenta con un reglamento de uso público que busca equilibrar el disfrute con el cuidado ambiental. Entre las normas principales se establece que:
Estas pautas forman parte de una política de educación ambiental que apunta a generar conciencia sobre la importancia de proteger los espacios naturales, incluso dentro del ámbito urbano.
Durante la temporada de verano, la Reserva Natural de San Fernando abre sus puertas de jueves a domingos y feriados, entre las 8 y las 19. La entrada es libre y gratuita.
El acceso principal se encuentra en Almirante Brown y Verminio Servetto, una zona de fácil conectividad. Para quienes llegan en tren, las estaciones Marina Nueva y San Fernando R. del Tren de la Costa están ubicadas a unos 500 metros del ingreso. También es posible arribar desde la estación San Fernando del ramal Mitre, con una caminata de aproximadamente 15 minutos.
En transporte público, las líneas de colectivo 60, 203 y 365 cuentan con paradas cercanas sobre la avenida del Libertador. En auto, el acceso se realiza por esa misma arteria, tomando luego Del Arca y Escalada hasta llegar a la entrada.

Más allá de su función recreativa, la reserva cumple un rol clave como herramienta de educación ambiental en el conurbano bonaerense. Escuelas, organizaciones sociales y grupos comunitarios la utilizan como espacio para actividades pedagógicas vinculadas a la biodiversidad, el cuidado del ambiente y la relación entre ciudad y naturaleza.
En un contexto de crecimiento urbano sostenido y reducción de espacios verdes, la experiencia de la Reserva Natural de San Fernando aparece como un modelo de gestión local que articula acceso público, conservación y conciencia ecológica. Su consolidación como destino de verano gratuito refleja una demanda creciente por propuestas que permitan reconectar con el entorno natural sin necesidad de grandes traslados ni costos elevados.