Brasil consolidó en los últimos meses la reactivación del puerto de Itajaí, en el estado de Santa Catarina, y lo proyecta como un nuevo hub logístico regional con capacidad para competir con terminales tradicionales de América Latina. La transformación, motorizada por inversión privada superior a los 130 millones de reales, permitió recuperar la operatividad, ampliar la capacidad y reposicionar al enclave en las rutas internacionales de comercio, en un contexto de creciente competencia entre puertos del Atlántico.
La recuperación de Itajaí marca un cambio significativo para una infraestructura que había quedado virtualmente paralizada tras el fin de su concesión anterior. Durante ese período, la actividad de contenedores se redujo de forma drástica y se produjeron demoras que impactaron en exportadores e importadores de la región sur de Brasil. La llegada de JBS Terminais, brazo logístico del grupo JBS, modificó ese escenario con un plan de inversiones destinado a modernizar equipos, optimizar procesos y recuperar la confianza de las navieras.

El resultado comenzó a reflejarse en la operatoria cotidiana. La terminal volvió a recibir buques de mayor porte, incrementó su capacidad para manejar cargas contenerizadas y fortaleció su especialización en segmentos como los contenedores refrigerados, clave para la exportación de proteínas animales y productos agroindustriales. Este perfil operativo convirtió nuevamente a Itajaí en una alternativa competitiva para empresas brasileñas y también para operadores de países vecinos que buscan reducir tiempos y costos logísticos.
La ubicación geográfica del puerto, sobre el litoral sur brasileño, representa una ventaja estratégica. Su cercanía a polos industriales y productivos del sur de Brasil, combinada con mejoras en conectividad terrestre y eficiencia operativa, amplió su área de influencia. En un escenario donde los principales puertos del Atlántico enfrentan problemas de saturación, Itajaí aparece como una opción con capacidad ociosa, servicios más ágiles y potencial de expansión.
Además de la recuperación operativa, el puerto atraviesa un proceso de definición institucional que podría profundizar su transformación. La terminal se encuentra en disputa para una concesión definitiva, un proceso que despierta interés entre inversores y operadores internacionales. De concretarse una adjudicación con horizonte de largo plazo, se espera que lleguen nuevos desembolsos de capital orientados a ampliar infraestructura, incorporar tecnología y consolidar su rol como plataforma regional.

El impacto de esta reactivación trasciende el ámbito local. Para Brasil, el fortalecimiento de Itajaí implica mayor capacidad para sostener el crecimiento de sus exportaciones, diversificar la logística portuaria y reducir la dependencia de terminales más congestionadas. En términos económicos, también favorece el desarrollo regional de Santa Catarina, un estado con fuerte perfil industrial, agroexportador y turístico.
Para América Latina, la consolidación de un nuevo hub en el sur del continente introduce mayor competencia en el sistema portuario regional. Esto puede traducirse en mejores condiciones para exportadores e importadores, más opciones de rutas y una redistribución parcial de flujos que hoy se concentran en pocos nodos. En un contexto de comercio global más exigente en términos de eficiencia y confiabilidad, la aparición de nuevos centros logísticos contribuye a mejorar la resiliencia del sistema.
La apuesta de JBS Terminais sobre Itajaí se inscribe, además, en una tendencia más amplia: el creciente protagonismo de actores privados en la modernización de infraestructuras estratégicas. La empresa orientó los recursos no solo a la renovación física del puerto, sino también a la incorporación de sistemas tecnológicos para gestión de cargas, trazabilidad y coordinación operativa, elementos considerados clave para competir en estándares internacionales.
En la práctica, esa modernización permitió mejorar indicadores de productividad, reducir tiempos de espera y volver a atraer a grandes líneas marítimas que habían retirado servicios durante el período de parálisis. La recuperación de frecuencias internacionales fue uno de los factores decisivos para reposicionar a Itajaí en el radar de los operadores globales.
El proceso también pone de relieve la importancia de las reglas de juego y la previsibilidad institucional en proyectos de infraestructura. La interrupción que sufrió el puerto tras el vencimiento de la concesión anterior dejó en evidencia la vulnerabilidad de los nodos logísticos cuando no existen transiciones ordenadas entre operadores. La reactivación actual, en cambio, muestra cómo la combinación de inversión privada, horizonte de largo plazo y gestión profesional puede revertir escenarios adversos en plazos relativamente acotados.
Desde el punto de vista del comercio internacional, el fortalecimiento de Itajaí coincide con un momento de reconfiguración de cadenas logísticas. Las empresas buscan diversificar rutas, reducir dependencias excesivas de determinados puertos y ganar flexibilidad ante eventuales disrupciones. En ese marco, la disponibilidad de un puerto competitivo adicional en el Atlántico Sur suma valor para exportadores de Brasil, Paraguay, Argentina y otros mercados cercanos.

La capacidad del puerto para manejar grandes volúmenes de TEUs, recibir buques de mayor calado y ofrecer servicios especializados lo coloca en una posición de competencia directa con terminales consolidadas de la región. A diferencia de etapas anteriores, cuando su rol era más periférico, hoy Itajaí vuelve a ser considerado en la planificación logística de grandes operadores.
El desafío hacia adelante será sostener este proceso de crecimiento y evitar que la recuperación se estanque. La definición de la concesión definitiva aparece como un paso clave para garantizar nuevas inversiones y consolidar el perfil de largo plazo del puerto. También será determinante la articulación con políticas públicas de infraestructura, como mejoras en accesos viales, ferroviarios y conectividad multimodal, que permitan aprovechar plenamente su potencial.
La experiencia de Itajaí se suma a otros casos en América Latina donde puertos que habían perdido protagonismo lograron reposicionarse mediante inversiones estratégicas. En un escenario de competencia global cada vez más intensa, la capacidad de adaptación y modernización se convierte en un factor central para definir qué terminales logran consolidarse como nodos logísticos relevantes y cuáles quedan relegadas.
En ese contexto, la transformación del puerto de Itajaí deja de ser un fenómeno estrictamente local para convertirse en una señal más amplia sobre la evolución del mapa portuario regional. La combinación de capital privado, renovación tecnológica y reordenamiento institucional permitió que un enclave que parecía condenado a la marginalidad vuelva a ocupar un lugar central en la logística del Atlántico Sur.