La campaña agrícola 2025/26 muestra un avance sostenido en los principales cultivos del país: la siembra de soja ya alcanza el 93,9% del área proyectada a nivel nacional y el maíz llegó al 91,7%, aunque con retrasos puntuales por lluvias intensas en regiones del norte. El panorama, relevado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y difundido por Infobae, resulta relevante porque define las perspectivas productivas de la próxima cosecha y anticipa el impacto potencial sobre el ingreso de divisas y la actividad económica vinculada al agro.
El dato más destacado del informe es el elevado nivel de implantación de la oleaginosa, que consolida un ritmo de avance alto pese a las complicaciones climáticas que persisten en algunas zonas. La soja se mantiene, además, con un estado general favorable: el 95% de los lotes presenta condición Normal a Buena, lo que sostiene expectativas positivas para el ciclo en curso. Este indicador refleja que, más allá de las heterogeneidades regionales, el cultivo transita sus primeras etapas con un desempeño estable en la mayor parte del área agrícola.
No obstante, el contexto climático muestra contrastes marcados. Mientras que en sectores del norte argentino se registran excesos hídricos que dificultan el ingreso de maquinaria, en otras zonas comienza a evidenciarse un déficit de humedad en el perfil del suelo. De hecho, el informe advierte que a nivel nacional se produjo un aumento intersemanal de 11,7 puntos porcentuales en el área bajo condición hídrica Regular/Sequía, una señal de alerta que obliga a seguir con atención la evolución de las lluvias durante las próximas semanas.

Las demoras más significativas en la siembra se concentran en el NEA y en el Centro-Norte de Santa Fe, donde el exceso de agua limita las tareas de implantación y genera complicaciones operativas. En estas regiones, el progreso de la campaña depende directamente de la mejora en las condiciones de piso y de una estabilización del régimen de precipitaciones. Aun así, el grado de avance acumulado permite sostener un escenario general de normalidad para la soja a escala nacional.
En el caso de la soja de primera, entre el 15% y el 30% del área ubicada en los núcleos productivos y en la región Norte de La Pampa–Oeste de Buenos Aires ya ingresó en el período de definición de rendimiento. Esta etapa es clave porque el potencial productivo queda fuertemente condicionado por la disponibilidad de agua. Justamente en esa zona, la falta de humedad comienza a manifestarse con mayor claridad, por lo que la ocurrencia de nuevas precipitaciones será determinante para sostener el rendimiento esperado.
La soja de segunda, en tanto, muestra una evolución acorde a la época del año. Alrededor del 60% del área se encuentra en etapa de diferenciación de nudos, lo que refleja un desarrollo vegetativo normal y sin signos de deterioro generalizado. Este segmento del cultivo, que depende en mayor medida de las condiciones posteriores a la cosecha de trigo, también quedará sujeto al comportamiento del clima durante el verano.
El maíz con destino a grano comercial exhibe un panorama similar al de la soja en cuanto al avance de las labores, aunque con mayores dificultades operativas en determinadas regiones. La siembra alcanzó el 91,7% del área proyectada, pero las lluvias recientes mantienen retrasos en el NOA, el NEA y el Centro-Norte de Santa Fe, donde persisten condiciones de exceso hídrico. En estos territorios, la continuidad de las tareas dependerá de una mejora en la transitabilidad de los lotes.
En términos de estado del cultivo, el cereal presenta indicadores favorables. El 74% del maíz temprano transita actualmente su período crítico, y el 93% de los lotes se ubica en condición Normal a Buena. Este nivel de sanidad y vigor refuerza las proyecciones positivas para el cultivo, siempre y cuando las condiciones ambientales acompañen durante las etapas decisivas del ciclo.

Sin embargo, el foco de preocupación se concentra nuevamente en la región Norte de La Pampa–Oeste de Buenos Aires. Allí, el 100% del área de maíz temprano se encuentra en floración, una fase altamente sensible a la disponibilidad hídrica. Si bien el 86% mantiene condición Normal/Buena, la persistencia de un escenario seco podría comprometer el desempeño de los lotes más adelantados. La evolución de las lluvias en esta región será, por lo tanto, uno de los factores clave para definir el resultado final de la campaña.
El escenario que describe el relevamiento difundido por Infobae expone una campaña marcada por la heterogeneidad climática. Por un lado, el exceso de precipitaciones genera demoras operativas y complica la logística en sectores del norte. Por otro, la falta de humedad comienza a encender señales de alerta en zonas centrales, donde los cultivos ingresan en etapas decisivas para la definición de rendimiento. Este contraste obliga a un seguimiento fino región por región, ya que el resultado productivo no dependerá de un único patrón climático sino de la evolución particular en cada área.
Desde una perspectiva económica, la evolución de la campaña 2025/26 es observada con atención no solo por el sector agropecuario sino también por el conjunto de la economía. La soja y el maíz representan una porción sustancial de las exportaciones argentinas y constituyen una de las principales fuentes de ingreso de divisas. Por eso, la combinación de altos niveles de siembra y buen estado general de los cultivos resulta una señal alentadora, aunque todavía sujeta a la incertidumbre climática típica de los meses de verano.
La experiencia de campañas recientes refuerza esta cautela. Años con buenos comienzos terminaron afectados por sequías o eventos extremos, mientras que ciclos con arranques irregulares lograron recuperarse gracias a lluvias oportunas. En ese contexto, el dato de que más del 90% de la soja y el maíz ya estén implantados permite afirmar que la base productiva está asegurada, pero no garantiza por sí sola un resultado final elevado.

En el corto plazo, la atención estará puesta en la evolución de las precipitaciones durante febrero y marzo, meses decisivos para la definición del rinde en soja y para el llenado de grano en el maíz temprano. También será clave la evolución de los cultivos tardíos, que suelen amortiguar el impacto de eventuales déficits hídricos en las siembras más tempranas.
Por ahora, el balance general muestra una campaña que avanza con buen ritmo de implantación, cultivos que mayoritariamente presentan condición favorable y un clima que, aunque desafiante, todavía no provocó daños estructurales. La combinación de estos factores mantiene abiertas las expectativas de un ciclo agrícola con resultados positivos, siempre condicionado a lo que ocurra en las próximas semanas.