El Parque Nacional Monte León, ubicado sobre la costa atlántica de Santa Cruz y a poco más de dos horas de Río Gallegos, consolida su crecimiento como destino turístico durante la temporada de verano, con un aumento sostenido de visitantes provenientes tanto de la provincia como de otras regiones del país. La combinación de naturaleza protegida, biodiversidad, acceso al mar y experiencias educativas explica por qué el área protegida dejó de ser un sitio de paso para transformarse en una elección concreta para quienes buscan descanso y contacto con el entorno.
El parque, reconocido como el primer parque nacional costero-marino de la Argentina, ofrece un perfil diferente dentro del mapa turístico patagónico. No se apoya en grandes desarrollos urbanos ni en infraestructura masiva, sino en una propuesta basada en la experiencia directa con el paisaje, el silencio y la contemplación. Esa identidad propia es la que impulsa su posicionamiento como un destino que crece año a año.
Según explicó la intendenta del parque, Mariela Gauna, la temporada presenta un movimiento positivo, con fuerte presencia de turistas locales. “Estamos viendo muchísimo movimiento interno, de distintas localidades de Santa Cruz, gente que se anima y aprovecha para recorrer sectores y atractivos de la provincia, y por suerte entre esas elecciones también está Monte León”, señaló. El dato no es menor: refleja una tendencia creciente al redescubrimiento del propio territorio, impulsada por propuestas de turismo de cercanía y por una mayor valoración de los espacios naturales protegidos.

Uno de los factores que explica este crecimiento es el trabajo sostenido en materia de educación ambiental y difusión comunitaria. El parque participa activamente en charlas escolares y actividades pedagógicas, lo que genera un efecto concreto en el flujo de visitantes. “Nos encontramos con familias que escucharon mencionar al parque en la escuela o por distintos medios, les quedó la inquietud, y ahora se están dando la oportunidad de venir, de salir a descansar y despejarse un poco de la rutina”, agregó Gauna. La experiencia muestra cómo la curiosidad sembrada en el ámbito educativo se traduce en visitas reales y en una relación más consciente con el patrimonio natural.
La costa atlántica es uno de los principales atractivos del área protegida. Las playas amplias, el sonido constante del mar y la ausencia de aglomeraciones conforman un entorno buscado por quienes priorizan la tranquilidad. La pesca recreativa responsable, habilitada entre enero y fines de abril con permiso previo y cumplimiento de normas, es otra de las actividades elegidas por los visitantes. Esta regulación forma parte de una estrategia más amplia orientada a compatibilizar el disfrute turístico con la conservación de los ecosistemas.
El avistaje de fauna ocupa un lugar central en la experiencia de Monte León. Senderos como el de la Pingüinera, la zona de la lobería y distintos puntos panorámicos permiten observar especies en su hábitat natural. Muchos visitantes llegan equipados con binoculares y cámaras, interesados no solo en la fotografía, sino también en comprender mejor la dinámica del lugar. “No es solo el contacto con la naturaleza, también buscan relax. Y ese descanso lo encuentran en el mar, en la costa, en el silencio y en el paisaje”, expresó la intendenta, al describir el perfil de quienes eligen el parque.

Uno de los rasgos distintivos de Monte León es su paisaje de contraste. La transición entre la estepa patagónica y el océano genera una escena poco habitual incluso para quienes conocen otras zonas de la provincia. “Uno viene recorriendo la estepa, con toda esa belleza, y de repente llega a la costa. Ese abrazo que se da entre la estepa y el mar es bellísimo, muy impactante. Es algo que queda grabado”, describió Gauna. La percepción visual cambia a lo largo del día: los colores del amanecer, la intensidad del sol sobre los acantilados y las tonalidades del atardecer convierten al lugar en un espacio especialmente atractivo para quienes buscan experiencias ligadas al paisaje.
El reconocimiento de Monte León como parque nacional costero-marino pionero también refuerza su valor simbólico. Fue una de las primeras áreas creadas para proteger de manera integral la franja costera del mar argentino, lo que le otorga una identidad singular dentro del sistema de parques nacionales. Esa condición no solo tiene relevancia ambiental, sino también cultural: representa un modelo de gestión que prioriza la preservación de ecosistemas frágiles y promueve un vínculo respetuoso entre las personas y la naturaleza.
La consolidación del parque como destino turístico también plantea desafíos. El equipo de trabajo apunta a mantener en condiciones los servicios básicos disponibles, como la proveeduría, el camping y la confitería, para garantizar una experiencia adecuada sin alterar el carácter del lugar. La planificación busca evitar la sobrecarga del área y sostener un equilibrio entre accesibilidad y conservación, uno de los ejes centrales del turismo en espacios protegidos.
Más allá de la infraestructura, el objetivo institucional está puesto en que los visitantes comprendan qué se protege y por qué. La señalización interpretativa, los senderos guiados y las instancias de información cumplen un rol clave en la construcción de una conciencia ambiental. La experiencia turística no se limita al disfrute visual: incluye la posibilidad de entender la función del parque dentro del ecosistema patagónico y su aporte a la conservación de la biodiversidad.
El crecimiento de Monte León se inscribe en una tendencia más amplia: el aumento del interés por el turismo de naturaleza, las escapadas vinculadas al bienestar y la búsqueda de destinos que ofrezcan experiencias auténticas. En ese contexto, el parque aparece como una opción que reúne condiciones cada vez más valoradas: accesibilidad relativa, contacto directo con el entorno, bajo nivel de masificación y una propuesta alineada con la sustentabilidad.
Para Santa Cruz, el posicionamiento de Monte León representa también una oportunidad estratégica. El desarrollo de destinos turísticos diversificados contribuye a fortalecer las economías locales, a generar movimiento durante la temporada y a ampliar el mapa de atractivos más allá de los puntos tradicionalmente consolidados. El hecho de que cada vez más santacruceños elijan recorrer su propia provincia refuerza además una dimensión cultural: el reconocimiento del territorio como parte de la identidad colectiva.

A medida que avanza la temporada, las expectativas se mantienen positivas. El desafío es sostener ese crecimiento sin perder la esencia que distingue al parque: su equilibrio entre conservación, disfrute y educación ambiental. Monte León no se presenta como un destino de grandes espectáculos, sino como un espacio donde el valor está en lo simple: caminar junto al mar, observar la fauna, contemplar el horizonte y entender que ese patrimonio natural requiere cuidado para perdurar.
En ese cruce entre paisaje, conciencia ambiental y experiencia turística, el parque nacional se consolida como uno de los espacios más representativos de la costa patagónica y como un ejemplo de cómo el turismo puede crecer sin resignar identidad ni compromiso con la conservación.