El Alero Charcamata, ubicado en el noroeste de Santa Cruz, es un sitio arqueológico y natural que combina pinturas rupestres, paisajes imponentes y biodiversidad única. El recorrido comienza en el Cañadón Pinturas, con 45 minutos en camioneta, seguido del vadeo de un río y media hora de caminata por senderos que atraviesan un valle profundo. La experiencia se completa cruzando varias veces el arroyo Charcamata y avanzando entre formaciones rocosas que, según el guía Claudio Figueroa, “parecen caras de gigantes observando nuestro paso”.

El trayecto permite observar guanacos, zorros, choiques, cóndores y águilas mora, ofreciendo una inmersión total en la naturaleza prácticamente intacta. “Nos hace sentir que estamos totalmente inmersos en la naturaleza del lugar y nos sentimos visitantes en un lugar mágico donde la mano del hombre prácticamente no ha tocado nada”, asegura Figueroa.
Al llegar al alero, lo primero que sorprende es su tamaño: más de 80 metros de boca y un techo de unos 20 metros, con formaciones que recuerdan a estalactitas. La pared principal alberga más de 30 metros de pinturas rupestres, con figuras superpuestas y colores que han resistido el paso de los siglos, creando un vínculo tangible con comunidades prehistóricas de la región.

El sitio ha sido estudiado por arqueólogos como Carlos Gradin, Carlos Aschero y Annete Aguerre, aunque las interpretaciones continúan abiertas. Algunos investigadores y visitantes sugieren que el alero estaba vinculado a lo femenino y la maternidad, funcionando como un posible espacio ritual de fertilidad. Además, artistas, paleontólogos y guías locales aportan lecturas espirituales y estéticas, reforzando el carácter enigmático del lugar.
Más que un destino arqueológico, Charcamata combina paisaje, fauna, historia y espiritualidad. La caminata incluye vadeos de ríos, senderos entre gigantescas formaciones rocosas y el descubrimiento de paredes cubiertas de arte milenario, generando la sensación de atravesar distintas épocas. “Todavía me sigo sorprendiendo”, concluye Claudio, reflejando la capacidad de asombro que hace de cada visita una experiencia única.

El Alero Charcamata se consolida así como un lugar donde la historia y la naturaleza se encuentran, invitando a los visitantes a mirar con atención cada detalle y a sentir la conexión con un pasado remoto que permanece vivo en la roca y el paisaje.