El ingeniero agrónomo Javier Fontaine encontró en el ozono una oportunidad para desarrollar una tecnología sustentable capaz de transformar procesos productivos en la industria alimentaria. Desde Córdoba, su empresa Ozonizer fabrica equipos generadores de este gas que hoy utilizan más de 130 industrias lácteas argentinas para proteger quesos, sanitizar instalaciones y mejorar la calidad de sus procesos. Según informó Bichos de Campo, la tecnología también se expande en bodegas, embotelladoras de agua y plantas de tratamiento de efluentes.
El ozono es una molécula compuesta por tres átomos de oxígeno que posee una elevada capacidad desinfectante. Aunque es conocido principalmente por su función en la atmósfera terrestre, también puede utilizarse para eliminar microorganismos sin dejar residuos químicos.
“Es una molécula que tiene tres átomos de oxígeno, que se juntan por una descarga eléctrica. La naturaleza lo hace en cada tormenta, el olor a tierra mojada es el del ozono”, explicó Fontaine, según informó Bichos de Campo.

Debido a que el ozono tiene una vida útil muy corta, no puede almacenarse durante largos períodos. Por ese motivo, debe generarse directamente en el lugar donde será utilizado mediante equipos capaces de concentrar oxígeno y producir el gas en tiempo real.
Una de sus aplicaciones más importantes se encuentra en la industria láctea, especialmente en las cámaras donde maduran los quesos. Allí, las condiciones de humedad y temperatura favorecen la aparición de hongos que afectan la calidad y conservación del producto.
Según explicó Fontaine, el mecanismo de acción del ozono se basa en la oxidación de microorganismos. “Siempre labura del mismo modo, entrega el átomo extra que tiene y mata microorganismos oxidando y rompiendo cadenas carbonadas”, señaló a Bichos de Campo.

La eliminación de hongos permite preservar el aspecto, la calidad y las características organolépticas de los quesos. Además, contribuye a reducir pérdidas productivas asociadas a contaminaciones durante el proceso de maduración.
“La maduración del queso está en el fermento que se le agrega a la masa, no en los hongos. Por eso hay que eliminarlos. Además, es un enemigo muy caro, porque va penetrando y hay que tornearlo para sacarlo”, afirmó Fontaine, según informó Bichos de Campo.
La tecnología también encontró oportunidades en la industria vitivinícola. Las barricas utilizadas para almacenar vino pueden ser sanitizadas mediante ozono luego de un proceso de limpieza con vapor. Al no dejar residuos químicos ni alterar aromas, permite conservar las características originales del producto.

Otro segmento relevante es el de las embotelladoras de agua. Allí, el ozono se utiliza para desinfectar envases y sistemas de almacenamiento sin modificar el sabor del agua.
“Casi 30% de nuestro trabajo es con los embotelladores de agua. El bidón se desinfecta con ozono porque, a diferencia del cloro, no transmite sabor”, explicó Fontaine a Bichos de Campo.
Además, el agua ozonizada puede emplearse para limpiar equipos industriales y en procesos de elaboración de alimentos. Su utilización permite reducir el uso de productos químicos tradicionales y mejorar la eficiencia operativa de distintas plantas productivas.

Otra aplicación destacada aparece en el tratamiento de efluentes industriales. El ozono ayuda a degradar contaminantes orgánicos e inorgánicos mediante procesos de oxidación, facilitando el cumplimiento de normas ambientales y reduciendo el impacto sobre el entorno.
La propuesta desarrollada por Ozonizer se apoya en un concepto central: generar una solución tecnológica utilizando aire como materia prima y con bajo consumo energético. Esta característica posiciona al ozono como una alternativa alineada con los desafíos actuales de sustentabilidad y eficiencia industrial.

Desde su planta ubicada en Córdoba, la compañía desarrolla íntegramente sus equipos y apuesta por la innovación nacional. “Es todo trabajo nuestro, trabajo 100% argentino”, destacó Fontaine, según informó Bichos de Campo.