Luis García Vallano creó su propia empresa de producción y comercialización de dulce de membrillo a los 80 años. Cuatro años después, su marca vende cerca de 30.000 kilos anuales desde una finca ubicada en Villanueva de la Vera, Cáceres, y abastece a clientes particulares de toda España, además de un supermercado de La Moraleja, en Madrid. Su historia destaca por combinar emprendimiento senior, tradición agrícola y una apuesta por los beneficios de un alimento tradicional.
A sus 84 años, García Vallano sostiene que el membrillo fue clave para mejorar su bienestar y decidió convertir esa experiencia personal en un proyecto empresarial. Actualmente, su firma ha logrado consolidar una clientela fiel y comercializa hasta 2.500 kilos de dulce de membrillo por mes.
Procedente de una familia vinculada históricamente al campo en Villa del Prado, Madrid, el empresario encontró en este fruto un símbolo de sus raíces. Lo que comenzó como una finca destinada al cultivo de nogales terminó convirtiéndose en una explotación con unas 12.000 plantas de membrillo.
“Lo elegí porque he comprobado los beneficios naturales que ofrece. Es bueno para el aparato digestivo, para el cerebro y para los huesos”, afirmó García Vallano.
El proyecto se desarrolla íntegramente en Villanueva de la Vera, una zona que descubrió durante un viaje por Extremadura junto a su esposa. Allí encontró las condiciones ideales para cultivar el fruto y desarrollar una producción artesanal.
El proceso de elaboración comienza con la recolección del membrillo entre octubre y marzo. Luego, los frutos son limpiados, troceados y sometidos a calor para reducir su dureza natural. Posteriormente se procesan hasta obtener una textura homogénea que da origen al tradicional dulce de membrillo artesanal.
Más allá de la producción, García Vallano busca promover el consumo de este alimento entre todas las generaciones. Considera que el membrillo forma parte de una cultura gastronómica que merece ser preservada y transmitida.
Su historia también está marcada por una profunda capacidad de reinventarse profesionalmente. Antes de dedicarse al sector agroalimentario había fundado una empresa de aires acondicionados que terminó cerrando. Lejos de abandonar la actividad emprendedora, utilizó esa experiencia para replantear sus objetivos y construir una nueva etapa profesional.
Según explica, su filosofía actual se apoya en cuatro pilares: cuidar el cuerpo y el espíritu, vivir con propósito, fortalecer la mente y mantener una actitud positiva frente a los desafíos.
“La ilusión te lleva a vencer desafíos, a querer vivir”, señaló al explicar cómo mantiene la energía necesaria para liderar un emprendimiento a una edad en la que muchas personas ya están jubiladas.
El empresario también expresó su preocupación por la falta de relevo generacional en el campo. Considera que los jóvenes tienen cada vez menos contacto con las actividades rurales y que la vida agrícola ofrece enseñanzas valiosas vinculadas al esfuerzo, la resolución de problemas y la perseverancia.
Para quienes desean emprender, su principal recomendación es enfocarse en actividades que realmente los apasionen. “Que haga algo que realmente le guste. Se gana dinero trabajando, pero trabajando bien”, aseguró.
A más de ocho décadas de vida, García Vallano se ha convertido en un ejemplo de que el emprendimiento no tiene edad. Su marca de membrillo demuestra cómo una tradición familiar, combinada con experiencia, perseverancia e innovación, puede transformarse en un negocio rural sostenible y con identidad propia.