Spotorno ve bases para la estabilidad: por qué la economía podría ordenarse en el mediano plazo

El economista destacó el equilibrio fiscal, la llegada de inversiones y la recuperación de la demanda de dinero como claves para normalizar inflación y dólar

Spotorno ve bases para la estabilidad: por qué la economía podría ordenarse en el mediano plazo
miércoles 21 de enero de 2026

El economista Fausto Spotorno advirtió que el Gobierno nacional atraviesa un escenario de fuertes tensiones macroeconómicas, en el que resulta difícil avanzar de manera simultánea en la baja de la inflación, la recuperación de la actividad y la estabilidad del mercado cambiario. Según explicó, las inconsistencias cambiarias de corto plazo son hoy una de las principales restricciones del programa económico y no pueden resolverse sin costos sobre otros objetivos centrales. El análisis fue realizado en una entrevista publicada por Ámbito, en un contexto marcado por la persistencia inflacionaria, la volatilidad del dólar y la necesidad de recomponer reservas.

Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de Orlando J. Ferreres & Asociados y director académico de la Licenciatura en Economía de la UADE, sostuvo que la política monetaria contractiva aplicada en la primera etapa de la gestión permitió evitar un desborde inflacionario mayor, pero que ese esquema comenzó a mostrar límites a medida que el Gobierno avanzó en la corrección de precios regulados y en la acumulación de reservas del Banco Central (BCRA).

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De acuerdo con el economista, la aceleración reciente de la inflación responde a varios factores que se superponen. Entre ellos, mencionó el impacto rezagado de la suba del dólar en el período pre y postelectoral, la actualización de tarifas de servicios públicos y la necesidad de emitir pesos para fortalecer las reservas. En ese marco, señaló que pretender sostener un tipo de cambio determinado desde el poder político suele ser ineficaz, ya que el nivel del dólar termina siendo definido por el mercado.

“El tipo de cambio real es una relación entre inflación y dólar. Si el Gobierno intenta forzar un nivel, la inflación termina ajustando”, explicó Spotorno, según consignó Ámbito. A su entender, este proceso expone un dilema clásico de la economía argentina: la dificultad para corregir desequilibrios acumulados sin generar presiones adicionales sobre los precios.

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Uno de los puntos centrales del análisis fue la dinámica de la dolarización de los ahorros. Spotorno indicó que durante 2025 la compra privada de dólares alcanzó aproximadamente u$s30.000 millones, una cifra incluso superior a la registrada en el peor momento de la crisis política durante el gobierno de Mauricio Macri. Ese comportamiento, explicó, complica la estabilización de la cuenta corriente y refuerza la volatilidad de la balanza de pagos.

Según el economista, la magnitud de esa salida de divisas resulta llamativa si se la compara con otros períodos de apertura económica. En un escenario más “normal”, estimó que la dolarización podría ubicarse entre u$s15.000 y u$s18.000 millones anuales, un rango que permitiría una mayor consistencia macroeconómica si se combina con ingresos de capital asociados a proyectos energéticos, en especial en Vaca Muerta, y con una balanza comercial superavitaria.

En ese sentido, Spotorno remarcó que Argentina recibe actualmente flujos de inversión vinculados al sector energético por entre u$s11.000 y u$s12.000 millones anuales, pero advirtió que esos ingresos no alcanzan para compensar una dolarización privada tan elevada, especialmente si el Estado debe afrontar pagos de deuda en efectivo. Por eso, consideró clave que el país recupere el acceso a los mercados internacionales para refinanciar sus compromisos y reducir el riesgo país.

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Respecto de la inflación, el economista señaló que el esquema actual no resulta compatible con una tasa mensual del 3% de manera sostenida. Si bien no descartó una desaceleración futura, sostuvo que el proceso será más lento de lo esperado y que, en el mejor de los casos, la economía podría converger hacia niveles cercanos al 2% mensual. Alcanzar registros más bajos, como el 1%, requeriría condiciones macroeconómicas que todavía no están dadas.

Spotorno también analizó el impacto del programa económico sobre la actividad. Explicó que la dureza de la política monetaria previa a las elecciones ya no puede sostenerse en el mismo grado, porque el contexto cambió y la economía necesita cierto nivel de remonetización para funcionar. Sin embargo, advirtió que relajar la política monetaria mientras se corrigen tarifas y se buscan reservas genera tensiones adicionales sobre los precios.

“El Gobierno enfrenta múltiples objetivos con muy pocas herramientas”, resumió el economista. En el corto plazo, dijo, esas incompatibilidades son inevitables y forman parte de un proceso de normalización tras años de desequilibrios macroeconómicos. En el largo plazo, en cambio, consideró que el esquema podría cerrar si se consolida el equilibrio fiscal, se reduce la deuda pública y se fortalecen las reglas de mercado.

Otro eje del análisis fue la reconversión del sector productivo. Spotorno planteó que la apertura económica y la eliminación de distorsiones dejan en evidencia ganadores y perdedores, y obligan a muchos sectores a adaptarse. En su visión, la recesión reciente no debe interpretarse solo como un fenómeno coyuntural, sino también como parte de un reordenamiento más profundo de la estructura productiva.

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En ese contexto, sostuvo que la capacidad del Estado para aplicar políticas productivas “quirúrgicas” es muy limitada. La falta de coordinación entre Nación, provincias y municipios, sumada a restricciones técnicas y operativas, dificulta la implementación de medidas focalizadas que acompañen la reconversión de empresas y sectores. “El Estado puede intervenir en lo grande, pero tiene enormes dificultades para resolver los problemas microeconómicos”, señaló.

Finalmente, Spotorno subrayó que la clave para una recuperación sostenida del consumo masivo pasa por el crecimiento de los salarios, lo que a su vez depende de mayores inversiones y de un entorno macroeconómico más estable. En su análisis, 2026 podría ser el último año del proceso de reordenamiento de la canasta de consumo, siempre que se consolide el crecimiento y se normalice el frente financiero.

El diagnóstico, según informó Ámbito, deja en claro que el principal desafío del Gobierno no es solo reducir la inflación, sino administrar las tensiones de corto plazo sin perder de vista un horizonte de mayor consistencia macroeconómica. En ese delicado equilibrio, el frente cambiario aparece como la variable más sensible y, al mismo tiempo, como una de las más difíciles de ordenar sin asumir costos políticos y económicos.



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