La casa matriz de Carrefour en Francia enfrenta, por estas horas, una definición clave sobre el futuro de su negocio en la Argentina: vender o no su filial local, una operación que involucra 700 sucursales, más de 17.000 empleados y una participación cercana al 21% del mercado supermercadista. La decisión, que debía resolverse antes de fines de enero de 2026, se encuentra empantanada por la falta de consenso interno en el directorio europeo, las dudas sobre el financiamiento de la única oferta formal recibida y la aparición de un nuevo jugador regional con ambiciones de expansión.
Según reconstruyó este medio a partir de fuentes del mercado y del sector financiero, el proceso de venta iniciado por Carrefour a mediados de 2025 ya no avanza con la velocidad prevista. En ese momento, el holding francés contrató al Deutsche Bank para evaluar alternativas estratégicas en un contexto de alta volatilidad macroeconómica y regulatoria en la Argentina, un factor que históricamente condicionó los planes de largo plazo de los grupos extranjeros.
El banco alemán armó una short list de interesados integrada por Francisco De Narváez, dueño de la cadena Changomás; el grupo chileno Cencosud; el fondo estadounidense Klaff Realty y Alfredo Coto, propietario de la cadena homónima. Con el correr de los meses, sin embargo, ese abanico se fue reduciendo de manera significativa.
Desde el inicio, De Narváez se posicionó como el candidato con mayores chances. A mediados de noviembre presentó una oferta concreta cercana a los u$s1.000 millones, acompañada por el compromiso de mantener la marca Carrefour en la Argentina. Para robustecer su propuesta, sumó como socios a Eduardo Elsztain, titular del grupo IRSA, y al fondo francés L. Catterton, con el que ya comparte negocios en el sector de indumentaria.
Además, el ex diputado nacional incorporó a Juan Pazo, ex titular de ARCA, con la promesa de ocupar el cargo de CEO de la nueva Carrefour Argentina en caso de concretarse la operación. Pazo no es un desconocido para el empresario: fue gerente general del Grupo Alas, sociedad integrada también por L. Catterton y propietaria de marcas como Rapsodia, Caro Cuore y Baby Cottons.
En paralelo, De Narváez avanzó con la venta de sus activos en Uruguay al grupo paraguayo Vierci, con el objetivo de reunir los fondos necesarios para cerrar la compra. Sin embargo, esa operación aún no fue aprobada por los organismos reguladores uruguayos, lo que demoró el ingreso del capital y debilitó su posición frente al directorio francés.
Hoy, la sociedad que lidera De Narváez —donde controla el 60% del grupo GDN, mientras que el 40% pertenece a L. Catterton— es la única que presentó una oferta formal. Pero ese punto, lejos de fortalecerla, se convirtió en un problema.
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De acuerdo con fuentes cercanas a la negociación, la propuesta no satisface las expectativas económicas de Carrefour, que aspiraba a obtener al menos u$s2.000 millones por sus activos en el país. Además, en París persisten interrogantes sobre la capacidad de financiamiento del empresario local para completar el deal en los términos planteados.
“La oferta está muy por debajo de lo que esperaba la casa matriz y el fondeo no está completamente asegurado”, señaló una fuente del sector financiero que sigue de cerca la operación. Esa combinación explica por qué, pese a ser el único oferente formal, De Narváez perdió impulso en las últimas semanas.
Mientras tanto, Carrefour evalúa un escenario que hasta hace algunos meses parecía descartado: postergar la venta o incluso continuar operando en la Argentina, apostando a una mejora del contexto económico local.
En paralelo a las dificultades del principal candidato, otros interesados abandonaron la carrera. El primero fue Cencosud, que se retiró en noviembre del año pasado. Más recientemente lo hizo Klaff Realty, fondo estadounidense dueño de la cadena uruguaya Tienda Inglesa, que inicialmente había sellado una alianza con Coto para presentar una oferta conjunta.
Pese a ese revés, Alfredo Coto nunca dejó de mostrar interés. Incluso armó una estructura técnica de alto nivel para analizar la operación, integrada por UBS como financial advisor, la consultora Deloitte, el estudio Bomchil y una boutique francesa de fusiones y adquisiciones que opera bajo el nombre EuroLatina Finance.
El proceso es liderado por Germán Coto, el hijo mayor del empresario, quien encabeza la estrategia de expansión del grupo y se perfila como su sucesor natural. Sin embargo, hasta ahora, Coto no presentó una oferta formal.
El giro más relevante del tramo final del proceso fue la aparición de Intercorp, uno de los conglomerados más grandes y diversificados de Perú, liderado por el magnate Carlos Rodríguez Pastor. Según confirmaron fuentes del mercado, el holding peruano se acercó directamente a Carrefour Francia, por fuera de la short list original, con una propuesta económica considerada “muy competitiva”.
Intercorp es dueño de InRetail, el mayor operador supermercadista de Perú, con cadenas como Plaza Vea, Vivanda, Makro y las tiendas de descuento Mass. Además, controla Interbank en el sector financiero, Inkafarma y Mifarma en farmacias y los shoppings Real Plaza. En los últimos meses, reforzó su estrategia regional con la compra de la cadena Erbi en Chile.
Para el grupo peruano, la Argentina representa una oportunidad estratégica: ingresar a un mercado grande aprovechando el retiro de multinacionales y activos valuados a precios más bajos. A diferencia de fondos europeos o estadounidenses, Intercorp tiene experiencia operando en contextos de inflación y cambios regulatorios, una ventaja que en París no pasa desapercibida.
Su know-how en formatos de descuento y mayoristas encaja, además, con la estructura de Carrefour Argentina, que opera híper, Market, Maxi y más de 450 tiendas Express, además del Banco de Servicios Financieros.
Con este nuevo escenario, el tablero quedó abierto. Carrefour debía anunciar una definición a mediados de noviembre de 2025, luego el plazo se corrió a diciembre y finalmente a enero de 2026. Hoy, ninguna de esas fechas parece definitiva.
La incertidumbre domina el proceso: una oferta local que no convence, un competidor regional con ambición expansiva y un directorio francés que evalúa si salir ahora, esperar o redoblar la apuesta en un mercado históricamente complejo pero de gran escala como el argentino.
Por ahora, la única certeza es que el futuro de Carrefour Argentina sigue en suspenso y que la decisión que se tome en París tendrá impacto directo sobre miles de empleados, proveedores y consumidores en todo el país, según consignó IProfesional.