Guillermo Martínez Balbis nació y se crió en Barrio Norte, en la ciudad de Buenos Aires, pero hace medio siglo tomó una decisión que marcaría su vida y su carrera productiva: mudarse al sureste de Formosa para dedicarse a la ganadería. Hoy, a los 75 años, es reconocido como uno de los referentes nacionales en la cría de búfalos, una actividad que ayudó a desarrollar y consolidar en regiones donde el modelo ganadero tradicional encontraba límites productivos. La historia fue reconstruida por Clarín Rural, en una entrevista realizada por el periodista Juan Manuel Colombo.
El desembarco de Martínez Balbis en el norte argentino se produjo cuando tenía 25 años y ya se había recibido de licenciado en Administración Agropecuaria en la entonces incipiente UADE. Una propuesta laboral lo llevó a hacerse cargo de la gestión de dos estancias de gran escala —unas 150.000 hectáreas— dedicadas a la ganadería vacuna. El cambio fue abrupto: de la vida urbana porteña pasó, casi sin transición, a conducir establecimientos rurales con decenas de empleados en una provincia que hasta entonces apenas conocía.

“Ahí me subieron a un avión y me trajeron para acá, a un establecimiento con 83 gauchos y una serie de cuestiones que apenas las podría haber imaginado”, relató Martínez Balbis en diálogo con Clarín Rural. Lejos de vivirlo como una experiencia pasajera, se integró rápidamente al entramado social y productivo local y decidió radicarse definitivamente en Formosa.
Tras la venta de las estancias por parte del grupo empresario estadounidense que lo había contratado, Martínez Balbis optó por no regresar a Buenos Aires. Junto a un socio local, desarrolló un emprendimiento de exportación de terneros a Paraguay, aprovechando una normativa de la entonces Junta Nacional de Carnes que habilitaba la salida de hacienda no reproductora desde provincias del norte argentino. En ese período, llegó a exportar unas 20.000 cabezas, utilizando transporte fluvial y bajo control oficial.
El punto de inflexión en su trayectoria llegó a mediados de la década del 80, cuando un amigo de juventud, Félix Noguera, le propuso sumarse a un proyecto poco explorado en la región: la introducción de búfalos importados desde Brasil. Martínez Balbis aceptó el desafío y adquirió 50 madres para iniciar su propio rodeo. “Ahí arrancamos en el año 86-87 y empezamos con los búfalos en Formosa”, recordó.

La actividad no estuvo exenta de dificultades iniciales. El desconocimiento sobre la especie era generalizado y, según relató, incluso algunos vecinos temían a los animales. Sin embargo, el proyecto avanzó de manera sostenida. En paralelo al desarrollo productivo, Martínez Balbis se involucró en la promoción institucional del búfalo, articulando acciones con la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos y la Sociedad Rural de Formosa.
Desde entonces, su vínculo con la actividad se mantuvo ininterrumpido. “Desde que empecé a trabajar con el búfalo es como que tuve una especie de enamoramiento”, explicó en la entrevista, al tiempo que subrayó que se trata de una producción que requiere conocimiento específico y manejo cuidadoso. “El búfalo no es un reemplazo del vacuno, sino una alternativa para determinados tipos de campos donde el vacuno no produce”, aclaró.
Martínez Balbis destacó que una de las principales ventajas del búfalo es su capacidad para convertir forraje de baja calidad en kilos de carne, lo que lo vuelve especialmente apto para ambientes con limitaciones hídricas o de suelos. También remarcó aspectos reproductivos diferenciales: mientras una vaca puede tener entre cinco y seis crías en su vida útil, una búfala puede alcanzar hasta 15 partos, con destetes que rondan los 200 a 240 kilos.

El productor también hizo hincapié en las buenas prácticas de manejo, señalando que desde hace décadas aplica criterios hoy asociados al bienestar animal. “No se grita en el campo, no se usan perros, no se corre a los animales”, explicó, al describir un enfoque que considera clave para trabajar con la especie.
Actualmente, Martínez Balbis desarrolla su actividad en el establecimiento La Yolanda, un campo de 800 hectáreas ubicado en el kilómetro 100 de la Navegación Río Bermejo, en el sureste de Formosa, cerca de Villa Escolar y Mansilla. Allí mantiene un rodeo de unas 260 madres de la raza Murrah, una de las tres razas bubalinas presentes en el país. En años anteriores llegó a contar con más de 600 madres, aunque las sequías recientes lo obligaron a reducir el stock.
El crecimiento de la producción bubalina en la Argentina respalda el camino que Martínez Balbis eligió hace cuatro décadas. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, a marzo de 2025 el país registraba más de 200.000 cabezas, frente a las 118.000 contabilizadas en 2019. Corrientes lidera el stock con el 46%, seguida por Formosa (21,6%) y Chaco (15%). En materia industrial, la faena alcanzó en 2024 unas 18.296 cabezas, con una producción cercana a las 4.000 toneladas de carne.

Además de su rol como productor, Martínez Balbis tuvo una intensa participación gremial. Fue vicepresidente de la Sociedad Rural de Formosa, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Chaco y Formosa (Chafor) y actualmente integra la Mesa Directiva de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), además de ser director de la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos.
Su historia resume un proceso más amplio: el desarrollo de alternativas productivas adaptadas al territorio, impulsadas por productores que apostaron a modelos distintos cuando aún eran marginales. Desde el monte formoseño, aquel porteño que llegó casi por casualidad terminó dejando una huella duradera en la ganadería argentina.