Canadá propone un frente de potencias intermedias para amortiguar la presión de Estados Unidos y China

Desde Davos, Mark Carney planteó que los países de peso medio actúen en bloque para no quedar atrapados en la lógica de poder de las grandes potencias

Canadá propone un frente de potencias intermedias para amortiguar la presión de Estados Unidos y China
lunes 26 de enero de 2026

En el Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, lanzó esta semana una advertencia y, al mismo tiempo, una propuesta estratégica: frente a la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, las potencias intermedias deben coordinarse y actuar en conjunto para no negociar desde la debilidad. El planteo, formulado en Suiza y dirigido a líderes políticos y económicos globales, cobra relevancia en un contexto marcado por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y la reaparición de políticas comerciales más agresivas, como la amenaza de nuevos aranceles.

Durante su intervención, Carney reconoció que el orden internacional basado en reglas atraviesa una crisis profunda. Lejos de intentar sostener una narrativa optimista, el premier canadiense asumió que el sistema que rigió gran parte de la posguerra muestra signos evidentes de agotamiento. Según explicó, la competencia entre grandes potencias redefine las reglas del juego y deja a muchos países ante una disyuntiva incómoda: aceptar condiciones impuestas o buscar alternativas colectivas.

El mensaje fue claro: actuar de manera aislada frente a un hegemón implica negociar desde una posición de fragilidad. En cambio, la cooperación entre países de peso medio podría generar un contrapeso capaz de reducir la vulnerabilidad frente a decisiones unilaterales de Washington o Beijing.

El diagnóstico de un orden en crisis

Carney sostuvo que la erosión del sistema internacional no es un fenómeno reciente, aunque hoy se expresa de forma más explícita. En su discurso, planteó que la idea de un orden plenamente regido por normas compartidas fue, en parte, una construcción funcional que convivió siempre con asimetrías de poder. “Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias, donde los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”, afirmó, según consignaron fuentes del Foro Económico Mundial.

El primer ministro fue más allá al señalar que las reglas nunca se aplicaron de manera uniforme y que las grandes potencias solían eximirse de cumplirlas cuando afectaban sus intereses. No obstante, reconoció que la hegemonía estadounidense también aportó bienes públicos globales, como la estabilidad financiera, la apertura de rutas comerciales y marcos institucionales para resolver disputas.

Ese equilibrio, explicó, comenzó a romperse cuando la integración económica pasó a ser utilizada como herramienta de presión geopolítica. En ese contexto, la política exterior de Trump aparece como un acelerador del proceso: amenazas arancelarias, negociaciones bilaterales duras y una lógica transaccional que prioriza el interés nacional inmediato por sobre los acuerdos multilaterales.

Canadá propone un frente de potencias intermedias para amortiguar la presión de Estados Unidos y China

La “solución Carney”: coordinar o quedar relegados

El eje central del planteo canadiense fue la necesidad de que las potencias intermedias —entre las que mencionó a países como Canadá, Brasil, India y Turquía— abandonen la competencia entre sí por favores de las grandes potencias y apuesten por la acción conjunta. “Cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, aceptamos lo que se nos ofrece”, advirtió.

La frase que más repercusión generó en Davos sintetizó su visión estratégica: “Si no estamos en la mesa, estamos en el menú”. Para Carney, la alternativa pasa por construir coaliciones flexibles entre países que compartan intereses suficientes para incidir en la agenda global, sin necesidad de replicar alianzas rígidas del pasado.

La propuesta no apunta a confrontar directamente con Estados Unidos o China, sino a diversificar relaciones económicas y políticas, reducir dependencias críticas y aumentar el margen de maniobra colectivo. En términos prácticos, esto podría traducirse en acuerdos comerciales regionales, coordinación en organismos internacionales y posiciones comunes frente a medidas unilaterales.

El trasfondo: Trump y la presión comercial

El discurso de Carney se dio en un clima atravesado por la figura de Donald Trump, quien volvió a ocupar el centro del debate en Davos pese a no estar presente. Sus recientes advertencias sobre la imposición de aranceles a distintos países reforzaron la percepción de que Washington está dispuesto a utilizar su peso económico como instrumento de negociación.

Para muchas economías medianas, esta dinámica genera un escenario de negociaciones asimétricas, donde la capacidad de respuesta individual es limitada. De allí que la estrategia de coordinación propuesta por Canadá encuentre eco en sectores que ven agotado el multilateralismo tradicional, pero también riesgosa la confrontación directa.

Europa, entre la dependencia y la incertidumbre

El planteo de Carney también dialoga con los debates internos en Europa, donde desde hace años se discute la necesidad de reducir la dependencia estratégica de Estados Unidos. El antecedente más citado es el del presidente francés Emmanuel Macron, quien en 2017 advirtió que la OTAN atravesaba una “muerte cerebral” y llamó a reforzar la autonomía europea.

Sin embargo, la Unión Europea optó mayoritariamente por sostener el orden existente. Hoy, con un Washington más impredecible y una Rusia percibida como amenaza creciente, el bloque enfrenta dificultades para acelerar un distanciamiento que no cuenta aún con capacidades militares y políticas propias suficientes.

¿Una estrategia viable a destiempo?

Uno de los interrogantes que deja la “solución Carney” es si llega demasiado tarde. La construcción de alianzas efectivas entre potencias intermedias requiere tiempo, confianza y una agenda común clara, elementos que no siempre abundan. Además, muchos de estos países mantienen vínculos económicos profundos con Estados Unidos o China, lo que limita su margen de acción.

Aun así, el mensaje del primer ministro canadiense introdujo un cambio de tono en Davos. Por primera vez, un líder de un país desarrollado reconoció abiertamente las falencias del orden internacional y planteó una salida que no pasa por la resignación ni por la confrontación directa, sino por la coordinación estratégica entre actores medianos.

En un escenario global cada vez más fragmentado, la propuesta abre un debate que trasciende a Canadá y pone sobre la mesa una pregunta clave. Tal como analizó " El Economista", el interrogante central es si las potencias intermedias lograrán construir un tercer camino antes de quedar definitivamente atrapadas entre los gigantes.



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