Una frase espontánea de Lionel Messi sobre tomar vino mezclado con Sprite fue suficiente para activar una ola de reacciones en redes sociales, medios y programas de televisión. Lo que para muchos fue motivo de memes y discusiones superficiales, para la industria vitivinícola argentina representó algo muy distinto: una señal de validación cultural de un mensaje que el sector viene construyendo desde hace más de una década. El episodio ocurrió en los últimos días, durante una entrevista informal, y volvió a poner al vino en el centro de la conversación pública.

Lejos de incomodar a los referentes del sector, el comentario fue celebrado por dirigentes y técnicos que interpretaron el gesto como una confirmación de que el vino puede y debe consumirse sin solemnidad. Así lo expresó Alejandro Vigil, uno de los enólogos argentinos más reconocidos a nivel internacional, quien sostuvo que el episodio fue “lo más positivo que le pasó a la vitivinicultura argentina en los últimos cinco años”, al romper prejuicios y acercar el producto a nuevos públicos.
Vigil explicó que el valor del mensaje no está en la mezcla en sí, sino en la naturalidad con la que el futbolista más influyente del país habló del vino como una bebida cotidiana, sin reglas rígidas ni discursos técnicos. “Fue la forma más simple y directa de comunicar algo que el sector intenta transmitir desde hace años: el vino se toma como a cada uno le gusta”, señaló en una entrevista radial, donde destacó el impacto simbólico del mensaje.
Desde una mirada institucional, Mario González, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), coincidió en que la frase de Messi no creó una tendencia nueva, sino que reforzó una estrategia que el sector viene desarrollando desde comienzos de la década de 2010. Según explicó, el consumo de vino cambió de manera profunda, con menos formalidad y una competencia creciente con cervezas, cócteles listos para tomar y bebidas sin alcohol.
Ese diagnóstico dio origen al Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) al 2030, que incorporó como ejes centrales la descontractura, la búsqueda de refrescancia y la ampliación de ocasiones de consumo. En ese marco, campañas impulsadas por el Fondo Vitivinícola y Wines of Argentina promovieron durante años mensajes orientados a derribar barreras culturales y habilitar nuevas formas de disfrute del vino, tanto en el mercado interno como en el externo.
González remarcó que esta estrategia no quedó solo en el plano comunicacional. Las bodegas acompañaron el proceso con decisiones concretas: desarrollo de vinos más frescos, formatos alternativos como latas y bag-in-box, productos de menor graduación alcohólica y líneas pensadas específicamente para mezclas. “El sector privado asumió el riesgo productivo y comercial, mientras que las entidades aportaron coherencia estratégica”, sostuvo.
En ese contexto, el comentario de Messi fue leído como una validación espontánea de ese camino. El capitán de la Selección no actuó como embajador formal ni como figura contratada por una marca, sino como un consumidor más. Esa autenticidad es, para el sector, uno de los principales activos del episodio, porque conecta con audiencias jóvenes que históricamente percibieron al vino como algo distante o elitista.
El análisis del impacto también reconoce matices. Tanto Vigil como González coincidieron en que la referencia a que la mezcla “pega rápido” abre un debate necesario sobre consumo responsable de alcohol. Desde la industria remarcan que el desafío es aprovechar la visibilidad para seguir educando sin moralizar, promoviendo moderación y disfrute consciente.
La lectura sectorial sobre este fenómeno fue recogida en una nota publicada por Más Producción de LMNeuquén, donde se destacó que el episodio no marca un punto de llegada, sino una confirmación de que la planificación estratégica colectiva logró permear el comportamiento cultural de los consumidores. En un escenario de alta competencia y cambios acelerados en los hábitos de consumo, ese impacto simbólico es considerado un activo clave para el futuro del vino argentino.