El economista y asesor financiero Javier Timerman analizó el panorama económico global, marcado por la volatilidad financiera, la incertidumbre geopolítica y el impacto de las decisiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y advirtió que el escenario actual plantea una disyuntiva inquietante: “O el mercado no le cree a Trump o hay una gran crisis”. Sus declaraciones fueron realizadas en los primeros días de enero de 2026, en un contexto internacional atravesado por tensiones políticas, cambios en las alianzas históricas y un sistema financiero que aún arrastra las consecuencias de la crisis de 2008.
Con una extensa trayectoria como trader en Estados Unidos, Timerman repasó la evolución del sistema financiero global y explicó por qué, a casi dos décadas del colapso internacional, persisten desequilibrios estructurales. Según sostuvo, uno de los principales efectos de aquella debacle fue un cambio profundo en el comportamiento de los bancos. “Los bancos empezaron a abandonar el negocio de tomar riesgos”, afirmó, al tiempo que remarcó que esa transformación sigue condicionando el funcionamiento de los mercados. En ese proceso, agregó, la automatización y el uso intensivo de algoritmos reemplazaron a buena parte de los operadores humanos, modificando la dinámica de las decisiones financieras.
En relación con la coyuntura actual, Timerman puso el foco en el impacto político y económico de las declaraciones y movimientos de Trump, especialmente tras su reciente participación en el Foro Económico Mundial. De acuerdo con su análisis, el presidente estadounidense imprime una lógica de extremos que genera ruido en los mercados y en la diplomacia internacional. “Vamos un mes de este 2026, y la semana pasada Trump pasó a querer dinamitar la OTAN, una alianza que para Estados Unidos siempre fue importantísima, por una situación como la de Groenlandia, de la que la mayoría de norteamericanos nunca escuchó”, señaló el economista, según consignó el medio que difundió la entrevista.

Timerman ironizó sobre ese episodio al sostener que, desde la mirada del mandatario republicano, Estados Unidos “de repente no puede vivir sin Groenlandia” y que ese territorio pasó a ser “el peligro más grande que enfrentó el país”. Sin embargo, subrayó la velocidad con la que ese tipo de conflictos desaparecen del centro de la agenda pública. “Hoy lunes, ya nadie habla de eso. Eso es lo que genera la política de Trump, ir de un extremo a otro”, explicó, al describir un escenario de permanente sobresalto que dificulta la previsibilidad.
El economista también se refirió al discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, y coincidió en que la actitud de Trump no responde a una tradición histórica de Estados Unidos en materia de relaciones internacionales. En ese sentido, sostuvo que la propuesta de avanzar hacia una mayor articulación entre países con economías “medianas” no solo es viable, sino que ya está en marcha como respuesta a la incertidumbre global. Para Timerman, este tipo de alianzas buscan compensar el debilitamiento de consensos que durante décadas ordenaron el sistema político y económico internacional.
Otro punto que consideró llamativo es el consenso que, según describió, existe entre expresidentes y figuras del establishment político estadounidense en contra de Trump. A su entender, esa convergencia es un indicador claro del nivel de incertidumbre global que atraviesa al sistema. Lejos de tratarse solo de una disputa partidaria, el economista interpretó ese rechazo como una señal de alarma frente a decisiones que podrían tener consecuencias difíciles de revertir.
En ese marco, Timerman evaluó el impacto de este escenario sobre la Argentina y aseguró que, al menos en el corto plazo, el contexto internacional podría resultarle favorable. No obstante, advirtió que la acumulación de tensiones y amenazas suele desembocar en errores de cálculo. “En algún momento va a haber un error”, señaló, y alertó que ese tipo de equivocaciones puede escalar hasta derivar en un conflicto de mayor magnitud.
Al analizar la reacción de los mercados frente a este panorama, el economista relativizó el comportamiento de los llamados activos de refugio, que tradicionalmente se fortalecen en contextos de crisis. Para Timerman, la aparente calma de algunos indicadores financieros no necesariamente implica estabilidad. “O el mercado no le cree a Trump o hay una gran crisis”, afirmó, al plantear que la desconexión entre el discurso político y las señales del mercado es, en sí misma, un motivo de preocupación.
Pese a ese diagnóstico, el economista dejó una reflexión de largo plazo con un tono más moderado. “Creo que eventualmente el mundo no se destruye”, sostuvo, y destacó la capacidad de adaptación del sistema económico global frente a crisis recurrentes. En su mirada, la historia demuestra que, aunque los shocks pueden ser profundos y costosos, el entramado financiero y productivo tiende a reconfigurarse y encontrar nuevos equilibrios.
Las definiciones de Timerman se inscriben en un contexto internacional complejo, donde la política vuelve a tener un peso determinante sobre los mercados y donde las reglas de juego que rigieron durante décadas aparecen cada vez más cuestionadas. Entre la desconfianza de los inversores, la reconfiguración de alianzas y el recuerdo aún latente de la crisis de 2008, el economista planteó —en declaraciones a Ámbito— un escenario abierto, atravesado por riesgos, pero también por la capacidad de resiliencia de la economía global.