El regreso de Ecuador a los mercados internacionales de crédito, concretado esta semana con una colocación de USD 4.000 millones ampliamente demandada, encendió expectativas en la Argentina, donde inversores y analistas interpretan la operación como una señal de que el país podría estar cerca de seguir un camino similar. El impacto se reflejó de inmediato en los precios de los bonos soberanos, la baja del riesgo país, el fortalecimiento del mercado accionario y una mayor demanda externa por activos locales, en un contexto internacional marcado por la volatilidad y el replanteo de las estrategias tradicionales de refugio financiero.
La operación ecuatoriana, realizada el lunes en los mercados internacionales, incluyó la emisión de bonos con vencimientos en 2034 y 2039 y la recompra de títulos más cortos que vencían entre 2026 y 2030. La colocación recibió ofertas por USD 18.000 millones, más de cuatro veces el monto adjudicado, y permitió reducir en torno a USD 800 millones anuales los compromisos de deuda del país andino. El dato no pasó desapercibido para los inversores que siguen de cerca la evolución argentina, cuyo riesgo país descendió a 494 puntos básicos, el nivel más bajo desde junio de 2018.
El renovado interés por los mercados emergentes se da en un escenario internacional distinto al de crisis anteriores. Históricamente, los episodios de tensión financiera empujaban a los capitales hacia los bonos del Tesoro de Estados Unidos y el dólar. Sin embargo, en las últimas semanas, los títulos estadounidenses mostraron una mayor vulnerabilidad, con caídas de precios que elevaron sus rendimientos por encima del 4,23%, mientras el oro consolidó su rol como principal activo de refugio, impulsado por compras sostenidas de bancos centrales.
A esto se sumó una fuerte venta de dólares por parte de Japón, una caída de 3% del dólar en enero frente a las principales monedas globales y una abundante liquidez que empezó a redirigirse hacia activos con mayor rendimiento. En ese marco, el éxito de Ecuador funcionó como catalizador para la región. El índice EME, que agrupa a los países emergentes, subió casi 2%, mientras que el de Brasil avanzó 3,6%, reflejando un cambio en el humor de los mercados.
En la Argentina, la reacción fue inmediata. Los bonos soberanos registraron subas de hasta 1%, con una demanda que no se limitó a inversores locales. Fondos internacionales comenzaron a incrementar posiciones en deuda argentina, en la búsqueda de instrumentos latinoamericanos con potencial de recuperación. Ese movimiento permitió que el riesgo país perforara el piso de los 500 puntos, un umbral psicológico clave para el mercado.
Según Iván Cachanosky, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, el contexto internacional es determinante para evaluar una eventual vuelta de la Argentina a los mercados. “Dado el escenario actual y la tasa de interés de la Reserva Federal, para que el país pueda endeudarse a una tasa razonable el riesgo país debería ubicarse en torno a los 400 puntos. No estamos lejos, y si además avanza la discusión de la reforma laboral en el Congreso, eso podría presionar todavía más a la baja”, explicó en declaraciones difundidas por medios especializados.
Otro factor que apuntaló el interés por los activos argentinos fue la acumulación de reservas del Banco Central, que en menos de un mes sumó USD 1.049 millones mediante compras en el mercado de cambios. Con un calendario de vencimientos liviano hasta junio, el Gobierno cuenta con varios meses para seguir fortaleciendo el balance externo.
La compra de divisas implica una mayor emisión de pesos, pero analistas del mercado relativizan el impacto inflacionario de este proceso. Desde Sailing Inversiones señalaron que, en una economía que podría crecer entre 3% y 4% este año, la mayor demanda de dinero asociada a la expansión de la actividad puede absorber esa liquidez sin generar presiones significativas sobre los precios. La clave, remarcan, es el equilibrio entre oferta y demanda real de dinero, más que el volumen bruto de emisión.
Una visión similar expresó Mariano Ortiz Villafañe, economista jefe de Aldazabal, quien consideró que el ritmo de compras del Central se encuentra alineado con los objetivos anunciados para 2026 y que otras fuentes de expansión monetaria, como el financiamiento del Tesoro o los intereses de pasivos remunerados, ya no están presentes.
El renovado apetito por el riesgo argentino también se reflejó en el mercado de bonos provinciales y corporativos, que mantiene un ritmo sostenido de emisiones y sirve como referencia para el soberano. La provincia de Córdoba colocó esta semana un bono por USD 800 millones a nueve años, con una tasa anual del 8,95%, inferior a la que había pagado en emisiones anteriores, cuando rondaba el 10%.
Parte de los fondos se destinará a la recompra de deuda de corto plazo, replicando la estrategia utilizada por Ecuador. La demanda duplicó el monto finalmente adjudicado, una señal clara del interés de los inversores por activos argentinos con perfiles de riesgo más acotados.
En el frente cambiario, el Banco Central continuó comprando dólares en el Mercado Libre de Cambios, donde se operaron USD 348 millones. El tipo de cambio mayorista cerró en $1.442, mientras que las reservas internacionales ascendieron a USD 45.779 millones. El precio del oro, que subió casi 2% y alcanzó un récord de USD 5.208,70 por onza, no se reflejó plenamente en las reservas debido a pagos realizados al exterior, aunque las 62 toneladas que posee el Central equivalen a unos USD 10.000 millones.
Los dólares financieros operaron a la baja, con el MEP en $1.464 y el contado con liquidación en $1.504, mientras que el dólar informal se mantuvo estable. En paralelo, las acciones registraron otra rueda positiva: el S&P Merval subió 3,6% en pesos y 4,6% en dólares, con fuertes alzas en papeles del sector energético e inmobiliario.
La consultora F2, dirigida por Andrés Reschini, destacó que la expansión de la base monetaria en enero estuvo explicada casi exclusivamente por las compras de divisas del Central y que las operaciones del Tesoro fueron esterilizadas. No obstante, advirtió sobre los próximos vencimientos con organismos internacionales, en particular el pago de USD 825 millones al FMI en febrero, que probablemente implique nuevas operaciones entre el Tesoro y el BCRA.
Con los mercados atentos a la licitación de deuda del Tesoro y a la evolución del escenario político y económico, el caso ecuatoriano se transformó en un espejo que muchos inversores miran para evaluar el potencial argentino. La combinación de menor riesgo país, acumulación de reservas y mayor demanda por activos locales abre una ventana de oportunidad que, según coinciden analistas del mercado consultados por Infobae, podría acercar al país a un retorno gradual al financiamiento internacional.