Marengo sostiene que el actual esquema económico rompe con las crisis del pasado y apuesta a un crecimiento de largo plazo

El economista afirmó que el superávit fiscal, la confianza y una dinámica distinta del sector privado marcan una diferencia clave frente a la tablita de los 70 y la Convertibilidad

Marengo sostiene que el actual esquema económico rompe con las crisis del pasado y apuesta a un crecimiento de largo plazo
viernes 30 de enero de 2026

El economista Fernando Marengo aseguró que el escenario económico actual de la Argentina presenta diferencias estructurales respecto de los procesos que derivaron en crisis durante la tablita cambiaria de fines de los años 70 y la Convertibilidad de la década del 90. En una entrevista concedida al programa Modo Fontevecchia, emitido por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostuvo que la combinación de superávit fiscal, mayor confianza y una dinámica distinta de las cuentas externas permite pensar que “esta vez puede ser diferente”, en referencia al rumbo económico bajo el gobierno de Javier Milei.

Marengo explicó que, a diferencia de experiencias previas, el tipo de cambio real no es una variable que pueda ser controlada de manera directa por el Gobierno. “El tipo de cambio real no lo controla nadie”, afirmó, y señaló que su evolución depende de la situación macroeconómica general, de forma similar a lo que ocurre con los salarios reales. En ese sentido, destacó que los temores sobre un atraso cambiario no se reflejan, por ahora, en los datos de exportaciones, que mostraron un crecimiento en volumen durante el último año.

Al analizar las perspectivas para el corto plazo, el economista se mostró moderadamente optimista y consideró que el desempeño de la economía en el año en curso debería ser mejor que el del año anterior. Entre los factores que respaldan esa expectativa mencionó un contexto climático favorable, con una cosecha de trigo récord y buenas perspectivas para el maíz y la soja, aun cuando los precios internacionales sean algo más bajos. Según indicó, el mayor volumen permitiría que el valor total de la cosecha aumente y aporte más divisas.

A ello sumó la mejora en los precios de algunos productos clave de exportación. La suba del oro y del litio, ambos relevantes para el ingreso de dólares, también juega a favor de las cuentas externas. Sin embargo, Marengo remarcó que el elemento central no será únicamente el comercio exterior, sino la evolución de la confianza y su impacto en los movimientos de capitales.

En ese punto, recordó que entre abril y octubre del año pasado los argentinos compraron más de 30.000 millones de dólares, una cifra equivalente a cerca de cinco puntos del Producto Interno Bruto. “Ese poder de compra salió de la economía y se fue al colchón”, explicó. Para este año, señaló que no es imprescindible que esos dólares regresen al circuito económico: bastaría con que se desacelere la demanda de divisas para generar un efecto positivo sobre la actividad y las reservas.

Marengo vinculó este proceso con la demanda de dinero, que consideró la variable clave del momento. A su entender, la fuerte dolarización del año pasado redujo la monetización de la economía, dejando relativamente pocos pesos en circulación. Si la confianza mejora y aumenta la demanda de dinero, el Banco Central podría seguir acumulando reservas, como viene ocurriendo, y disminuir las dudas sobre la capacidad de pago del Estado, lo que contribuiría a una baja adicional del riesgo país.

Consultado sobre la posibilidad de que la Argentina vuelva a los mercados voluntarios de deuda, el economista sostuvo que ese camino también depende, en gran medida, de la confianza. Un descenso del riesgo país hacia niveles cercanos a los 500 puntos, explicó, estaría asociado a la percepción de que el programa económico es sostenible y de que el Gobierno puede cumplir con sus compromisos sin recurrir a ajustes traumáticos.

Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la comparación entre el actual esquema de dólar bajo y experiencias históricas que terminaron en crisis. Marengo reconoció que existe un debate recurrente en la economía argentina que contrapone modelos de dólar alto, asociados a etapas del peronismo, con esquemas de dólar más apreciado, como los de la última dictadura o la Convertibilidad. Sin embargo, planteó que extrapolar esos antecedentes al presente puede llevar a conclusiones equivocadas.

Según explicó, la apreciación del tipo de cambio real suele estar correlacionada con el deterioro de las cuentas externas, pero no necesariamente es su causa. En muchos casos, afirmó, el proceso inverso es el que domina: el ingreso de capitales aumenta el poder de compra, impulsa el consumo de bienes importados y no transables, y recién entonces se observa una apreciación cambiaria. “Hay correlación, pero no causalidad”, sintetizó.

En ese marco, reconoció que las importaciones crecieron de manera significativa, pero consideró que se trata de un fenómeno esperable en un contexto de mayor poder adquisitivo. Además, destacó que una parte relevante de ese aumento corresponde a bienes de capital, piezas y accesorios destinados a ampliar la capacidad productiva. Para Marengo, ese dato es clave porque apunta a mejoras en la productividad, un requisito indispensable para pensar un crecimiento sostenido.

La principal diferencia con el pasado, insistió, está en la situación fiscal. A través de un ejemplo doméstico, explicó que la cuenta corriente de un país refleja la suma de lo que hacen el sector público y el sector privado. En la historia argentina, señaló, los déficits externos solían estar asociados a un Estado deficitario que, al perder financiamiento, se veía obligado a realizar ajustes que afectaban a toda la economía. Hoy, en cambio, el sector público es superavitario.

Esa condición cambia de manera sustancial el diagnóstico y las consecuencias de un eventual déficit externo. “Si hoy hay déficit, es porque el sector privado está gastando de más”, afirmó Marengo. En ese escenario, un corte del financiamiento externo no implicaría necesariamente un ajuste generalizado, sino un reordenamiento del propio sector privado. Además, subrayó que ese mayor gasto no se concentra únicamente en consumo, sino también en inversión, lo que abre una perspectiva distinta a largo plazo.

Para el economista, el verdadero desafío de la Argentina no pasa por crecer uno o dos años, sino por lograr 20 años consecutivos de crecimiento, algo que el país no consiguió en más de un siglo. La única vía para alcanzar ese objetivo, concluyó, es sostener la inversión, aumentar la capacidad productiva y mantener el orden macroeconómico. Desde esa óptica, consideró que el actual programa económico presenta condiciones que lo diferencian de experiencias fallidas del pasado.



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