Genética acuícola: el negocio millonario que puede redefinir la producción de proteínas en la Argentina

El país proyecta alcanzar 16.000 toneladas de producción acuícola en 2026 y la genética aparece como el principal motor de una industria con potencial exportador de escala global

Genética acuícola: el negocio millonario que puede redefinir la producción de proteínas en la Argentina
lunes 02 de febrero de 2026

La acuicultura argentina se encamina a convertirse en uno de los pilares de la diversificación productiva nacional, impulsada por el desarrollo de genética aplicada, la disponibilidad de recursos naturales y un creciente respaldo técnico e institucional. Según proyecciones oficiales y análisis sectoriales, el país podría alcanzar una producción de 16.000 toneladas en 2026, en un contexto global donde más del 60 % de las proteínas acuáticas destinadas al consumo humano ya provienen de sistemas de cultivo, lo que vuelve estratégica a esta actividad para la seguridad alimentaria mundial, segun la nota publicaca en el sitio LMNeuquen,com.

El crecimiento de la acuicultura no es un fenómeno aislado. Países como China, Noruega, Estados Unidos y Chile avanzan en planes de expansión basados en estándares sanitarios, eficiencia productiva y sostenibilidad ambiental, complementando a la pesca extractiva tradicional. En ese escenario, organismos como la FAO y el Banco Mundial destacan a la acuicultura como un componente central de los sistemas alimentarios resilientes, sustentados en el conocimiento científico y tecnológico.

De acuerdo con datos de Naciones Unidas, actualmente más del 51 % de los peces producidos a nivel global provienen de sistemas acuícolas controlados. Esta tendencia refuerza el atractivo de una actividad que presenta mejores índices de conversión alimenticia frente a otras producciones cárnicas, con impactos positivos tanto en términos ambientales como económicos.

El rol de la genética como ventaja competitiva

El potencial argentino fue analizado por Guillermo Abdala Bertiche, exdirector nacional de Acuicultura, asesor del Consejo Federal de Inversiones y consultor del Banco Mundial, en una columna de opinión publicada por La Nación. Allí, el especialista subrayó que la genética acuícola se consolida como el principal activo estratégico de la actividad, al definir variables clave como el rendimiento productivo, la sanidad, la adaptación ambiental y el acceso a mercados internacionales exigentes.

“La acuicultura ofrece una ventaja estructural frente a otras producciones de proteínas animales por sus índices de eficiencia”, sostuvo Abdala Bertiche en La Nación, y destacó el avance de los cultivos multitróficos integrados, donde peces, moluscos y algas interactúan de manera complementaria, mejorando la eficiencia biológica, ambiental y económica del sistema.

En este marco, la genética deja de ser un insumo indiferenciado para transformarse en un activo protegido por derechos de propiedad intelectual, similar a lo que ocurre con la genética bovina, rubro en el que la Argentina es referente internacional. La calidad de la semilla, explican los especialistas, es el verdadero núcleo de valor de la cadena acuícola.

Producción en expansión y ventaja de contraestación

Si bien el país acumuló durante décadas un importante capital científico y tecnológico en áreas como sanidad, nutrición y genética acuícola, distintos desajustes entre investigación y aplicación productiva limitaron históricamente el escalamiento del sector. Esa dinámica comenzó a revertirse a partir de 2020, con un proceso de ordenamiento y planificación estratégica que permitió alinear capacidades públicas y privadas.

Los resultados ya se reflejan en los números. La producción acuícola nacional pasó de 1.900 toneladas en 2020 a una proyección cercana a las 16.000 toneladas en 2026, un salto que explica por qué distintos organismos internacionales identifican a la Argentina como un país con alto margen de crecimiento.

Genética acuícola: el negocio millonario que puede redefinir la producción de proteínas en la Argentina

Entre los factores diferenciales se destacan la calidad de los recursos hídricos, un estatus sanitario favorable y una ubicación geográfica estratégica. La diversidad de climas y latitudes permite producir huevos, larvas y genética en contraestación, una ventaja clave para abastecer al hemisferio norte, donde la continuidad biológica es determinante para el negocio.

Un mercado de mil millones de dólares

Bajo escenarios de expansión considerados realistas por el sector, y manteniendo estándares sanitarios y ambientales exigentes, el mercado específico de la genética acuícola podría alcanzar en la Argentina un volumen cercano a los 1.000 millones de dólares. En paralelo, la producción acuícola total del país podría ubicarse entre los 2.000 y 2.500 millones de dólares anuales, sin resignar criterios de sustentabilidad.

El caso de Chile funciona como referencia regional. Su complejo acuícola, basado en una fuerte inversión en sanidad y genética del salmón, genera alrededor de 7.000 millones de dólares por año, consolidándose como uno de los principales complejos exportadores del país trasandino.

Desarrollo territorial y experiencias provinciales

El crecimiento de la acuicultura argentina se apoya en una marcada diversidad territorial. En el extremo sur, Tierra del Fuego sancionó una ley de acuicultura que moderniza su marco institucional y refuerza su potencial de bioseguridad. En la costa de Chubut, la maricultura avanza con el cultivo de pez limón, impulsado por empresas como Aquagrow, que desarrollan programas de capitalización genética.

En el noreste del país, el cultivo de pacú se consolidó como un ejemplo de diversificación productiva, con experiencias exportadoras activas y encadenamientos regionales que generan empleo y valor agregado local.

Un vector estratégico para la matriz productiva

La acuicultura, con la genética como eje estructurante, emerge así como un vector concreto de transformación productiva. Permite escalar el uso del conocimiento científico, generar empleo calificado, fortalecer economías regionales y diseñar estrategias provinciales de convergencia entre producción, ambiente y comercio exterior.

La integración entre pesca y cultivo, sostienen los especialistas, es clave para garantizar un desarrollo equilibrado, basado en la excelencia operacional, la eficiencia económica y la sustentabilidad a largo plazo, en un contexto global que demanda cada vez más proteínas de origen acuático.

 

 

 

 

 

 

 



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