Occidente reconfigura su estrategia comercial y mira a China ante la presión arancelaria de Trump

Líderes europeos y Canadá retoman el diálogo económico con Pekín mientras crece la desconfianza hacia Estados Unidos como socio comercial estable

Occidente reconfigura su estrategia comercial y mira a China ante la presión arancelaria de Trump
lunes 02 de febrero de 2026

Los aranceles impulsados por Donald Trump, junto con la amenaza de nuevas barreras comerciales, están acelerando un giro estratégico de varios países occidentales hacia China, en un contexto de creciente incertidumbre sobre el rol de Estados Unidos como socio confiable. En las últimas semanas, primeros ministros y jefes de Estado de Reino Unido, Canadá, Francia, Irlanda y Finlandia viajaron a Pekín para relanzar vínculos económicos, atraer inversiones y asegurar acceso al mercado chino, según informó la agencia AFP.

El movimiento más reciente fue la visita del primer ministro británico Keir Starmer a la capital china, donde planteó la necesidad de una cooperación “pragmática” con el gigante asiático. El viaje se produjo en un momento clave, marcado por la política arancelaria volátil de Washington y por la competencia entre economías avanzadas para diversificar mercados y reducir su dependencia del comercio con Estados Unidos.

“Existe una verdadera carrera entre los jefes de Gobierno europeos para reunirse con (el presidente chino) Xi Jinping”, explicó Hosuk Lee-Makiyama, director del Centro Europeo de Economía Política Internacional, en declaraciones a AFP. Según el analista, esta dinámica está “impulsada por la rivalidad interna para asegurar inversiones y acceso al mercado antes de las cumbres entre China y Estados Unidos en febrero y abril”.

Un cambio de clima en el comercio global

La reactivación del diálogo con Pekín no se limita a Europa. Canadá también dio señales de un acercamiento, al igual que otros actores que buscan amortiguar el impacto de los gravámenes estadounidenses. La estrategia responde a un diagnóstico compartido: la política comercial de Trump, centrada en aranceles elevados para proteger la industria manufacturera estadounidense, alteró los equilibrios tradicionales del comercio internacional.

Para William Alan Reinsch, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, la situación es clara. La avalancha de tarifas y amenazas indica que “Estados Unidos ya no es un socio comercial fiable”, afirmó a AFP. Desde su perspectiva, este factor explica por qué acuerdos largamente postergados comenzaron a destrabarse.

Un ejemplo es el tratado de libre comercio entre la Unión Europea e India, sellado recientemente tras dos décadas de negociaciones. Reinsch consideró que “se puede argumentar que, irónicamente, las políticas de Trump lo han impulsado hasta la meta”, al empujar a Bruselas a buscar alternativas frente a la incertidumbre estadounidense.

China vuelve al centro del tablero europeo

Aunque la Unión Europea explora vínculos más estrechos con India, Vietnam y otros mercados emergentes, los analistas coinciden en que esas economías no alcanzan para sostener el volumen exportador europeo. “India y otros mercados emergentes, como el bloque sudamericano Mercosur, son demasiado pequeños para sostener las economías más dependientes de las exportaciones del mundo, que se encuentran en Europa”, sostuvo Lee-Makiyama a AFP.

Esa limitación explica por qué, pese a las preocupaciones por los derechos humanos y las denuncias de coerción económica, Pekín vuelve a aparecer como un socio inevitable. En el caso británico, el acercamiento supone un cambio significativo tras el deterioro de la relación bilateral desde 2020, cuando China impuso una estricta ley de seguridad nacional en Hong Kong, excolonia del Reino Unido.

Durante su visita, Starmer señaló a Xi que es “vital” desarrollar la relación bilateral en un escenario de turbulencias geopolíticas. El mandatario chino, por su parte, remarcó la necesidad de fortalecer los lazos entre ambos países frente a un orden internacional cada vez más fragmentado.

China sigue siendo el tercer socio comercial más importante del Reino Unido, y el gobierno laborista considera que un mayor intercambio puede contribuir al crecimiento económico. En la Unión Europea, sin embargo, el debate es más complejo: Bruselas busca profundizar la relación con Pekín, pero observa con inquietud el déficit comercial superior a los 350.000 millones de dólares que mantiene con el país asiático.

Más amenazas desde Washington

El reposicionamiento de Occidente no pasó inadvertido para la Casa Blanca. Trump reaccionó en algunos casos con nuevas amenazas arancelarias, incluida una advertencia de imponer un arancel del 100% a todos los productos canadienses si Ottawa avanza en un acuerdo comercial con China.

A pesar de ese riesgo, el primer ministro canadiense Mark Carney visitó Pekín y habló de una “nueva asociación estratégica” bilateral. En ese marco, promocionó un “acuerdo comercial preliminar pero histórico” destinado a reducir los aranceles entre ambos países, según consignó AFP.

Para Vina Nadjibulla, vicepresidenta de investigación y estrategia de APF Canadá, la visita representó “un enfoque fundamentalmente nuevo sobre cómo Ottawa pretende navegar por un mundo más fragmentado, controvertido e incierto”. No obstante, advirtió que el gesto podría interpretarse como “un ablandamiento de la valoración de Canadá sobre los retos de seguridad nacional y económica que plantea China”.

Un sistema en tensión

China e India también buscan coordinar respuestas frente a las tarifas estadounidenses. En el Foro Económico Mundial, el viceprimer ministro chino He Lifeng cuestionó el uso de los aranceles como herramienta de poder. “Unos pocos países selectos no deberían tener privilegios basados en sus propios intereses, y el mundo no puede volver a la ley de la selva, donde los fuertes se aprovechan de los débiles”, afirmó, según reprodujo AFP.

Para Reinsch, la proliferación de acuerdos bilaterales y regionales podría dejar a Estados Unidos en desventaja a largo plazo. Aun así, subrayó que estos pactos son “sorprendentemente tradicionales”, basados en la reducción de aranceles y barreras no arancelarias. “Es exactamente lo que el mundo ha estado haciendo durante los últimos 75 años”, señaló. “El caso atípico es Estados Unidos”.

El renovado interés de Occidente por China responde menos a una afinidad ideológica que a una necesidad económica, en un contexto atravesado por la competencia geopolítica y la desconfianza. Como señaló Río Negro, el endurecimiento de la política comercial de Washington empuja a Europa y Canadá a preservar su acceso a los grandes mercados globales, incluso a costa de profundizar una relación compleja con Pekín y reabrir debates sobre dependencia, seguridad y valores.



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