Elon Musk confirmó este lunes la fusión de SpaceX y xAI, una decisión estratégica anunciada en Estados Unidos que busca unificar infraestructura espacial e inteligencia artificial bajo una sola entidad y preparar el terreno para una salida a bolsa histórica. El movimiento resulta relevante por su escala financiera, por el impacto potencial en los mercados tecnológicos y de defensa, y por la apuesta a centros de datos de IA en el espacio, una idea que podría redefinir costos y capacidades del sector.
La confirmación llegó de manera escueta. Ante una publicación sobre los planes de integración, Musk respondió “Sí” en su plataforma X, dando por cerrado un proceso que se venía discutiendo en ámbitos corporativos. La operación, según un memorando interno y documentos corporativos revisados por este medio, se estructuraría como un intercambio de acciones y consolidaría activos clave: los cohetes Falcon, la constelación Starlink y el desarrollo de Grok, el chatbot de xAI.
La entidad combinada se proyecta con una valoración cercana a los 1,25 billones de dólares, con un precio estimado por acción de 527 dólares, de acuerdo con reportes internos compartidos con inversores. La fusión se produce mientras SpaceX avanza en los preparativos para una IPO a mediados de junio, que podría recaudar hasta 50.000 millones de dólares y llevar la valuación del grupo a cerca de 1,5 billones.
Antes de la integración, SpaceX había sido valuada en unos 800 mil millones de dólares en una venta secundaria de acciones, mientras que xAI alcanzó 230 mil millones tras una Serie E de 20 mil millones cerrada en noviembre. Tanto SpaceX como Tesla habían invertido 2.000 millones de dólares cada una en xAI, un dato que subraya la interconexión del ecosistema empresarial de Musk.
La transacción prevé que las participaciones de xAI se canjeen por acciones de SpaceX, con la posibilidad de que algunos ejecutivos de xAI opten por efectivo en lugar de papeles de la compañía espacial. En paralelo, documentos del estado de Nevada muestran el registro, el 21 de enero, de K2 Merger Sub Inc. y K2 Merger Sub 2 LLC, vehículos societarios habituales en procesos de fusión.
Inversores seleccionados ya fueron informados sobre las negociaciones y sobre la lógica financiera de la operación. El objetivo central consiste en simplificar la estructura, reducir costos y acelerar la integración tecnológica entre lanzamiento, conectividad y procesamiento de datos.
La justificación de fondo apunta a una visión que Musk viene repitiendo en foros privados: llevar centros de datos de IA al espacio. Según el memorando interno, el empresario considera que, en dos o tres años, la órbita baja será “el lugar más económico para ubicar IA”, gracias a la combinación de energía solar, enfriamiento natural y latencias optimizadas con redes satelitales.
Starlink, con más de 9.000 satélites y alrededor de 9 millones de usuarios, constituye la columna vertebral de esa estrategia. SpaceX ya solicitó autorización para lanzar hasta un millón de satélites adicionales, con el argumento de atender el crecimiento explosivo de la demanda de datos impulsada por la IA. La integración con xAI permitiría cerrar el círculo: generación de datos, conectividad global y procesamiento avanzado bajo un mismo control.
La fusión también reavivó el debate sobre uso de datos y privacidad. Starlink actualizó recientemente su política de privacidad para habilitar el uso de datos de clientes en el entrenamiento de IA, salvo que los usuarios opten por no participar. Especialistas en protección de datos advirtieron que esta cláusula podría otorgar a xAI acceso a volúmenes inéditos de información, con implicancias regulatorias en múltiples jurisdicciones.
Desde la compañía sostienen que el esquema cumple con las normativas vigentes y que la opción de exclusión preserva la autonomía de los usuarios. Aun así, el tema promete convertirse en uno de los focos de atención de reguladores y autoridades de competencia, especialmente en Estados Unidos y la Unión Europea.
Otro frente sensible es el de la defensa. La integración fortalecería la posición del grupo en un contexto en el que el Pentágono impulsa su estrategia de aceleración de IA. xAI ya cuenta con un contrato de hasta 200 millones de dólares para proveer productos Grok a redes militares, y Starlink se consolidó como proveedor de conectividad en escenarios críticos.
La convergencia entre satélites, IA y defensa eleva el perfil estratégico de la nueva entidad y podría traducirse en contratos de largo plazo, aunque también incrementa el escrutinio político y público.
Para Musk, la fusión representa un paso más en la consolidación de su imperio tecnológico. Al integrar espacio, IA y redes, el empresario busca ventajas de escala y velocidad de ejecución en un mercado cada vez más competitivo. Analistas consultados por este medio señalan que el tamaño y la complejidad del grupo también implican riesgos operativos, desafíos de gobernanza y una exposición regulatoria sin precedentes.
El calendario inmediato estará marcado por la preparación de la IPO, la comunicación con inversores y la respuesta de los mercados a una propuesta que combina ambición tecnológica y magnitud financiera. Si la apuesta resulta, la salida a bolsa podría convertirse en una de las mayores de la historia y en un punto de inflexión para la industria, según consignó Iprofesional.