El Gobierno de Guyana avanza en el desarrollo del Proyecto Hidroeléctrico Amaila Falls, una central de 165 megavatios ubicada en el río Kuribrong, en el interior selvático del país, con financiamiento y participación de empresas de China, con el objetivo de transformar su matriz eléctrica, reducir costos y disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados. La iniciativa, considerada estratégica dentro de la planificación energética nacional, apunta a garantizar un suministro más estable en un contexto de crecimiento económico sostenido.
La obra, concebida como la primera gran central hidroeléctrica del país, prevé cubrir una parte significativa de la demanda eléctrica nacional. Durante décadas, Guyana dependió casi exclusivamente de generadores diésel, un esquema que encareció el servicio, lo volvió inestable y lo hizo vulnerable a las variaciones del mercado internacional de combustibles.

El proyecto está vinculado desde sus inicios al financiamiento y la construcción por parte de compañías chinas, entre ellas China Railway Group Limited, que participa en el desarrollo de la infraestructura. Además de la represa, el plan contempla la construcción de una línea de transmisión de más de 270 kilómetros para conectar la planta con la red eléctrica costera, donde reside la mayor parte de la población.
De acuerdo con informes técnicos de la agencia nacional de energía de Guyana, la puesta en marcha de la central permitiría reducir de manera considerable el uso de combustibles fósiles, con el consecuente descenso en los costos operativos y en las emisiones contaminantes. La transición energética es vista por las autoridades como un paso necesario para fortalecer la seguridad energética, diversificar la matriz y acompañar la expansión productiva.

El alcance regional del proyecto también fue objeto de análisis por parte del Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, que lo evaluaron en el marco de iniciativas orientadas a promover energías renovables en América Latina y el Caribe. Ambos organismos destacaron el potencial estructural de la obra para modificar el sistema eléctrico guyanés.
Sin embargo, el camino hacia su concreción no estuvo exento de dificultades. A lo largo de los años, factores financieros, cambios políticos y cuestionamientos sobre el impacto ambiental provocaron demoras y revisiones en el esquema original. Pese a ello, el proyecto continúa siendo considerado una pieza central dentro de la estrategia energética nacional.
En un escenario marcado por el reciente desarrollo petrolero de Guyana, la represa de Amaila Falls representa un intento por equilibrar la expansión de la industria de hidrocarburos con fuentes renovables que aporten estabilidad, diversificación y previsibilidad a largo plazo.