Una empresa familiar argentina logró convertir un producto inexistente en el mercado local en una nueva categoría de consumo. Inpro, fundada por Ezequiel Gismondi junto a sus hijas Valentina y Camila, introdujo los standing desk en la Argentina tras identificar una tendencia global durante un viaje a Estados Unidos y hoy factura alrededor de US$ 3 millones, con operaciones en Argentina, Brasil y Chile y un plan de expansión enfocado en el segmento corporativo, según informó Forbes.
La historia comenzó en 2021, en un contexto marcado por la pandemia y el cambio abrupto en los hábitos laborales. Mientras el trabajo remoto se expandía y miles de personas improvisaban oficinas en sus hogares, Gismondi decidió abandonar su negocio tradicional de servicios de impresión —fuertemente afectado por la digitalización— y apostar por una nueva oportunidad. Durante un viaje familiar al exterior conoció los escritorios eléctricos regulables en altura, un producto ya instalado en mercados desarrollados pero completamente ausente en la Argentina.
La decisión no fue solo importar un artículo novedoso, sino construir una propuesta integral en torno a la ergonomía, el bienestar y la productividad. En ese proceso se sumó al proyecto Franco Fantini, yerno de Gismondi y con experiencia en comercio electrónico, quien aportó una mirada estratégica sobre el crecimiento del e-commerce y los cambios en el comportamiento de los consumidores.

El lanzamiento formal de Inpro se concretó a comienzos de 2022. Apenas cuatro días después de iniciar operaciones, la empresa concretó su primera venta. Desde entonces, la firma vendió más de 7.000 standing desk en el mercado local y consolidó una estructura que hoy emplea a 30 personas. La comercialización se apoya principalmente en su tienda online, con fuerte presencia en redes sociales y contenidos orientados a explicar los beneficios del producto y generar una necesidad que hasta ese momento no existía.
Uno de los desafíos centrales fue educar al consumidor. Al tratarse de un producto desconocido para la mayoría del público, la estrategia inicial se basó en comunicar los beneficios del trabajo alternado entre posición sentada y de pie, la mejora postural y la reducción del sedentarismo. Con el crecimiento de la marca, el enfoque derivó hacia una construcción más aspiracional, vinculada al diseño, el lifestyle y la experiencia de uso.
A diferencia de otros productos de consumo masivo, el standing desk implica un proceso de armado e instalación. Por ese motivo, Inpro decidió no vender a través de marketplaces tradicionales y priorizar el canal directo, que le permite ofrecer asesoramiento, servicio de armado y seguimiento posventa. La compañía considera que ese control sobre la experiencia del cliente fue clave para diferenciarse en un mercado que, con el tiempo, comenzó a atraer competidores.
El aumento de la competencia coincidió con una mayor apertura del comercio exterior, lo que facilitó la importación de productos similares. Frente a ese escenario, Inpro apostó por reforzar su propuesta de valor. Amplió su portafolio hasta contar con ocho modelos distintos, incorporó materiales de mayor calidad —como tapas de mayor espesor y estructuras más robustas— y desarrolló un ecosistema de productos complementarios para el home office, como sillas ergonómicas y accesorios.
Si bien el diseño de los escritorios es argentino, la fabricación se realiza en China, donde la empresa encontró la escala industrial y los estándares necesarios para cumplir con sus especificaciones técnicas. La firma evaluó producir componentes en el país, pero los costos y la complejidad del proceso hicieron inviable esa alternativa. No obstante, el control del diseño y la personalización del producto siguen siendo un diferencial central de la marca.

El crecimiento de Inpro no se limitó al mercado argentino. En los últimos años, la empresa desembarcó en Brasil y Chile, donde replica el modelo de venta directa y busca posicionarse en segmentos urbanos con alta adopción de nuevas tendencias laborales. La internacionalización se apoya en la experiencia adquirida en el mercado local y en la adaptación del mensaje a cada contexto.
De cara a 2026, la compañía apunta a un nuevo objetivo estratégico: el segmento corporativo. Bajo la línea Inpro Business, la firma busca introducir los standing desk en oficinas tradicionales, estudios de arquitectura y empresas que están rediseñando sus espacios de trabajo para atraer talento y mejorar el bienestar de sus equipos. En ese mercado, el producto aún es poco conocido y representa una oportunidad de crecimiento de largo plazo.

La apuesta se apoya en una lectura clara del cambio cultural en torno al trabajo presencial. Para Inpro, la oficina dejó de ser solo un lugar físico y pasó a ser un espacio que debe ofrecer mejores condiciones que el hogar para justificar la presencialidad. En ese contexto, el mobiliario y la ergonomía aparecen como factores clave.
Con una facturación consolidada, presencia regional y una categoría de producto ya instalada en la conversación local, Inpro enfrenta ahora el desafío de sostener el crecimiento en un mercado más competitivo. La experiencia de haber creado una necesidad donde no la había sigue siendo, según la propia empresa, su principal activo.