El Banco Central del Uruguay (BCU) dejó abierta la posibilidad de reducir la meta de inflación, actualmente fijada en 4,5%, como un objetivo de mediano plazo de la política monetaria. Así lo expresó su presidente, Guillermo Tolosa, en declaraciones públicas realizadas esta semana en Montevideo, en un contexto marcado por la fuerte desaceleración del Índice de Precios del Consumo (IPC), que se ubica en niveles históricamente bajos. El jerarca aclaró que la eventual baja de la meta dependerá de que todos los sectores de la economía completen su proceso de convergencia al nivel actual, condición que considera clave para preservar los equilibrios macroeconómicos.
La discusión sobre una posible reducción de la meta inflacionaria volvió a ganar espacio en el debate económico luego del dato de inflación de enero, que llevó al IPC a mínimos de más de dos décadas y encendió señales de alerta sobre el riesgo de que la variación de precios caiga por debajo del 3%, piso del rango de tolerancia definido por la autoridad monetaria. En ese escenario, Tolosa sostuvo que la baja de la inflación constituye un avance relevante para el poder adquisitivo de los hogares, aunque advirtió que debe producirse de manera ordenada y consistente con las decisiones económicas ya adoptadas.
“Nuestro objetivo central es la desinflación, pero es importante que se respete la meta del 4,5%, porque hay una cantidad de decisiones económicas que se tomaron con esa meta, y una desviación genera algunos desequilibrios”, afirmó Tolosa en una entrevista con MVD Noticias, aludiendo, entre otros aspectos, a las proyecciones incluidas en el Presupuesto nacional vigente, que prevé una inflación alineada con el centro del rango meta durante todo el quinquenio.
El presidente del BCU señaló que la reducción de la meta inflacionaria es un “objetivo futuro” de su gestión, pero subrayó que aún no están dadas todas las condiciones. En particular, mencionó que algunos rubros relevantes de la economía continúan mostrando incrementos de precios muy por encima del promedio. “Hay sectores que todavía están en niveles del 8% o 9%”, explicó, en referencia a actividades como la educación privada y la salud privada, cuyos ajustes no han acompañado plenamente el proceso de desinflación general.
Desde la visión del BCU, una baja prematura de la meta podría generar desalineaciones entre expectativas, contratos y precios relativos, afectando la credibilidad del esquema monetario. Por ese motivo, Tolosa insistió en la necesidad de completar la transición hacia el 4,5% antes de evaluar un nuevo objetivo. El mensaje apunta a consolidar un ancla nominal estable y evitar señales contradictorias en un momento en que la inflación se encuentra contenida, pero con heterogeneidades entre sectores.
El debate no es nuevo. Economistas y analistas vienen planteando desde hace meses que el descenso sostenido del IPC abre una ventana para aspirar a un nivel de inflación más bajo, en línea con estándares internacionales. Sin embargo, hasta ahora las autoridades económicas habían sido cautas respecto a modificar la meta. Las declaraciones de Tolosa representan, en ese sentido, el reconocimiento más explícito de que el tema forma parte de la agenda futura del BCU, aunque sin plazos definidos.
Además de referirse a la política monetaria, el titular del Banco Central volvió a poner el foco en la dolarización de la economía, con especial énfasis en el sector inmobiliario, un tema recurrente en sus intervenciones públicas. En diálogo con Radio Sarandí, Tolosa se mostró “totalmente de acuerdo” con avanzar hacia la venta de viviendas en Unidades Indexadas (UI), una iniciativa que busca reducir la dependencia del dólar en las transacciones inmobiliarias.
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“La dolarización de precios en la economía nacional está haciendo mucho daño, y en particular la dolarización en el sector inmobiliario hace aún más daño por una serie de razones”, sostuvo el jerarca, según consignó Radio Sarandí. A su entender, fijar los precios de las viviendas en dólares induce a errores en las decisiones financieras de los hogares, al generar la percepción de que el ahorro para acceder a una casa debe realizarse necesariamente en esa moneda.
Tolosa explicó que ese fenómeno crea lo que denominó un “calce natural ilusorio”: las familias tienden a ahorrar en dólares para comprar un bien que también está expresado en dólares, sin considerar que sus ingresos están mayoritariamente denominados en pesos y ajustan en función de la inflación local. El problema se agrava, agregó, porque la inflación en dólares del sector inmobiliario ha sido elevada en las últimas décadas, mientras que los rendimientos del ahorro en esa moneda han sido históricamente bajos, lo que termina erosionando el poder adquisitivo de quienes optan por esa estrategia.
En contextos de volatilidad cambiaria, como el actual, esa dinámica puede generar pérdidas significativas para los hogares, advirtió el presidente del BCU. Por eso, consideró que el problema es evitable si se avanza hacia mecanismos de fijación de precios que reflejen mejor los costos reales de la economía. “Al final, los costos de construir una casa dependen de lo que pase con la evolución del salario real y con la inflación en Uruguay”, señaló, remarcando que esos factores no están directamente atados al dólar.
En ese marco, Tolosa valoró positivamente la propuesta impulsada por la Asociación de Promotores Privados de la Construcción (Appcu) para expresar los precios de las viviendas en Unidades Indexadas, una unidad de cuenta que ajusta según la inflación. “Estamos totalmente de acuerdo con ese tipo de iniciativa”, afirmó, al considerar que permitiría alinear ingresos y costos, reducir la incertidumbre y aislar las decisiones de inversión y ahorro de la volatilidad internacional del dólar.
Desde la óptica del Banco Central, la desdolarización del mercado inmobiliario contribuiría a una mayor estabilidad financiera y a decisiones más eficientes por parte de los hogares. También se inscribe en una estrategia más amplia de reducción de la dolarización en la economía uruguaya, un objetivo que ha sido señalado reiteradamente por las autoridades monetarias como un factor clave para fortalecer la transmisión de la política monetaria y reducir vulnerabilidades.
Las definiciones de Tolosa se producen en un momento en que Uruguay exhibe indicadores inflacionarios favorables, pero enfrenta el desafío de consolidar ese desempeño en el tiempo y de lograr que la desaceleración de precios se refleje de manera homogénea en todos los sectores. Al mismo tiempo, el debate sobre la moneda de referencia en el mercado inmobiliario vuelve a ocupar un lugar central, con el respaldo explícito del BCU a iniciativas que promuevan el uso de instrumentos indexados a la inflación.
Con cautela en el corto plazo y apertura a cambios estructurales a futuro, el mensaje del presidente del Banco Central —según consignó Ámbito— apunta a preservar la credibilidad del régimen monetario, profundizar la desinflación y avanzar hacia una economía menos expuesta a los vaivenes del dólar, sin alterar bruscamente las reglas que hoy guían las decisiones de empresas, hogares y del propio Estado.