En enero de 2026, investigadores de la Universidad de California en Riverside (UC Riverside) pusieron en marcha una planta piloto industrial capaz de convertir residuos agrícolas y forestales en pulpa textil sostenible, un desarrollo que busca reducir el riesgo de incendios, valorizar desechos rurales y avanzar en la descarbonización de la industria de la moda. La iniciativa, impulsada desde el ámbito académico y con proyección industrial, representa un nuevo enfoque para integrar bioeconomía, economía circular y producción textil, según informó BioEconomía.info.
La instalación funciona dentro del campus universitario y procesa materiales que habitualmente se queman o se entierran, como ramas de poda, rastrojos agrícolas y residuos de limpiezas forestales. El objetivo es doble: ofrecer una salida productiva a un pasivo ambiental creciente en California y, al mismo tiempo, generar una alternativa a las fibras textiles de origen fósil que dominan la indumentaria deportiva y técnica.
El proyecto está liderado por Charles Cai, investigador asociado del Centro para la Investigación y Tecnología Ambiental (CE-CERT) de UC Riverside, quien diseñó y supervisó la construcción del sistema. La tecnología utilizada se basa en un método patentado denominado CELF (co-solvent enhanced lignocellulosic fractionation), que permite fraccionar biomasa lignocelulósica en condiciones más suaves que los procesos industriales tradicionales.
A diferencia del método kraft, ampliamente utilizado en la industria del pulpeo, el sistema CELF no requiere temperaturas ni presiones extremas ni genera efluentes contaminantes de difícil tratamiento. Según los desarrolladores, el proceso reduce en torno al 50% la huella energética y permite recuperar todos los subproductos de manera segura y comercializable, entre ellos azúcares fermentables, lignina purificada y yeso.
El principal resultado del proceso es la pulpa disolvente, una celulosa altamente refinada que se utiliza como insumo para fabricar fibras textiles como rayón y lyocell. Estas fibras de origen vegetal son cada vez más demandadas por la industria de la moda activa por sus propiedades de suavidad, respirabilidad y menor impacto ambiental, y ya forman parte de las colecciones de marcas internacionales del segmento premium.
La planta piloto ya comenzó a trabajar con residuos provenientes de limpiezas forestales en distintas regiones de California, una tarea considerada clave para disminuir la carga de material combustible en zonas afectadas recurrentemente por incendios. En ese sentido, el proyecto propone una solución estructural que conecta gestión del territorio, prevención de riesgos ambientales y producción industrial.
El primer socio industrial del desarrollo es The Hurd Co., una startup con sede en Santa Mónica que busca transformar residuos de poda de almendros en fibras para ropa deportiva. La empresa aportó equipamiento clave para completar la instalación, luego de que se interrumpiera una subvención federal originalmente destinada al proyecto. Esta articulación público-privada permitió sostener la iniciativa y acelerar su puesta en funcionamiento.
Además del uso textil, los subproductos del proceso amplían el alcance del sistema. La lignina, un polímero natural presente en las paredes celulares de las plantas, puede utilizarse para fabricar espumas aislantes de base biológica destinadas a la construcción. El yeso obtenido es apto para la producción de placas utilizadas en edificaciones, lo que refuerza el carácter integral del aprovechamiento de la biomasa.
Uno de los aspectos destacados del método CELF es su escala modular y descentralizada. A diferencia de las plantas de pulpeo convencionales, que requieren inversiones multimillonarias y grandes volúmenes de madera, esta tecnología puede instalarse en unidades más pequeñas, incluso cerca de los lugares donde se generan los residuos. Esto reduce costos logísticos y abre la posibilidad de que productores agrícolas y agencias de manejo forestal incorporen una nueva fuente de ingresos.
“La innovación no está en crear una fibra nueva, sino en cambiar el proceso”, explicó Cai en declaraciones reproducidas por BioEconomía.info. “Se trata de producir la misma pulpa disolvente que usa hoy la industria, pero de manera más limpia y a partir de materiales que antes eran considerados basura”.
Desde UC Riverside señalaron que el proyecto se encuentra ahora en una etapa clave de validación industrial. La universidad busca establecer acuerdos comerciales y licenciar la tecnología a empresas interesadas en desarrollar cadenas de valor basadas en biomasa, tanto para el sector textil como para la construcción.
El desarrollo también pone en evidencia el rol de las universidades como actores centrales en la transición hacia una bioeconomía circular, capaces de articular investigación aplicada, necesidades productivas y objetivos ambientales. En un contexto global marcado por la urgencia de reducir emisiones y sustituir insumos fósiles, iniciativas como esta proponen una respuesta concreta desde el territorio.
La experiencia de California sugiere que los residuos agrícolas y forestales pueden dejar de ser un problema para convertirse en el punto de partida de nuevas industrias. En este caso, ramas y rastrojos que antes se quemaban hoy se proyectan como materia prima para vestir a una industria que busca redefinir su vínculo con el ambiente.