Ambiente Sustentable / Gestión Ambiental

El estiércol se transforma en recurso estratégico y redefine la rentabilidad de la ganadería

Tecnología, energía y bioinsumos impulsan la valorización del estiércol, que deja de ser un residuo para convertirse en una nueva fuente de ingresos y eficiencia productiva

El estiércol se transforma en recurso estratégico y redefine la rentabilidad de la ganadería
lunes 09 de febrero de 2026

El estiércol del ganado, históricamente tratado como un residuo inevitable de la actividad pecuaria, comienza a ocupar un lugar central en el negocio ganadero argentino y regional. Impulsado por el avance tecnológico, la presión por reducir costos y la necesidad de producir de manera más sostenible, el manejo de la boñiga atraviesa un proceso de reconversión que la posiciona como una materia prima con valor económico, ambiental y social. El fenómeno, que se consolida en distintos países de América Latina, fue analizado en un informe publicado por el medio especializado AgroLatam, que pone el foco en las oportunidades que se abren para los productores.

La transformación no se limita a un cambio conceptual. Supone pasar de esquemas básicos de disposición del estiércol a procesos de valorización con mayor valor agregado, capaces de generar ingresos adicionales, reducir gastos energéticos y mejorar la sustentabilidad de los sistemas productivos. En este nuevo escenario, el estiércol deja de ser un problema operativo para convertirse en un insumo estratégico, con demanda concreta en distintos mercados.

Durante décadas, el destino más habitual del estiércol fue su aplicación directa en el campo o su acumulación sin tratamiento específico. Hoy, esa práctica comienza a ser reemplazada por alternativas más eficientes, que incluyen compostaje controlado, producción de bioinsumos, generación de energía renovable y elaboración de enmiendas orgánicas de mayor calidad. Según el informe de AgroLatam, la clave está en adaptar las tecnologías al tamaño y al perfil de cada explotación.

En unidades productivas pequeñas, el compostaje de bajo costo o la venta de estiércol tratado aparece como una opción viable para obtener ingresos complementarios con inversiones reducidas. Este tipo de esquemas permite mejorar el manejo ambiental del establecimiento y, al mismo tiempo, generar un producto con valor comercial, especialmente en regiones con demanda de fertilizantes orgánicos.

En el caso de las explotaciones medianas y grandes, en particular aquellas que superan los 500 animales, el escenario es distinto. Allí, los biodigestores se consolidan como una herramienta estratégica. A través de procesos de digestión anaeróbica, el estiércol se transforma en biogás y en un subproducto conocido como digestato o biol, que puede utilizarse como enmienda orgánica para suelos agrícolas y forrajeros.

El biogás generado permite reemplazar combustibles tradicionales, reducir de manera significativa el gasto energético y, en algunos casos, producir electricidad o calor para autoconsumo dentro del establecimiento. Esta posibilidad cobra especial relevancia en un contexto de suba de tarifas y costos energéticos, donde la eficiencia se vuelve un factor decisivo para la rentabilidad.

El digestato, por su parte, se presenta como un insumo con múltiples beneficios. Su aplicación mejora la fertilidad del suelo, aporta nutrientes de liberación gradual y contribuye a la salud microbiológica de los sistemas productivos. Además, puede ser comercializado como enmienda orgánica, cerrando un círculo productivo más eficiente y alineado con los principios de la economía circular.

La experiencia internacional refuerza esta tendencia. Según datos citados por AgroLatam, en Colombia el estiércol procesado ya se comercializa en valores que oscilan entre $10.000 y $50.000 por bulto, dependiendo del nivel de tratamiento y del mercado de destino. En paralelo, los proyectos de biodigestión muestran retornos de inversión a mediano plazo, especialmente en un contexto marcado por la suba sostenida de los fertilizantes sintéticos.

El interés por estas tecnologías crece de la mano de la volatilidad de los mercados de insumos. El aumento del precio de la urea y las restricciones en el comercio internacional dejaron en evidencia la dependencia externa de muchos sistemas productivos. Frente a ese escenario, el aprovechamiento del estiércol surge como una alternativa local, capaz de reducir costos, aportar previsibilidad y disminuir la exposición a shocks externos.

Más allá de la energía, la valorización del estiércol abre la puerta a la producción de insumos de mayor valor agregado. Entre ellos se destacan los bioinsumos líquidos, fertilizantes orgánicos específicos, enmiendas ricas en carbono y materiales que contribuyen a mejorar la estructura del suelo y a capturar carbono, un aspecto cada vez más relevante en el marco de las exigencias ambientales y los mercados de carbono.

Incluso, los desarrollos más avanzados permiten obtener subproductos con aplicaciones en la industria agroalimentaria, ambiental y energética, ampliando el abanico de oportunidades para el sector ganadero. Este enfoque integral posiciona al estiércol no solo como un recurso productivo, sino también como una herramienta para mejorar la huella ambiental de la actividad.

Pese a las oportunidades, los especialistas coinciden en que el principal desafío no es tecnológico, sino organizativo y formativo. Para que el estiércol deje de ser un residuo y se convierta en un recurso, es indispensable recolectarlo de manera eficiente, concentrarlo en puntos estratégicos —como las áreas de ordeño o corrales— y contar con asesoramiento técnico que permita elegir el sistema más adecuado según el volumen disponible, la infraestructura existente y los objetivos productivos.

La planificación, la capacitación y el acompañamiento técnico aparecen como condiciones necesarias para que estos proyectos sean viables y sostenibles en el tiempo. No todos los establecimientos requieren las mismas soluciones, y la correcta evaluación inicial es clave para evitar inversiones sobredimensionadas o tecnologías que no se ajusten a la realidad productiva.

En este contexto, la valorización del estiércol se consolida como una oportunidad concreta para diversificar ingresos, mejorar la eficiencia de los sistemas ganaderos y avanzar hacia un modelo de producción más integrado y circular. Lo que durante años fue considerado un desecho sin valor comienza a cotizar dentro y fuera del campo, redefiniendo el rol del estiércol en la ecuación económica y ambiental de la ganadería moderna, tal como lo expone el análisis publicado por AgroLatam.

 



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