El Bovino Criollo Argentino se consolida como una alternativa estratégica para la ganadería nacional, según especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que resaltan su capacidad de adaptación, eficiencia reproductiva y potencial en cruzamientos. El diagnóstico fue difundido este 11 de febrero en Argentina y cobra relevancia en un contexto donde los sistemas productivos demandan mayor resiliencia frente a ambientes variables y restricciones económicas.
De acuerdo con el investigador del INTA Carlos Reising, coordinador de grupos de trabajo y proyectos vinculados a la raza, el Criollo cuenta con respaldo técnico y evaluaciones objetivas que sustentan su utilización. “El Criollo es una raza definida, caracterizada y evaluada, con datos objetivos que respaldan su uso productivo. Tiene atributos que permiten desenvolverse en ambientes desafiantes para su cría en pureza y aportar características diferenciales para su uso en cruzamientos aportando previsibilidad al sistema”, afirmó.
El principal diferencial radica en su comportamiento estable en condiciones donde otras razas presentan mayor variabilidad de resultados. En planteos exigentes, el Criollo muestra rusticidad, fertilidad, facilidad de parto, sanidad y mansedumbre, atributos que favorecen la cría en ambientes restrictivos. Además, su desempeño en zonas núcleo y periféricas refuerza su versatilidad y desarma la idea de que se trata de una raza limitada a regiones marginales.
“El uso del Bovino Criollo en pureza permite conformar rodeos funcionales, con buena eficiencia reproductiva y estabilidad productiva a lo largo del tiempo”, sostuvo Reising. Según el especialista, la longevidad y la alta fertilidad impactan en la permanencia de las vacas en el rodeo y en la tasa de destete. “Estos rasgos hacen del Criollo una opción concreta para productores que priorizan eficiencia y regularidad productiva”, agregó.
En paralelo, el INTA subraya el potencial del cruzamiento con Criollo como herramienta técnica aún subutilizada en el país. “El cruzamiento con Criollo es una herramienta muy importante y todavía poco utilizada a escala nacional”, señaló Reising. Y añadió: “Aporta rusticidad, facilidad de parto y funcionalidad, y eso marca una diferencia clara”.
La distribución geográfica de la raza, presente desde el norte hasta el sur del país, es otro indicador de su adaptabilidad. Esta amplitud se explica por su variabilidad genética y por un proceso histórico de selección natural y antrópica que consolidó rasgos de eficiencia productiva. “Esa variabilidad es uno de los principales activos de la raza y la base para pensar en mejora y selección”, indicó el investigador.
El trabajo institucional del INTA resulta central en este proceso. Desde hace décadas, el organismo desarrolla tareas de investigación, caracterización y conservación del Bovino Criollo. En ese marco funciona la Red de Bancos de Conservación y Mejoramiento del Bovino Criollo Argentino, que articula cuatro bancos in vivo y un banco de crioconservación en distintas regiones.
“Trabajamos con información genealógica y productiva que permite evaluar la performance de la raza en diferentes condiciones”, explicó Reising. Esta labor se apoya en una plataforma de gestión de datos desarrollada por el INTA, que integra información a nivel de rodeo y poblacional y está disponible para productores que se suman como bancos vinculados. “La información ordenada y analizada es una herramienta clave para la toma de decisiones”, subrayó.
El esquema contempla la provisión de reproductores y el flujo genético entre bancos y rodeos comerciales, además del desarrollo de material crioconservado para ampliar el acceso a la genética criolla. “El objetivo es que la raza se conserve a través del uso, integrada a los sistemas ganaderos”, concluyó Reising.
En un escenario donde la eficiencia y la adaptación se vuelven variables determinantes, el Bovino Criollo aparece como una opción técnica con respaldo científico y proyección productiva para distintos modelos ganaderos del país.