La harina y el aceite de pescado atraviesan un ciclo de demanda sostenida y precios en alza a nivel internacional, impulsados por el crecimiento estructural de la acuicultura, la mayor exigencia de trazabilidad certificada y la disponibilidad finita de materia prima. El análisis fue publicado por el medio especializado Pescare.com el 26 de enero de 2026 y expone cómo los subproductos de la industria pesquera dejaron de ser un residuo para convertirse en un insumo estratégico dentro de la cadena global de proteínas.
Según el informe, el mercado se ordena hoy en torno a tres ejes: expansión productiva de la acuicultura, uso técnico de ingredientes marinos en alimentos balanceados y restricciones en la oferta de materias primas auditables. Ese escenario explica la segmentación creciente entre harinas estándar y aquellas con atributos diferenciales vinculados a certificaciones internacionales.
Datos de la FAO citados en la publicación indican que en 2022 la acuicultura superó por primera vez a la pesca de captura en la producción mundial de animales acuáticos —sin incluir algas— con 94,4 millones de toneladas, equivalentes al 51% del total. Del volumen global, el 89% se destinó al consumo humano directo y el resto a usos no alimentarios, principalmente harina y aceite de pescado. En paralelo, el consumo total de harina por parte de la acuicultura pasó de 3,2 millones de toneladas hace dos décadas a 4,1 millones, aunque con menor porcentaje de inclusión en dietas.
La publicación destaca que, pese a la reducción en la proporción de uso dentro de los balanceados, la harina y el aceite mantienen un rol funcional clave por su densidad nutricional, digestibilidad y aporte de palatabilidad en etapas críticas del crecimiento.
El otro factor determinante es la materia prima. De acuerdo con datos de IFFO citados por el medio, cerca del 42% de la producción mundial de ingredientes marinos proviene de subproductos del procesamiento para consumo humano —cabezas, vísceras, espinas y recortes—, lo que vincula directamente la oferta a la dinámica industrial. El volumen disponible depende del nivel de procesamiento y de la capacidad logística para recuperar y conservar esos residuos.
En la Argentina, este fenómeno se expresa en una fuerte demanda por harina certificada basada en subproductos, cuya disponibilidad está atada a un flujo industrial específico. En ese contexto, Mar del Plata concentra el principal polo de reprocesamiento del litoral marítimo argentino, integrando captura, manufactura y rendering —proceso de cocción, separación y secado para obtener harina y aceite— en un circuito continuo.
El diferencial del puerto bonaerense radica en su capacidad instalada, continuidad operativa y certificaciones internacionales que verifican que la materia prima proviene de desechos y no de pescado entero. En otros puertos, la ausencia de un sistema equivalente deriva en la pérdida de valor económico y en problemas ambientales asociados a la disposición de residuos orgánicos.
El informe señala que la certificación se transformó en un atributo comercial determinante. Programas como MarinTrust auditan fábricas y fuentes de abastecimiento para asegurar trazabilidad, legalidad y cumplimiento de estándares. En octubre de 2025, durante un taller realizado en Tokio, el CEO de MarinTrust, Francisco Aldon, afirmó que “los subproductos pueden representar hasta el 70% del pescado fresco” y subrayó la complejidad de gestionar su recuperación con garantías de origen.
En ese encuentro participaron representantes de Seafood Legacy, Maz Industrial, ASC Japón y Skretting, quienes coincidieron en que la trazabilidad y la equivalencia de estándares respecto del pescado entero son condiciones esenciales para el abastecimiento. Según datos mencionados en el evento, el uso de subproductos en ingredientes para acuicultura creció 40% en los últimos años.
Desde la óptica de la demanda, las exigencias incluyen garantías frente a pesca ilegal, protección de especies amenazadas y estándares sociales y ambientales auditables. La presión regulatoria y comercial eleva costos de segregación, control y auditoría, lo que se refleja en precios más altos para harinas con atributos certificados.
El análisis publicado por Pescare.com concluye que la harina certificada basada en subproductos dejó de ser un derivado residual para consolidarse como un insumo premium dentro de un mercado que valora credenciales verificables y continuidad de suministro. La combinación de expansión acuícola, restricción de oferta y mayores estándares documentales genera una competencia creciente por materia prima con trazabilidad.
En este escenario, la dinámica de precios responde menos a la lógica tradicional de commodity y más a la escasez relativa de harina con atributos diferenciados. La convergencia entre demanda estructural y límites físicos de abastecimiento configura un mercado en el que los subproductos se posicionan como eje de sostenibilidad y rentabilidad industrial.