Los líderes de los 27 países de la Unión Europea se reunirán este jueves en el castillo de Alden Biesen, en Bélgica, para definir una estrategia que permita reforzar la competitividad del bloque frente a la presión económica y geopolítica de Estados Unidos, China y Rusia, en un contexto de creciente fragmentación interna y menor dinamismo relativo. La cumbre, convocada en medio de una economía europea que avanza por detrás de otras potencias, buscará consensuar reformas estructurales y medidas de integración que eviten la pérdida de peso del continente en la nueva economía global.
El encuentro tiene como referencia un informe estratégico elaborado hace 18 meses que plantea cambios profundos en el funcionamiento económico del bloque. Ese documento, impulsado por el ex presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, sostiene que la UE necesita acelerar su integración, simplificar su regulación y fortalecer su capacidad industrial para sostener su competitividad.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, marcó el tono del debate al advertir sobre la urgencia del momento. “La urgencia no podría ser mayor. Estamos luchando por un lugar en la nueva economía global”, afirmó ante líderes industriales, en declaraciones previas a la cumbre. Sus palabras reflejan la preocupación creciente en Bruselas por el avance de los subsidios industriales en Estados Unidos y la política de expansión comercial y tecnológica de China.
Uno de los ejes centrales de la discusión será la estrategia de “comprar europeo”, que busca priorizar a empresas del bloque en las compras públicas y en sectores considerados estratégicos. La iniciativa forma parte de un paquete más amplio destinado a reforzar la autonomía económica del continente.
Von der Leyen adelantó que el Ejecutivo comunitario presentará este mes una ley de preferencia europea que incluirá exigencias específicas de contenido comunitario. “Introduciremos requisitos específicos de contenido de la UE para sectores estratégicos”, señaló. Y agregó: “Dirijamos más dinero europeo hacia nuestras industrias europeas”.
Sin embargo, la propuesta genera resistencias. Países como Suecia y Países Bajos, firmes defensores del libre comercio, temen que la medida derive en prácticas proteccionistas que afecten la competitividad y compliquen las relaciones comerciales con terceros socios. En esa línea, el canciller alemán Friedrich Merz sostuvo que este tipo de política debería utilizarse solo como “último recurso”.
La discusión refleja una tensión estructural dentro del bloque: mientras algunas capitales promueven una mayor intervención estatal para proteger sectores estratégicos, otras sostienen que la fortaleza europea reside en la apertura comercial y en el respeto a las reglas multilaterales.

Además de la política industrial, los mandatarios abordarán la necesidad de profundizar el mercado único, considerado por Bruselas como la herramienta más potente para enfrentar la competencia global. La fragmentación normativa y financiera entre los Estados miembros es vista como uno de los principales obstáculos para el crecimiento.
En ese sentido, la Comisión impulsa la creación del llamado “régimen 28”, un nuevo marco legal que permitiría a las empresas operar bajo un sistema jurídico común a nivel europeo, al margen de las normativas nacionales. El objetivo es reducir trabas administrativas y facilitar la expansión corporativa en los distintos mercados del bloque.
La propuesta apunta a resolver una paradoja recurrente: pese a albergar algunas de las economías más grandes del mundo, como Alemania y Francia, muchas compañías europeas enfrentan dificultades para financiar su crecimiento en comparación con sus competidoras estadounidenses. La fragmentación de los mercados de capitales limita el acceso a financiamiento y reduce la escala de inversión.
Tras la intervención de Draghi, también se espera la participación del ex primer ministro italiano Enrico Letta, quien ha defendido una mayor integración económica, incluida la creación de una unión de ahorro e inversión. Su planteo busca canalizar el elevado nivel de ahorro europeo hacia proyectos productivos dentro del bloque, fortaleciendo el desarrollo tecnológico e industrial.

Otro punto crítico será el de los precios de la energía, un factor que ha impactado con fuerza en la competitividad europea tras la guerra en Ucrania y la reconfiguración del mercado energético continental. Diplomáticos anticiparon que la energía y la preferencia por productos europeos dominarán las conversaciones.
El presidente francés, Emmanuel Macron, instó a actuar “a una nueva escala y a una nueva velocidad” para evitar lo que describió como una posible “fragmentación, el debilitamiento y probablemente la humillación de Europa”. Macron volvió a defender la emisión de deuda conjunta europea como herramienta para financiar inversiones estratégicas, una propuesta que divide a los Estados miembros.
La emisión de deuda común ya fue utilizada durante la pandemia de COVID-19 para financiar el fondo de recuperación. Sin embargo, su ampliación permanente genera reparos en países fiscalmente más conservadores, que temen mutualizar riesgos financieros.
El trasfondo de la cumbre es un escenario internacional marcado por políticas industriales agresivas. En Estados Unidos, los paquetes de subsidios para energías limpias y manufactura avanzada han atraído inversiones que antes se dirigían a Europa. China, por su parte, continúa expandiendo su capacidad productiva y tecnológica, consolidando su presencia en sectores clave como baterías, vehículos eléctricos y energías renovables.
Frente a este panorama, la UE intenta equilibrar su tradicional apertura comercial con una estrategia de mayor autonomía estratégica. El desafío consiste en reforzar su base industrial sin erosionar los principios que han sustentado su integración durante décadas.
La reunión en Bélgica no prevé decisiones finales inmediatas, pero busca trazar una hoja de ruta compartida. La capacidad del bloque para superar sus divisiones internas y avanzar en reformas estructurales será determinante para definir su lugar en la economía global en los próximos años, según publicó Infobae.