La Oficina de Asuntos Presupuestarios del Congreso (CBO) advirtió este miércoles en Washington que el déficit federal y la deuda pública de Estados Unidos crecerán de manera sostenida durante la próxima década y alcanzarán niveles récord hacia 2035. El organismo proyectó que la deuda en manos del público pasará del 101% al 120% del Producto Interno Bruto (PIB), impulsada por el aumento del gasto en programas sociales, mayores pagos de intereses y el impacto de recientes decisiones legislativas. El informe resulta relevante porque traza el escenario fiscal de la mayor economía del mundo en un contexto de tensiones políticas y electorales.
La actualización de las proyecciones muestra un panorama más deteriorado que el estimado hace un año. La CBO incorporó en sus cálculos los cambios en impuestos y gastos aprobados por el Congreso, el efecto de la suba de aranceles y el endurecimiento de las políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump.
Según el nuevo escenario fiscal, el déficit previsto para 2026 será unos 100.000 millones de dólares superior al cálculo anterior. En el acumulado entre 2026 y 2035, los déficits sumarán 1,4 billones de dólares adicionales respecto de lo proyectado el año pasado.
El principal motor del deterioro es el crecimiento automático del gasto en Seguro Social y Medicare, programas que aumentan a medida que envejece la población. A eso se suma el incremento en los pagos por intereses de la deuda, que absorben una porción cada vez mayor del presupuesto federal.
A medida que el stock de deuda se expande y las tasas de interés se mantienen elevadas, el Tesoro debe destinar más recursos al servicio de esa deuda. Ese fenómeno reduce el margen disponible para financiar áreas como infraestructura, transporte y educación, consideradas estratégicas para el crecimiento económico de largo plazo.
Jonathan Burks, vicepresidente ejecutivo de política económica y de salud en el Bipartisan Policy Center, sostuvo que “los grandes déficits no tienen precedentes para una economía en crecimiento y en tiempos de paz”. También planteó la necesidad de adoptar medidas correctivas cuanto antes: “El Congreso y el gobierno deberían aprovechar la oportunidad de actuar ahora, antes de que las opciones disponibles se reduzcan”.

La CBO señaló que el aumento de los aranceles generará ingresos adicionales por alrededor de 3 billones de dólares en la próxima década, lo que compensará parcialmente el deterioro fiscal. Sin embargo, advirtió que esta política también tendrá efectos sobre los precios.
El organismo proyecta que los aranceles ejercerán presión al alza sobre la inflación entre 2026 y 2029, y que el índice de precios no regresará al objetivo del 2% fijado por la Reserva Federal hasta 2030. Este escenario implica que el costo del financiamiento podría mantenerse elevado durante varios años, lo que agravaría la carga de intereses sobre el presupuesto.
En los últimos años, el Congreso ha administrado el aumento de la deuda mediante topes temporales de gasto, suspensiones del límite legal de endeudamiento y medidas extraordinarias cuando se alcanzó el techo de la deuda. No obstante, estas herramientas coexistieron con la aprobación de nuevos programas de gasto y modificaciones tributarias de gran escala, lo que sostuvo niveles elevados de déficit estructural.
En el inicio de su segundo mandato, Donald Trump creó el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) con el objetivo de equilibrar el presupuesto mediante recortes estimados en 2 billones de dólares por despilfarro, fraude y abuso. Sin embargo, analistas presupuestarios calculan que los ahorros obtenidos hasta ahora oscilan entre 1.400 millones y 7.000 millones de dólares, principalmente por reducciones de personal, cifras muy por debajo de la meta anunciada.
Michael Peterson, director ejecutivo de la Peterson Foundation, describió el informe como “una advertencia urgente para nuestros líderes sobre el costoso rumbo fiscal de Estados Unidos”. Además, vinculó la cuestión fiscal con el clima político. “En este año electoral, los votantes entienden la conexión entre el aumento de la deuda y su situación económica personal. Y los mercados financieros están observando. Estabilizar nuestra deuda es una parte esencial de mejorar la economía y debe ser un componente central de las campañas en el 2026”, afirmó.
La proyección de una deuda pública equivalente al 120% del PIB en 2035 no implica un riesgo inmediato para la capacidad de pago del país, que mantiene amplio acceso a los mercados y emite la principal moneda de reserva global. Sin embargo, sí expone una tendencia que podría limitar la capacidad del gobierno federal para responder a futuras crisis económicas o financieras.
El debate sobre cómo contener el crecimiento del gasto, reformar el sistema tributario y estabilizar la deuda sin afectar la recuperación económica se perfila así como uno de los ejes centrales de la agenda política en Washington durante los próximos años, en un escenario que —según analizó Infobae— combina presión fiscal creciente, incertidumbre electoral y la atenta mirada de los mercados financieros.