La historia de Sinteplast comenzó hace 67 años en un garaje de Lomas del Mirador, partido de La Matanza. Allí, Raúl Rodríguez y su esposa Amelia pusieron en marcha un pequeño emprendimiento que con el tiempo se transformaría en una compañía con 1600 empleados y más de 7500 productos en su portafolio.
Según reconstruyó el diario La Nación en una nota firmada por Sofía Diamante, el origen del proyecto estuvo más ligado a la necesidad que a una planificación estratégica. Rodríguez, hijo de inmigrantes españoles, había probado distintos oficios antes de vincularse con el mundo de la pintura. Su paso por un taller de chapa y pintura marcó el punto de partida de una actividad que luego se convertiría en el eje del negocio familiar.
Desde sus primeros años, la empresa se enfocó en pinturas industriales. La línea decorativa para el hogar se incorporó más adelante, impulsada por la demanda de los propios clientes. Con la llegada de la segunda generación, el emprendimiento comenzó a estructurarse con mayor formalidad. El hijo del fundador, ingeniero químico, se sumó cuando la compañía tenía apenas tres personas y aportó una visión técnica que permitió ampliar y sistematizar la oferta.

A lo largo de su desarrollo, la empresa atravesó distintos hitos que consolidaron su posición en el mercado. Uno de los más relevantes fue el lanzamiento de Recuplast, un impermeabilizante que se convirtió en su producto más reconocido. Diseñado para frentes y techos, el producto logró posicionarse por su desempeño en condiciones climáticas adversas, lo que facilitó la expansión de la línea decorativa.
Otro momento clave llegó a comienzos de los años 90 con la implementación del sistema de color en los puntos de venta. La posibilidad de ofrecer una amplia variedad de tonos transformó la dinámica comercial del sector, redujo el stock necesario en las pinturerías y amplió las opciones disponibles para el consumidor final. La compañía fue una de las pioneras en adoptar este sistema en el mercado local.
La internacionalización fue una respuesta estratégica frente a la volatilidad macroeconómica argentina. A fines de los años 80 comenzaron las exportaciones hacia Uruguay y Bolivia. En 2001, el propio fundador se radicó en Bolivia, donde impulsó la profesionalización de las operaciones y el crecimiento del negocio hasta 2016.
Hoy, la firma opera en Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Brasil. En total cuenta con 13 plantas industriales: siete en territorio argentino y seis en el exterior. En Brasil concentra tres unidades productivas ubicadas en Río de Janeiro, San Pablo y Curitiba.
El grupo comercializa pinturas decorativas e industriales, productos para repintado automotriz, insumos para la construcción y artículos bajo la marca Penetrit, entre otros segmentos. Sus canales de venta incluyen distribución directa, retail y una red de franquicias denominada Color Shop.
La tercera generación ya ocupa roles directivos y áreas estratégicas. Sol Rodríguez, politóloga y licenciada en Relaciones Internacionales, integra el directorio y está a cargo del área institucional y de comunicación. En la entrevista con La Nación señaló: “La nuestra es una familia empresaria, pero también emprendedora”.
La incorporación de familiares al negocio está regulada por un protocolo establecido en 1997. El documento fija requisitos de formación, experiencia laboral externa y pasantías internas antes de asumir responsabilidades. “Las empresas familiares pueden ser el cielo o el infierno. Para mí siempre fueron algo muy lindo”, afirmó Rodríguez en la misma publicación.
En la actualidad, la compañía avanza con la construcción de una nueva planta de productos para la construcción en la provincia de Buenos Aires, con una inversión estimada en US$12 millones. El proyecto forma parte de una estrategia de expansión de largo plazo que también apunta a consolidar su presencia en el mercado brasileño.
La empresa sostiene que su capacidad de adaptación fue determinante para atravesar décadas de crisis económicas. “La versatilidad y la lectura rápida del contexto son un activo en la Argentina”, señaló Rodríguez.

Raúl Rodríguez falleció en 2018, pero su impronta continúa en la conducción del grupo. La cuarta generación comenzó a integrarse de manera progresiva, mientras la compañía mantiene su estructura como empresa familiar con presencia regional.
A casi siete décadas de su fundación, el recorrido de Sinteplast refleja el desarrollo de un emprendimiento que logró crecer desde un esquema artesanal hasta una estructura industrial diversificada, apoyada en la continuidad generacional y en una estrategia orientada tanto al mercado local como al regional.