La economista Marina Dal Poggetto puso en duda la capacidad de la economía argentina para sostener un proceso de crecimiento en el mediano plazo al comparar el programa económico del gobierno de Javier Milei con las políticas de estabilización de la década del 90. El análisis fue realizado durante una entrevista en un programa periodístico, donde también se refirió a su libro Back to the 90, centrado en el menemismo y sus paralelismos con la coyuntura actual, según informó Infobae.
Dal Poggetto explicó que el disparador del libro fue la reivindicación explícita del expresidente Carlos Menem por parte del actual mandatario y señaló que el debate sobre aquellas reformas vuelve a ocupar un lugar central en la agenda económica. Sin embargo, aclaró que el contexto internacional y local presenta diferencias significativas respecto de los 90.
Recordó que Menem asumió en 1989 en medio de una crisis extrema, con una inflación mensual cercana al 200%, y en un escenario global marcado por la caída del Muro de Berlín y el avance de la globalización. “Era un mundo unipolar, con un manual claro para las economías emergentes”, afirmó, en referencia al consenso de Washington, basado en apertura comercial, disciplina fiscal y reformas estructurales.
En contraste, sostuvo que el escenario actual es de mayor fragmentación global, con retrocesos en la globalización y una tendencia creciente al proteccionismo. En ese marco, cuestionó la viabilidad de aplicar esquemas similares sin considerar las nuevas condiciones externas.
Al analizar la convertibilidad, Dal Poggetto reconoció que fue “muy exitosa en estabilizar y salir de la hiperinflación” y que permitió un aumento de la productividad. No obstante, advirtió que ese proceso tuvo como contracara un fuerte incremento del desempleo y que, tras las crisis internacionales de fines de los 90, el crecimiento dejó de compensar la destrucción de empleo.
La economista planteó además uno de los interrogantes centrales del debate actual: la ausencia de un prestamista de última instancia sólido para la Argentina. Recordó que, durante la convertibilidad, el intento de ajuste deflacionario sin respaldo financiero terminó en la crisis de 2001 y alertó que ese riesgo vuelve a aparecer cuando no existe una red de contención clara.

En relación con el presente, señaló que el programa económico logró ordenar algunas variables macroeconómicas, pero dejó pendientes problemas estructurales. “Los flujos están mejor y la nominalidad también, pero el problema de los stocks no se resolvió”, afirmó, al referirse a la situación del Banco Central y a las reservas netas negativas.
Sobre el tipo de cambio y la inflación, explicó que la corrección cambiaria inicial mejoró el tipo de cambio real y que parte de la desaceleración inflacionaria se explica por la baja en los precios de los bienes. Sin embargo, advirtió que la principal preocupación hacia adelante no será la inflación, sino el nivel de actividad económica.
Dal Poggetto también analizó el impacto microeconómico del ajuste y sostuvo que el ordenamiento macro está generando tensiones en sectores productivos y en el empleo. Si bien reconoció el potencial de actividades como la minería, la energía y la economía del conocimiento, dejó abierta la duda sobre su capacidad para absorber el empleo perdido en sectores tradicionales.
Finalmente, remarcó que la falta de previsibilidad y el riesgo de ruptura de contratos dificultan la construcción de planes económicos de largo plazo. Según su diagnóstico, aunque algunos indicadores muestran mejoras, la economía argentina enfrenta el desafío de transformar la estabilización en un crecimiento sostenido en un contexto político y global complejo.