En plena cosecha y en un contexto de menor oferta, daños por granizo, mayor presión de plagas y problemas sanitarios en los montes, productores y empresas del sector frutícola enfrentan una decisión clave: qué tipo de manzana conviene guardar en cámaras frigoríficas para vender a partir del segundo semestre y no perder rentabilidad. La definición es relevante porque, en un mercado exigente y con competencia regional, almacenar fruta con defectos puede traducirse en descartes, caída de precios y pérdida de imagen comercial.
Las tormentas de granizo registradas en distintas zonas productivas afectaron entre 6.000 y 8.000 hectáreas, según estimaciones privadas aún sin cifras definitivas. El impacto no fue aislado y se repitió en áreas centrales del valle productivo, lo que redujo el volumen de fruta apta para exportación o guarda prolongada.

A este escenario se suman montes semiabandonados o con manejo sanitario deficiente. La falta de cobertura adecuada frente a la radiación derivó en altos niveles de “asoleado”, un daño que compromete la apariencia y la vida útil del fruto. También se registró una presión mayor de carpocapsa respecto de campañas anteriores, con efectos directos sobre la sanidad general.
En paralelo, operadores del sector advierten que en mercados como Brasil la oferta presenta mejor condición sanitaria y calidad comercial. “Allá hay más fruta y de mejor calidad; acá, menos fruta y de peor calidad”, resumen fuentes del negocio. La comparación no es menor en un escenario en el que el consumidor rechaza defectos visibles y ajusta su compra ante precios elevados.
La expectativa de menor disponibilidad y los antecedentes recientes de subas en el valor de la fruta almacenada alentaron la idea de conservar la mayor cantidad posible de manzana en frío. Sin embargo, especialistas alertan que esa estrategia puede resultar contraproducente.
“La fruta buena va a valer; la fruta mala, no”, sintetizan desde el sector. En góndola, la respuesta es directa: ante golpes, manchas o signos de plaga, el consumidor no compra. El resultado es mayor descarte y deterioro de la categoría.
Una reducción moderada de la oferta no garantiza aumentos sostenidos de precio. Si la calidad no acompaña, el mercado puede abastecerse con fruta importada, principalmente de Chile, o incrementar compras a Brasil, como ocurrió en otras campañas. También existe la posibilidad de sustitución hacia otras frutas de consumo masivo, como la banana.
La recomendación es priorizar calidad por sobre volumen. La fruta destinada a guarda prolongada debe cumplir condiciones estrictas para sostener atributos comerciales tras varios meses en cámara.
Entre los criterios centrales figuran:
Además de la selección, el manejo poscosecha es determinante. El ingreso rápido a frío ayuda a conservar firmeza y condición. Tecnologías como el 1-MCP (1-metilciclopropeno) permiten retrasar la maduración y extender la vida útil, siempre dentro de un esquema adecuado de cadena de frío.
Los técnicos insisten en que la calidad se define en el monte. “Más que cómo guardar bien, es cómo cosechar bien”, señalan. En lotes afectados por granizo resulta complejo evitar que fruta dañada ingrese al circuito comercial. Si los controles en campo y empaque no son rigurosos, partidas de mejor condición pueden mezclarse con fruta defectuosa.

El llamado es a extremar la clasificación, incluso si eso implica mayores descartes iniciales. La apuesta apunta a sostener precios y reputación en un mercado competitivo.
El panorama para esta campaña combina menor volumen y calidad dispar. En ese contexto, la decisión de qué manzana conservar en frío puede definir la rentabilidad del segundo semestre. El sector coincide en un punto: la escasez por sí sola no garantiza buenos resultados. En la fruticultura, el mercado continúa premiando la calidad.