Luciano Barosio tenía 45 años cuando decidió cambiar de rumbo. Después de 12 años como tripulante de cabina en LAN, donde llegó a ser jefe de vuelo, renunció, vendió su casa e invirtió sus ahorros en un proyecto sin antecedentes familiares en el rubro: crear una marca de helado artesanal que compitiera con las principales heladerías del país. En 2022 abrió el primer local de Schock.BA en Acassuso. Cuatro años después, la empresa cuenta con siete sucursales entre la zona norte bonaerense, la Ciudad de Buenos Aires y un punto en Michigan, Estados Unidos, y proyecta nuevas aperturas para este año.
La historia fue publicada por Clarín y reconstruye el recorrido de un emprendedor que decidió dejar una carrera consolidada en la aviación para apostar a la gastronomía. Barosio había construido su trayectoria en el sector aeronáutico con formación permanente en atención al cliente y protocolos de servicio. “Cada seis meses nos daban cursos de atención al público, desde cómo estar parados hasta cómo mover las manos. Todo eso lo capitalicé”, afirmó.

El proyecto nació tras una propuesta para adquirir una franquicia de una marca ya instalada. Barosio rechazó esa alternativa y optó por desarrollar una identidad propia. Para hacerlo, contrató como asesor externo al maestro heladero Ariel Segesser. Durante un año y medio trabajaron en la definición del producto, la selección de maquinaria y la construcción de un estilo diferencial: un helado menos dulce, con materias primas seleccionadas y procesos completamente artesanales.
El primer local abrió en Acassuso, en una zona con fuerte presencia de heladerías reconocidas. La ubicación, lejos de desalentar, formó parte de la estrategia. El empresario sostuvo que la competencia directa obligaba a ofrecer un producto de alta calidad y un servicio distintivo.

La pandemia de 2020 alteró los planes iniciales. Con el salón cerrado, el equipo se volcó al reparto a domicilio. Durante meses, Barosio realizó entregas personalmente. “Me dio la posibilidad de presentarme ante cada cliente que le llevaba el helado, de decirle quiénes éramos y contarle las virtudes de nuestro producto”, señaló. Esa etapa, según explicó, consolidó el vínculo con los primeros consumidores.
En 2021 se incorporaron nuevos socios y el emprendimiento adoptó una estructura más empresarial. A partir de entonces comenzó la expansión: Benavídez, el corredor Bancalari en Nordelta, Pilar, Punta Chica y Vicente López. El salto internacional llegó con la apertura en Birmingham, Michigan, impulsada por un empresario argentino radicado en Estados Unidos que propuso llevar la marca a ese mercado.

El desembarco demandó casi dos años de capacitación y adaptación para garantizar que el producto mantuviera los mismos estándares que en Argentina. Según la empresa, el helado que se vende en Estados Unidos replica la receta y los procesos originales.
Para 2026, Schock.BA prevé nuevas aperturas en Aeroparque, Belgrano, Caballito, Palermo Hollywood, Chacarita y Pilar del Este. Además, mantiene negociaciones para expandirse a otros puntos de Estados Unidos, Chile, España y Uruguay.

La propuesta comercial incluye 36 sabores, entre clásicos y de autor. Entre los más vendidos figuran el “Sambaschock”, un sambayón con almendras caramelizadas; el “dulce de leche de ensueño”, con almendras tostadas y chocolate blanco; y opciones estacionales como el manacuyá. La elaboración es íntegramente artesanal, con frutas frescas y producción propia de ingredientes como merengue italiano y frutos secos caramelizados.
El kilo de helado cuesta $26.500; el medio kilo, $16.500; y el cuarto, $9.900. También ofrecen presentaciones individuales y productos de pastelería y chocolatería.

Barosio define la marca como un proyecto con identidad nacional. “Somos una marca que quiere ser embajadora de Argentina en el mundo”, afirmó. El objetivo, según explicó, es posicionar al helado argentino como referencia internacional, apoyado en calidad, servicio y expansión sostenida.