La industria de la cereza en Chile enfrenta un nuevo cierre de campaña con resultados negativos en la temporada 2025/26, marcada por precios más bajos en China, mayor presión de oferta y costos que no ceden. El diagnóstico, expuesto por el asesor y especialista Jorge Astudillo en diálogo con Más Producción (+P), advierte que el sector podría terminar incluso por debajo del ciclo anterior, que ya había sido considerado uno de los más complejos de los últimos años.
“Siendo realista, vamos a estar por debajo de lo que fue la temporada pasada, que ya fue mala”, afirmó Astudillo, al describir un escenario de menor retorno promedio por caja exportada en el principal mercado de destino.
China concentra más del 85% de los envíos de cereza chilena, especialmente en la ventana previa al Año Nuevo Chino, cuando la fruta se posiciona como regalo premium. Sin embargo, en esta campaña los valores de venta no lograron superar en ningún momento los registros del año anterior. “Si hacemos un comparativo semana a semana, en ningún momento hemos estado por sobre lo que fue el año pasado”, explicó.

El leve repunte observado en las semanas previas a la festividad respondió a la necesidad de abastecimiento anticipado por parte de los distribuidores. “El distribuidor chino tiene que estoquearse con anticipación. El precio empezó a levantar la semana anterior justamente porque hay que preparar todo el volumen que se vende en esos días. Ese debiese ser el techo del precio”, advirtió. Tras esa ventana, el mercado tiende a enfriarse.
Uno de los factores que condicionó la temporada fue el fuerte incremento de fruta temprana. En las primeras cuatro semanas de envíos, el volumen prácticamente se multiplicó respecto del año pasado. “Se triplicó, incluso se cuadruplicó la oferta en las primeras semanas. Eso marcó la tendencia de todo lo que vino después”, sostuvo el especialista.
Esa concentración temprana coincidió con un calendario en el que el Año Nuevo Chino se celebró más tarde que en otros ciclos. El resultado fue una acumulación de fruta en destino antes del pico de consumo, lo que obligó a extender tiempos de almacenamiento y logística.
El mayor tiempo de tránsito y espera impacta en atributos clave como firmeza, crocancia y color, variables determinantes en la preferencia del consumidor asiático. Además, el mercado elevó las exigencias de calibre. “Llegó un momento en que empezaron a exigir prácticamente desde 2J hacia arriba. Y naturalmente es muy difícil que la distribución de calibres sea mayoritariamente en esos tamaños”, explicó Astudillo.

Alcanzar calibres grandes requiere raleos intensivos y ajustes agronómicos que pueden afectar el dulzor o la textura. “Por un lado se consigue calibre, pero cuesta tomar azúcar o mantener firmeza. O si se busca fruta muy temprana, los sistemas que se utilizan pueden ir en desmedro de la calidad”, señaló.
Mientras los precios promedio retroceden, la estructura de costos se mantiene. “No hemos bajado costos significativamente. Ni en campo, ni en procesos, ni en fletes. Todo sigue teniendo valores similares a campañas anteriores”, indicó Astudillo. La mano de obra, los insumos agrícolas y la logística internacional continúan en niveles elevados.
Con precios iguales o inferiores a los del año pasado y costos estables, el margen se reduce al mínimo. “Antes se podía compensar un cuadro menos rentable con otro más productivo. El negocio en general era tan bueno que equilibraba. Desde la pasada temporada que ya no da para eso”, afirmó.
Chile cuenta con cerca de 80.000 hectáreas plantadas de cereza, muchas aún en proceso de plena producción. El crecimiento acelerado de la última década ahora enfrenta el límite que impone la demanda. Según el especialista, el ajuste ya comenzó y podría profundizarse. “El año pasado varias empresas medianas y chicas quedaron fuera. Este año va a ser mayor”, anticipó.
En el país no existe un organismo que regule superficie o producción. El ordenamiento se produce vía mercado. “En nuestra realidad el mercado ajusta. La eficiencia de los campos y la gestión interna van a definir quién sigue y quién no”, explicó.

El auge de la cereza chilena en Asia marcó años de rentabilidad extraordinaria. El crecimiento de la clase media china y el posicionamiento del producto como símbolo de prosperidad impulsaron la expansión de superficie y exportaciones. Sin embargo, el escenario actual muestra una demanda más cautelosa y un mercado menos eufórico.
“Se asocia una baja en el interés, probablemente por menor poder adquisitivo o por la pérdida de novedad”, reflexionó Astudillo.
El desafío ahora pasa por elevar productividad, revisar variedades, optimizar manejo y ajustar costos en cada eslabón. “Quien maneja costos, quien logra buena calidad y una producción estable va a continuar en el mercado”, sostuvo.
La temporada 2025/26 se perfila como un punto de inflexión para la cereza chilena. La fase de expansión acelerada quedó atrás y el sector ingresa en una etapa donde la eficiencia técnica y financiera será determinante. El interrogante ya no es si habrá ajuste, sino cuán profundo será y qué empresas lograrán adaptarse al nuevo equilibrio.
